
La historia de España ha sido profusamente estudiada, discutida y reinterpretada. A veces se han subrayado sus logros; otras, sus fracasos y sus vicios. En los últimos tiempos, incluso la propia idea de verdad histórica parece haberse vuelto más resbaladiza, sometida a la sospecha, a la revisión constante y, en no pocas ocasiones, a la manipulación interesada. Pero hay hechos que, por mucho que se cuestionen, resultan difíciles de negar sin caer en una forma de ceguera deliberada: España fue un imperio global, probablemente el primero con ese alcance y esas características; durante siglos fue una potencia de primer orden; sus aportaciones al desarrollo político, cultural y artístico del mundo son esenciales; y su legado incluye a algunos de los nombres más altos de la cultura universal. Negar todo ello no supone una lectura alternativa del pasado, sino una impugnación de la evidencia.
Ahora bien, la historia no la hacen solo los grandes nombres. La inmensa mayoría de los logros de una nación nacen del trabajo silencioso de generaciones enteras, de sociedades complejas, de millares de hombres y mujeres cuyo nombre se pierde en el tiempo. Y, sin embargo, junto a esa dimensión coral hay figuras que sobresalen. No porque actúen al margen de su época, sino porque logran condensarla, orientarla o simbolizarla. Son personajes ejemplares no en un sentido hagiográfico o moralizante, sino porque encarnan posibilidades históricas, tensiones colectivas o impulsos de renovación que dejan huella. Nunca sabremos con certeza qué habría ocurrido sin ellos; lo que sí podemos estudiar es la influencia que ejercieron sobre sus contemporáneos y la manera en que contribuyeron, de forma consciente o incluso involuntaria, a la grandeza de su país.
De eso trata precisamente Vidas españolas: Razón biográfica de España (siglos XVI-XX). Como toda selección, podrá discutirse la presencia o ausencia de determinados nombres; también podrá alegarse que algunas semblanzas son apenas esbozos, apuntes rápidos a los que les falta mayor desarrollo. Pero eso no es lo más importante. Lo esencial es el viaje propuesto por Ricardo García Cárcel y Juan Pablo Fusi: un recorrido por una cincuentena de figuras que, desde ámbitos muy distintos, contribuyeron a levantar los cimientos de lo que hoy llamamos España. Soldados, teólogos, escritores, artistas, reyes, reformistas, científícos, educadores, políticos o pensadores: todos ellos, cada uno a su manera, representan una cierta idea de grandeza nacional, una grandeza compleja, contradictoria y plural.
El libro se articula en dos grandes partes, una dedicada a la historia moderna y otra a la contemporánea, pero en realidad su lógica interna va más allá de una mera división cronológica. En la parte moderna, a cargo de Ricardo García Cárcel, el lector asiste a una galería particularmente rica y variada de personajes que recorren los grandes problemas de la España imperial y barroca: la tolerancia y la represión, el humanismo femenino, la escuela de Salamanca, la conquista americana, la crisis religiosa, la leyenda negra, la cultura del Siglo de Oro, la cuestión catalana o la Ilustración. Lo notable es que estos retratos no se limitan a resumir vidas individuales, sino que insertan siempre a cada personaje en su contexto, en su red de relaciones, en su tiempo histórico. Hernando de Talavera no es solo Talavera, sino la tensión entre persuasión y represión en la España de los Reyes Católicos; Beatriz Galindo no es solo una mujer sabia, sino un eslabón en la historia del humanismo femenino; Vitoria no es solo un teólogo, sino el arranque de toda una tradición de pensamiento moral, jurídico y político de alcance universal.
Ese mismo procedimiento continúa en la segunda parte, a cargo de Juan Pablo Fusi, donde la contemporaneidad española aparece desplegada a través de un conjunto de figuras que permiten leer los grandes debates de los siglos XIX y XX: liberalismo, regeneracionismo, educación, nacionalismos, cuestión social, cultura de masas, feminismo, modernidad estética o europeísmo. Lo interesante es que el libro no se limita a reunir nombres consagrados; los hace dialogar entre sí, los conecta en secuencias significativas, los convierte en estaciones de una misma travesía histórica. Argüelles y Blanco White permiten leer el primer constitucionalismo; Concepción Arenal y María de Maeztu abren un hilo de reforma moral y educativa; Cánovas, Costa y Ortega ayudan a entender distintas respuestas al problema de España; Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal y la generación del 98 muestran modos diferentes de pensar la tradición; Picasso, Falla o d’Ors revelan que la cultura no fue un adorno, sino uno de los campos esenciales de definición nacional. El personaje no aparece aislado, sino como nodo de una trama más amplia.
Ese es, seguramente, uno de los mayores aciertos del volumen. Estas cincuenta y una vidas no buscan construir un santoral laico ni una mitología complaciente, sino ofrecer una “galería coral y diversa” de la ejemplaridad española. El libro se sostiene sobre tres objetivos que lo recorren de principio a fin: superar el reduccionismo habitual del género biográfico en España; insertar a cada figura en el marco histórico y relacional que la hace inteligible; y atender a su proyección posterior, es decir, a cómo cada personaje fue recordado, reinterpretado, celebrado o discutido en la literatura, el cine, el teatro o la memoria pública. De este modo, la ejemplaridad deja de entenderse como perfección moral y pasa a concebirse como una construcción histórica compleja, hecha de consensos y disensos, de admiraciones y rechazos, de trayectorias llenas de ambigüedad. El resultado no es una España simplificada, sino una España más rica y más humana, contada a través de biografías breves que, precisamente por su carácter sintético, obligan a los autores a un ejercicio notable de condensación narrativa e interpretativa.
Vidas españolas es, en definitiva, un libro inteligente y útil. No pretende agotar a sus protagonistas ni cerrar el canon de los nombres decisivos de nuestra historia. Su ambición es otra, y quizá más fecunda: ofrecer un mapa posible de la ejemplaridad española, un recorrido por vidas que ayudan a entender mejor lo que España fue, lo que pensó de sí misma y lo que quiso llegar a ser. La brevedad de las semblanzas, lejos de ser un defecto, funciona como una virtud si se entiende el sentido de la obra: no sustituir a las grandes biografías, sino abrir caminos, sugerir conexiones, despertar curiosidad y proponer una lectura menos fratricida y más integradora del pasado común. Al final, el lector sale del libro con la impresión de haber atravesado varios siglos de historia española no mediante abstracciones o estructuras impersonales, sino a través de rostros, decisiones, obras y destinos concretos. Y acaso esa sea una de las mejores maneras de acercarse a un país: no solo por lo que hizo, sino por quienes lo encarnaron.
Concluimos con esta apelación que hacen los autores al lector: “Cada lector tendrá la última palabra a la hora de valorar a quien considera como su referente modélico a admirar o imitar. Lo que podemos garantizar es que todos los personajes cuya identidad hemos desbrozado aquí en algún momento han podido ser referentes de ejemplaridad con sus consiguientes reconocimientos colectivos”.
Ricardo García Cárcel (Requena, Valencia, 1948) es historiador y ensayista, catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona. Formado en la Universidad de Valencia, donde se doctoró con premio extraordinario, ha dedicado su obra al estudio de la España moderna y la construcción de sus mitos históricos. Miembro del Foro Babel y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, es autor de títulos como El demonio del sur. La leyenda negra de Felipe II (puedes leer su reseña aquí).
Juan Pablo Fusi (San Sebastián, 1945) es doctor por la Universidad de Oxford (1974) y miembro de St Antony’s College, donde dirigió el Iberian Centre. Ha sido catedrático de Historia Contemporánea en las Universidades de Cantabria, el País Vasco y Complutense de Madrid. Director de la Biblioteca Nacional (1986-1990). Dirigió el Instituto Universitario Ortega y Gasset entre 2001 y 2006. Entre otros, ha recibido el Premio Montaigne europeo de ensayo 2001. Es miembro de Jakiunde, Academia de las Ciencias, de las Artes y de las Letras del País Vasco (2012) y de la Real Academia de la Historia (2015). Entre sus obras destacan España, de la dictadura a la democracia (con Raymond Carr, 1979), premio Espejo de España, Un siglo de España. La cultura (2000), La patria lejana (2003), Identidades proscritas (2006), El espejo del tiempo (con Francisco Calvo Serraller, 2009), Historia mínima de España (2012), o El efecto Hitler (2015).
*Publicado por Taurus, febrero 2026.

