Voces de la Ilustración
Feijoo, Cadalso y Jovellanos

El siglo XVIII español es, quizá como pocos periodos de nuestra historia, un terreno fértil para el debate y la contradicción. Para algunos, fue un siglo excesivamente rígido y conservador, dominado por un neoclasicismo que habría encorsetado la creatividad artística y cultural. Se trataría de una centuria gris en la que apenas brilló nada con luz propia, pese a la etiqueta —tan ambiciosa como equívoca— de Siglo de las Luces. Frente al fulgor del Siglo de Oro, el XVIII aparece como una etapa menor, de transición sin grandeza, incapaz de ofrecer obras comparables en genio y altura a las de las centurias precedentes.

Otros juicios, no menos severos, han cargado contra el siglo XVIII por considerarlo un periodo poco patriótico o incluso antiespañol. La crítica ilustrada a las tradiciones, a la historia nacional y a los mitos fundacionales de la Monarquía Hispánica ha sido leída en ocasiones como una impugnación injusta de las gestas pasadas y como un contrapeso débil —cuando no desleal— al legado del Siglo de Oro.

Sin embargo, más allá de estas percepciones encontradas, el siglo XVIII marca un tránsito decisivo: el paso de la Monarquía Hispánica de los siglos XVI y XVII, con sus grandezas y sus crisis, hacia la España liberal y decimonónica. Es en este siglo cuando comienza a consolidarse un nuevo andamiaje burocrático y funcionarial, una cultura administrativa moderna y una concepción distinta del Estado y de la sociedad, cuyos efectos se prolongarán mucho más allá de 1800.

En este contexto se inscribe Voces de la Ilustración, volumen que reúne una cuidada antología de textos de tres de los principales ilustrados españoles: Benito Jerónimo Feijoo, José de Cadalso y Gaspar Melchor de Jovellanos. Ellos fueron, quizá, quienes mejor supieron diagnosticar los males del país y señalar sus carencias estructurales, aunque casi siempre con escaso éxito práctico. Los ilustrados ocuparon puestos relevantes en la Corte y en la Administración, participaron en juntas, academias e instituciones reformistas, y trataron de remendar los numerosos descosidos de la nación. Sus escritos —generalmente ensayos, memorias y discursos— constituyen un testimonio privilegiado de ese esfuerzo por pensar España desde la razón crítica y el deseo de mejora, aun a sabiendas de los límites impuestos por la realidad política y social del Antiguo Régimen.

Como expone el profesor Joaquín Álvarez Barrientos en el estudio preliminar: «Las páginas que siguen pretenden proporcionar una idea general del periodo ilustrado, de sus limitaciones y realizaciones; ser un marco que sitúe los textos que se editan de tres figuras muy destacadas de aquel siglo. Pero también son una invitación a conocer más y mejor la época y a pensar sobre nuestro tiempo y sobre con qué nos identificamos como sociedad en estos momentos críticos, de enorme malestar con la modernidad, cuando se apela continuamente al sentimiento y a la emoción, en lugar de al dato y al razonamiento, cuando hay una crisis de credibilidad y se desconfía de las instituciones, de la ciencia, de los políticos; cuando prima la arrogancia ignorante sobre el conocimiento y se desprecia la cultura de la precisión».

Como sucede con los mejores volúmenes de la Biblioteca Castro, este incluye, en realidad, dos libros en uno. El primero es el extenso y sólido estudio preliminar a cargo de Joaquín Álvarez Barrientos, que ofrece una disección minuciosa del siglo XVIII español y de la Ilustración como fenómeno histórico, cultural y político. Lejos de visiones simplificadoras, el estudio preliminar subraya la complejidad del periodo: un tiempo de reformas ambiciosas y resultados desiguales, de optimismo racional y de profundos desengaños. Álvarez Barrientos analiza cuestiones clave, como la relación entre cosmopolitismo y nacionalismo, el papel de la crítica histórica, el peso de la educación y de la ciencia, la función de la prensa y de la opinión pública, o la difícil articulación entre tradición y modernidad. El resultado es un marco interpretativo riguroso que permite situar a Feijoo, Cadalso y Jovellanos no como figuras aisladas, sino como parte de un amplio ecosistema intelectual.

El segundo “libro” lo constituyen los textos seleccionados de los tres autores. En el caso de Feijoo, se transcriben fragmentos del Teatro crítico universal y de las Cartas eruditas y curiosas, en los que despliega su combate contra los errores comunes, las supersticiones y los prejuicios heredados. Su defensa del método crítico, de la observación racional y de la utilidad del saber lo convierten en una figura central de la Ilustración española. Cadalso, por su parte, aporta una mirada distinta, más literaria y a menudo más irónica. Textos como Los eruditos a la violeta ponen en evidencia la superficialidad de cierta falsa ilustración y ridiculizan a quienes confunden el barniz cultural con el conocimiento auténtico. Su reflexión sobre el patriotismo, la historia y la identidad nacional revela una tensión constante entre el amor crítico a España y la conciencia de sus limitaciones.

La selección se completa con los escritos de Jovellanos, quizá el ilustrado que encarnó con mayor claridad la aspiración reformista aplicada a la política y a la administración. Sus memorias y discursos sobre educación, espectáculos públicos o la relación entre ciencias y humanidades muestran una concepción integral de la reforma: no basta con corregir abusos concretos, sino que es necesario transformar la formación de los individuos y las bases culturales de la sociedad. Jovellanos representa la vertiente más institucional de la Ilustración, aquella que confió en el Estado como agente de mejora moral y material, aunque acabara chocando con resistencias insalvables y con el fracaso personal y político.

Voces de la Ilustración es, en definitiva, una invitación a releer el siglo XVIII sin prejuicios ni nostalgias paralizantes. El volumen muestra un tiempo de luces y sombras, de diagnósticos certeros y de reformas truncadas, pero también de una extraordinaria densidad intelectual. Al reunir a Feijoo, Cadalso y Jovellanos bajo un sólido estudio introductorio, la Biblioteca Castro ofrece no solo una antología de textos fundamentales, sino una herramienta para pensar el origen de muchos de los debates que aún nos interpelan: la relación entre razón y emoción, entre crítica y patriotismo, entre modernización y tradición. En un momento de crisis de credibilidad y de desprecio por la cultura de la precisión, volver a estas voces ilustradas resulta tan pertinente como necesario.

Joaquín Álvarez Barrientos, doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, es investigador del CSIC yPresidente de Honor de la Sociedad Española de Estudios del siglo XVIII. Centra su investigación en asuntos relacionados con la historia cultural de los siglos XVIII a XX. Es autor o co-editor, entre otras publicaciones, de La novela del siglo XVIII (1991); Se hicieron literatos para ser políticos (2004); Ilustración y Neoclasicismo en las letras españolas (2005); Los hombres de letras en la España del siglo XVIII (2006); La Guerra de la Independencia en la cultura española (2008), Memoria de Hispanismo. Miradas sobre la cultura española (2011); El crimen de la escritura. Una historia de las falsificaciones literarias españolas (2014), Cultura y ciudad. Madrid, del incendio a la maqueta (1701- 1833).

*Publicado por la Biblioteca Castro, noviembre 2025.