Alexander von Humboldt. El anhelo por lo desconocido
Maren Meinhardt

La biografía es un género literario extremadamente versátil y así se ha puesto de manifiesto desde siempre. En la época clásica, por ejemplo, el modo de afrontar las Vidas paralelas de otros tantos personajes griegos y romanos, que caracteriza a Plutarco, poco tiene que ver con la biografía que Tácito dedicó a Cneo Julio Agrícola, el gran general romano y suegro del escritor.

En los países anglosajones, las biografías gozan de un merecido reconocimiento y suelen ser fruto de años de dedicación por parte de sus autores. Algunas son ejemplares y relatan con toda minuciosidad, como si se tratara de un reportaje casi al día, la trayectoria vital del personaje elegido. Otras sirven, más bien, para poner en contexto las vidas de los biografiados y no faltan casos en que constituyen un mero pretexto para describir el ambiente de la época que aquellos vivieron.

La obra de Maren Meinhardt Alexander von Humboldt. El anhelo por lo desconocido* (el título de la edición original inglesa es A Longing for Wide and Unknown Things. The life of Alexander von Humboldt) corresponde a la primera de esas categorías. Meinhardt nos ofrece los muy variados componentes biográficos del científico alemán en los tumultuosos tiempos que le tocó vivir (1769-1859), dibujando un retrato del personaje que encarnó, como pocos, la pasión por la ciencia y por los valores del Romanticismo germano.

Aunque el trabajo de Maren Meinhardt se centra, como es lógico, en la figura de Alexander von Humboldt, inevitablemente el foco de atención se desplaza a algunos de los sucesos que dejaron huella en su existencia, como la Revolución Francesa (Alexander von Humboldt estuvo en París poco después de 1789) o las guerras napoleónicas. Sin embargo, las referencias a esos sucesos no pasan de ser pinceladas auxiliares en un cuadro del que destaca tanto la profundidad vital del biografiado como la polivalencia de sus intereses.

En las páginas del libro podemos encontrarnos con otros grandes personajes de la literatura (Goethe, Schiller, Novalis), de la navegación (Bouganville, Cook, Forster) o de la botánica (Celestino Mutis), a quienes Alexander von Humboldt trató directamente o con cuyos descubrimientos e investigaciones estuvo en contacto. Quizás con la excepción de Goethe, presente en los capítulos de la obra que describen los inicios de la trayectoria personal del biografiado, el resto aparecen como personajes más bien secundarios frente al predominio escénico del protagonista.

El trabajo de Meinhardt nos describe, con una cierta admiración, a un Alexander von Humboldt verdaderamente apasionado por la naturaleza, cuyos centros de atención científicos (la minería, inicialmente, la geografía, la botánica, el volcanismo, la astronomía, la geología…) no escapaban al influjo del temprano Romanticismo alemán, que impregnó toda su vida. El libro conjuga las facetas personales (envueltas, todo hay que decirlo, en una cierta niebla, buscada de propósito por el personaje) y las propiamente científicas. De estas últimas presta singular atención a las que servirían para consagrar definitivamente la fama de Alexander von Humboldt: sus expediciones a la América hispana, iniciadas el 5 de junio de 1799, cuando zarpó a bordo de la corbeta Pizarro desde el puerto de la Coruña, con rumbo a Tenerife, primero, y a lo que hoy es Venezuela, después.

Para quienes lo desconocíamos, es muy alentador conocer el respaldo que obtuvo tras buscar la “protección de Su Majestad Católica” y que el propio von Humboldt reflejó en su Narración de un viaje por las regiones equinocciales del nuevo continente: “se me permitió hacer uso de mis instrumentos físicos y geodésicos con total libertad; fui autorizado a tomar medidas astronómicas en todos los dominios españoles, y también podía inspeccionar la altitud de las montañas, recoger los productos de la tierra y hacer cualquier cosa que se me ocurriera que pudiera servir para el avance de la ciencia […] Nunca antes un viajero había recibido una autorización más completa y nunca el gobierno español había mostrado una confianza tan grande en un extranjero”.

En esa primera expedición, costeada con su propia herencia, que duraría cinco años, tuvo como colaborador al francés Aimé Bonpland. Von Humboldt había renunciado a su trabajo en la administración prusiana, como inspector de minas, prefiriendo la búsqueda de la ciencia. En realidad, sus motivaciones iban más allá: después reconoció que “habría navegado hasta los mares del sur más remotos, incluso si no hubiera cumplido ningún propósito científico”.

Sus descubrimientos iban desde “la carga que se encuentra en la fibra nerviosa de una anguila eléctrica hasta la distribución de plantas en diferentes zonas climáticas; desde la bioluminiscencia de las medusas hasta la composición de las estrellas fugaces”. Subió al Chimborazo (aunque no llegó a la cima, tras desistir cuando se hallaba a unos 5.600 metros) y corroboró la conexión entre los dos grandes sistemas de agua, el del Amazonas y el Orinoco.

No es posible describir ahora el resto de los viajes de Alexander von Humboldt que, con mayor o menor extensión, refleja la obra de Maren Meinhard, desde Bogotá a Quito por los Andes, a Cuba o a Nueva España (México) y, años después, a Rusia.

Su ejemplo serviría para otros grandes navegantes ulteriores. Charles Darwin se llevó un ejemplar del relato de Humboldt sobre sus viajes a América a bordo del HMS Beagle y publicó su obra Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural en el año en que murió Humboldt, esto es, en 1859. Las tesis evolucionistas de Darwin se impusieron sobre la visión más armoniosa e interconectada de la naturaleza, que propugnaba su antecesor.

Habiendo sido el científico más famoso de su época, tras su muerte cayó en un cierto olvido. Afortunadamente, su legado se conserva y libros como este destacan su importancia como modelo de científico. De hecho, en 2019 se inaugurará, tras seis años de rehabilitación, lo que hasta ahora se denominaba el Palacio de Berlín y que, a partir de esa fecha, será el Humboldt Forum.

La fecha de inauguración podría ser el 14 de septiembre de 2019, que coincide con el 250 aniversario del nacimiento del menor de los hermanos Humboldt (el mayor, Wilhem, es otra gran figura del siglo XIX germano). Es oportuno, por eso, transcribir las palabras con las que Maren Meinhardt, en un artículo títulado The Romantic Scientist: Alexander von Humboldt Under the Palm Trees. Why a once forgotten scientist’s steps across South America are so tempting to retrace, expresaba las razones que han conducido a su redescubrimiento en Alemania:

Humboldt, 150 años después de su muerte, se perfila como el alemán ideal en muchos aspectos. Para una nación en busca de una identidad no bien definida por los acontecimientos del siglo XX, el alivio con el que los alemanes abrazan a Humboldt es casi palpable. Su trayectoria es notablemente impecable para los estándares modernos. No hay en él un solo comentario antisemita, […] y sí una franca oposición a la esclavitud y un agradable rechazo, una vez que los superó, de los privilegios aristocráticos. Todo esto en un contexto de ecología y del abrazo a la naturaleza, preocupaciones ambas tan inobjetables como profundamente ancladas en la tradición cultural alemana. No es de extrañar que el palacio de la ciudad de Berlín lleve el nombre de Humboldt”.

Maren Meinhardt estudió Psicología y Literatura en la London School of Economics y en la Sussex University. Dirige la sección de literatura alemana e historia natural en el Times Literary Supplement.

*Editado por Turner, abril 2019. Traducción de Julia Gómez.