El arte de disentir. Intelectuales y herejes en la Edad Media
Emilio Mitre

A lo largo de la historia han existido personajes que escaparon de la ortodoxia dominante, incapaces —o quizá simplemente no deseosos— de ajustarse a los patrones morales, religiosos o intelectuales vigentes en su tiempo. La huida de los senderos trillados los situó frecuentemente en los márgenes de la sociedad, pero también los convirtió, en muchas ocasiones, en motores del cambio histórico. Cuestionaron certezas aparentemente inamovibles y empujaron a comunidades enteras hacia nuevos horizontes intelectuales y espirituales. La sociedad tiende al conformismo, necesita estabilidad, continuidad y consenso y, sin embargo, su progreso suele depender de aquellos que se atreven a pensar de otro modo, incluso a riesgo de pagar un alto precio personal.

En esta categoría de personajes destaca la del hereje, tradicionalmente revestido de una connotación negativa, cuando no sediciosa. Si durante siglos el término evocó ruptura, peligro y amenaza para el orden establecido, la realidad histórica resulta mucho más matizada. El hereje rara vez pretendía destruir la fe que profesaba; más bien aspiraba a corregirla, reformarla o devolverla a lo que consideraba su pureza original. En ese sentido, su figura se aproxima notablemente a la del intelectual: alguien que cuestiona, interpreta y problematiza la realidad heredada. Aunque no todo intelectual desafía necesariamente el orden vigente, muchos compartieron con los herejes una misma suerte trágica: la incomprensión, la persecución o la marginación por adelantarse a su tiempo.

Con El arte de disentir. Intelectuales y herejes en la Edad Media, el profesor Emilio Mitre se adentra precisamente en la zona de contacto entre herejía, pensamiento crítico y disidencia. Lejos de limitarse a una historia de movimientos heterodoxos, el autor explora cómo determinadas personalidades se insertaron dentro de las estructuras medievales y hasta qué punto fueron realmente transgresores, revolucionarios o simplemente mentes especialmente lúcidas incapaces de encajar en su contexto. El concepto de disidencia, clave en el libro, permite replantear la Edad Media no como un periodo de uniformidad intelectual, sino como un espacio de tensiones, debates y búsquedas constantes.

La obra tiene una gran densidad intelectual, construida como está a partir de un conjunto de ensayos, artículos y reflexiones que, en algún caso, ya han sido previamente desarrolladas por el autor a lo largo de décadas de investigación. El resultado no es un relato estrictamente lineal, sino un brillante collage historiográfico en el que distintas perspectivas convergen sobre un mismo problema: la relación entre pensamiento crítico y autoridad en el mundo medieval. Mitre propone una lectura renovadora de la herejía, entendida, más que como desviación doctrinal, como una forma temprana de disidencia intelectual que anticipa debates plenamente contemporáneos.

Así sintetiza su tesis el autor en la introducción del libro: “Personajes medidos en su momento por el común rasero del hereje se han visto favorecidos en el presente por su consideración de miembros de una comunidad —los intelectuales— con aspiraciones a ejercer una cierta libertad de pensamiento. El hereje podría ser asimismo definido como disidente, expresión de tardía aparición y desarrollo pero que se ha hecho un importante hueco en los círculos del medievalismo. Y ¿qué decir del mismo término «herejía»? Aparte de su negativa acepción —«ruptura»—, se le podría asignar la nada hiriente de «escuela filosófica». O ser considerada en distintas ocasiones una pura invención de sus oponentes intelectuales”. Y más adelante añade: “En resumen, y tal y como pretendemos en esta obra, ¿no sería posible presentar al Medievo, a través de sus herejías, como la época de las raíces de lo que hoy en día denominamos «disidencias»? De ahí que nos atrevamos a hablar de un Medievo siempre presente en nuestras vidas”.

La obra consta de veinte capítulos que se agrupan en cuatro partes. Lógicamente, cada capítulo guarda relación con el resto, aunque su temática es heterogénea y su extensión dispar: algunos apenas ocupan tres páginas y otros son más extensos.

La primera parte del libro se centra en definir qué puede entenderse por “intelectual” en el contexto del mundo medieval. Mitre se plantea una pregunta metodológica clave: ¿es legítimo emplear categorías modernas para analizar sociedades premodernas? A través de un amplio recorrido historiográfico, examina la evolución del concepto de intelectual desde el caso Dreyfus hasta Ortega y Gasset, Gramsci o María Zambrano, para después trasladar su análisis al Medievo. Analiza el surgimiento de espacios de saber —escuelas, studia y universidades— y el papel de personas como Abelardo o Dante en cuanto ejemplos de pensamiento crítico en escenarios profundamente religiosos. El intelectual medieval aparece como una figura compleja, situada entre obediencia doctrinal y libertad especulativa.

La segunda parte aborda la historiografía medieval, en su faceta de ejercicio intelectual privilegiado. Mitre muestra cómo escribir historia en la Edad Media implicaba interpretar el pasado desde marcos teológicos y filosóficos específicos, en particular, bajo la influencia del agustinismo. El relato histórico no era neutral: constituía una herramienta para comprender el sentido providencial del tiempo. El tránsito hacia formas más modernas de historiografía, de manera destacada en el Bajo Medievo y en el ámbito italiano, revela una progresiva secularización del pensamiento histórico que culminará en Maquiavelo. La historiografía deviene un laboratorio en el que se ensayan nuevas formas de pensar el poder, la sociedad y la memoria colectiva.

El tercer y cuarto bloque —los más directamente vinculados al núcleo temático del libro— exploran la intelectualidad crítica medieval y los problemas asociados a la herejía. Mitre analiza fenómenos como los goliardos, las tensiones entre cultura clásica y cristianismo, la construcción intelectual del hereje y los debates sobre la reforma religiosa. El autor insiste en que la herejía fue muchas veces una etiqueta construida por los vencedores del debate doctrinal. En este sentido, introduce la noción de disidencia como herramienta interpretativa más amplia y menos cargada de juicio moral. Los heterodoxos aparecen no ya como simples perturbadores del orden, sino como participantes activos en discusiones teológicas, sociales y políticas que anticiparon transformaciones posteriores, desde la Reforma hasta la modernidad intelectual europea.

El arte de disentir invita a reconsiderar nuestra imagen de la Edad Media. Lejos de ser un periodo dominado por la uniformidad ideológica, emerge como un tiempo de debate intenso, de tensiones doctrinales y de búsquedas intelectuales constantes. Emilio Mitre demuestra que los llamados herejes fueron, en muchos casos, pensadores comprometidos con su fe y su tiempo, cuyas discrepancias contribuyeron a ampliar los límites del pensamiento occidental. El libro sugiere, en última instancia, una reflexión de alcance contemporáneo: toda sociedad necesita disidentes para renovarse y muchas de las libertades intelectuales actuales hunden sus raíces en aquellos hombres y mujeres que, siglos atrás, se atrevieron a disentir.

Emilio Mitre Fernández (Valladolid 1941) ha sido profesor de las Universidades de Valladolid, Alcalá de Henares y Complutense de Madrid, en la que se jubiló como Catedrático de Historia Medieval en septiembre de 2007. Autor de una treintena de libros y de numerosos artículos, ha volcado su interés en diversos campos. El dedicado a la Castilla de los primeros Trastámara cuenta con estudios como su temprana tesis Evolución de la nobleza en Castilla bajo Enrique III (1969). En el mundo de las mentalidades y las disidencias religiosas se sitúan trabajos como Desprecio del mundo y alegría de vivir en la Edad Media (2017) (cuya reseña puedes leer aquí) o Morir en la Edad Media. Los hechos y los sentimientos (2019). La docencia universitaria cuenta con su difundido manual Historia de la Edad Media en Occidente (aquí).

*Publicado por Cátedra Ediciones, febrero 2026.