1599. Un año en la vida de William Shakespeare
James Shapiro

Shakespeare, junto a Cervantes, es uno de los grandes pilares de la literatura europea. Sus obras han trascendido los siglos, los gustos y las modas, permaneciendo siempre vivas en la cultura occidental. Más de cuatrocientos años después de su muerte, sus piezas continúan representándose en teatros de todo el mundo, adaptándose al cine y sirviendo de inspiración a generaciones enteras de escritores y guionistas. No hay actor que se precie —y particularmente en el ámbito británico— que no haya medido su talento enfrentándose a alguno de sus personajes. Y es que Shakespeare no es solo un dramaturgo: es, ante todo, uno de los más agudos retratistas de la naturaleza humana. Sus obras no hablan únicamente de su tiempo, sino de todos los tiempos.

Esa capacidad de trascender lo histórico ha contribuido a convertir a Shakespeare en una figura casi mítica, situada en un territorio que parece escapar a las limitaciones humanas. Como ocurrió con Homero, su figura se ha envuelto en un halo de misterio que ha alimentado tanto la admiración como la especulación. Sin embargo, Shakespeare fue un hombre de carne y hueso, inmerso en una realidad concreta, en una época compleja y profundamente inestable. La Inglaterra isabelina, lejos de ser un escenario idílico, era un espacio marcado por tensiones políticas, amenazas exteriores e intrigas internas. Bajo la aparente consolidación del poder de Isabel I tras la derrota de la Armada Invencible, persistía un clima de incertidumbre en el que la violencia y la conspiración eran posibilidades constantes.

En este contexto se sitúa 1599: Un año en la vida de William Shakespeare, obra en la que James Shapiro aborda uno de los momentos más decisivos tanto en la trayectoria del dramaturgo como en la historia de la Inglaterra isabelina. El libro parte de una premisa clara: no es posible entender la obra de Shakespeare al margen de su tiempo, como tampoco puede comprenderse plenamente la sociedad en la que vivió sin tener en cuenta su producción dramática. A lo largo de ese año crucial, Shakespeare escribió algunas de sus obras más relevantes —Enrique V, Julio César, Como gustéis y Hamlet—, mientras Inglaterra afrontaba desafíos políticos, militares y económicos de gran envergadura.

La principal aportación del libro reside en su capacidad para integrar historia y literatura en un mismo plano interpretativo. Frente a una tradición crítica que tendía a separar la obra de Shakespeare de su contexto histórico —presentándolo como un genio atemporal—, Shapiro propone una lectura radicalmente distinta: sus obras están profundamente enraizadas en las circunstancias de su tiempo. Este enfoque no solo permite comprender mejor los textos, sino también reconstruir el clima intelectual, político y social de la Inglaterra de finales del siglo XVI. El carácter novedoso del libro radica precisamente en esa interacción constante entre el contexto y la creación artística, en la idea de que las obras no flotan libremente en el tiempo, sino que dialogan con él de manera continua.

Uno de los ejes fundamentales del libro es la reconstrucción del año 1599 como un momento de extraordinaria intensidad histórica. Shapiro describe cómo Inglaterra se enfrentaba simultáneamente a una rebelión en Irlanda, a la amenaza de nuevas incursiones españolas y a la incertidumbre sobre la sucesión de Isabel I. Este contexto de tensión política y militar se refleja en la obra de Shakespeare, especialmente en Enrique V, donde el discurso sobre la guerra, el liderazgo y la legitimidad adquiere una resonancia particularmente significativa. El teatro se convierte así en un espacio donde se elaboran y se reinterpretan los grandes problemas de la nación.

Otro de los aspectos más interesantes del libro es el análisis del proceso creativo de Shakespeare. Shapiro no presenta al dramaturgo como un genio aislado, sino como un profesional del teatro, actor y empresario que debía responder a las demandas del público y a las condiciones del mercado. La construcción del Globe Theatre, la competencia entre compañías y la evolución del gusto del público londinense forman parte del entramado que condiciona su obra. En este sentido, piezas como Julio César o Hamlet no solo son productos de una genialidad individual, sino también el resultado de un diálogo constante con su entorno social e intelectual.

El libro también subraya la interacción entre los acontecimientos históricos y las preocupaciones filosóficas presentes en las obras de Shakespeare. La inestabilidad política, el miedo a la traición, la incertidumbre sobre el futuro y la fragilidad del poder encuentran eco en los dilemas morales y existenciales de sus personajes. Hamlet, en particular, aparece como una obra profundamente marcada por ese contexto de crisis, en la que la reflexión sobre la acción, la duda y la legitimidad adquiere una dimensión universal. De este modo, Shapiro demuestra que la grandeza de Shakespeare no reside en su desvinculación del tiempo, sino precisamente en su capacidad para convertir lo histórico en universal.

1599: Un año en la vida de William Shakespeare es una obra imprescindible para comprender tanto al dramaturgo como a su tiempo. James Shapiro logra desmontar la imagen de un Shakespeare desligado de la historia y lo devuelve a su contexto, mostrando cómo su obra se nutre de las tensiones, los conflictos y las aspiraciones de la Inglaterra isabelina. El resultado es un ensayo que no solo ilumina un año decisivo en la vida del autor, sino que invita a replantear la relación entre literatura e historia. Lejos de restar grandeza a Shakespeare, este enfoque la amplía, al mostrarnos que su universalidad nace precisamente de su profunda conexión con el mundo en el que vivió.

James Shapiro (Nueva York, 1955) es catedrático de la Universidad de Columbia, Nueva York. Es autor de diversas obras que han merecido importantes reconocimientos, entre ellos el Premio Bainton o el Premio Samuel Johnson de la BBC, editor de un volumen sobre la obra de Shakespeare en Estados Unidos para la Biblioteca de América, y coeditor de una antología y una historia de la poesía británica para la universidad donde imparte clases. Ha recibido becas de la Fundación Guggenheim, la NEH, el Centro Cullman para Académicos y Escritores, la Biblioteca Huntington, la Academia Americana de Berlín y la Academia Americana de Roma. En 2011 fue admitido en la Academia Americana de las Artes y las Ciencias.

*Publicado por Siruela, marzo 2026. Traducción de María Condor.