GRANDE - UNIZAR - POLITICAS VIOLENCIA
Políticas de la violencia. Europa, siglo XX
Javier Rodrigo (ed.)

El libro que hoy reseñamos es un recopilatorio de una serie de investigaciones históricas sobre el fenómeno de la violencia y su relación con la política en Europa a lo largo del siglo XX (y muy especialmente, aunque hay excepciones) hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra. El libro está editado por Javier Rodrigo, investigador del centro «Ramón y Cajal» adscrito a la «Universitat Autònoma de Barcelona». En él se da cabida a un total de 12 trabajos académicos además de una Introducción del propio Javier Rodrigo (quien también firma uno de los doce trabajos) con la entidad propia de un trabajo más, en este caso de registro metodológico. La obra está además acompañada de una extensísima bibliografía (ocupa desde la página 475 hasta la 534), dividida por capítulos y con fuentes en diversos idiomas, como diferentes son las nacionalidades de los autores firmantes de los trabajos agrupados, que trabajan en diferentes centros y universidades repartidos por todo el continente europeo (Francia, Italia, Alemania, Irlanda, Reino Unido, Suiza y España).

Los temas y casos tratados son de lo más diverso: desde el genocidio armenio hasta la violencia de los grupos terroristas europeos en la segunda mitad del siglo XX (y hasta el fenómeno de los ataques del terrorismo islámico en suelo europeo), pasando por cuestiones como el fascismo italiano y el nazismo alemán, las labores de «depuración» de elementos colaboracionistas llevadas a cabo en Francia tras la guerra, el horror violento en la Europa del Este bajo influencia soviética o las guerras de mantenimiento colonial e imperialista de las potencias europeas hasta bien avanzada la etapa en que se había ya acordado la descolonización.

CAMPO DE CONCENTRACION ALEMANMás que un intento de abordar la dogmática y el marco teórico de las políticas de la violencia, los textos recogidos buscan centrar la cuestión en los hechos históricos y sus interpretaciones historiográficas. No obstante, en ocasiones, se hace necesario abordar elementos de naturaleza más teórica. Así por ejemplo, tanto la Introducción del libro como el primer capítulo (a cargo de Alan Kramer) se dedican a este tipo de cuestiones. En ellos se tratan elementos como el significado de «políticas de la violencia» (y por qué a los efectos de esta obra es preferible ese término al de «violencia política»); si existen o no una serie de causas contextuales (se concluye que sí) que llevan a que las políticas de la violencia tomen una entidad preponderante en el siglo XX especialmente vinculadas a los fenómenos bélicos; cuál es el significado propio de genocidio y qué debe interpretarse como tal, o si realmente existe un verdadero «excepcionalismo» alemán que haga del caso nazi una singularidad sin otra comparación posible.

Una vez que estas cuestiones quedan más o menos aclaradas en las 60 primeras páginas, se procede a reunir una serie de trabajos centrados en cuestiones y casos mucho más específicos, de una forma precisa, bien documentada y con un tratamiento de cierta profundidad, tanto en lo referente a los acontecimientos como a las cifras, así como respecto de las diversas interpretaciones históricas posibles de esos fenómenos en concreto.

El segundo capítulo, a cargo de Raymond H. Kévorkian, tiene el particular interés de que aborda un fenómeno para nosotros no muy conocido, el genocidio del pueblo armenio a manos del movimiento joven-turco que tuvo lugar entre abril de 1915 y diciembre de 1916, en dos fases. Cerca de 1,5 millones de armenios murieron o fueron asimilados por los nacionalistas racistas turcos coincidiendo con la Primera Guerra Mundial. Un genocidio que todavía hoy sigue sin ser reconocido como tal por el gobierno turco.

El capítulo tercero, firmado por Camilla Poesio, se centra en el caso de la utilización de la violencia por parte del movimiento fascista italiano como un instrumento de transformación política. El fascismo italiano es un fenómeno singular que tiene líneas de continuidad y discontinuidad con la violencia del Estado liberal italiano y también similitudes y diferencias con otros regímenes de corte fascista y en especial con el nacionalsocialismo alemán. Pese a no llegar a los niveles de sus parientes ideológicos alemanes, el fascismo italiano siempre hizo de la política de la violencia un elemento consustancial al movimiento. Además, aunque no mostraba los mismos componentes racistas (o al menos de la misma manera), no por ello dejó de colaborar con las deportaciones de judíos o practicar su propia violencia racista, por ejemplo con la población eslava.

MONUMENTO HOLOCAUSTONikolaus Wachsmann nos habla, en el capítulo 4, del caso quizás más paradigmático de una política de la violencia ejercida de manera sistemática y total: el de la Alemania nazi. Concretamente centra su estudio en las políticas de exclusión de los primeros años del nazismo, entre su llegada al poder en 1933 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1939. Si bien es cierto que el mayor apogeo de la violencia nazi tuvo lugar una vez comenzada la guerra (la tesis general del libro es que las políticas de la violencia guardan una relación muy estrecha con los escenarios bélicos), ya en los años iniciales del régimen pudieron ponerse las primeras piedras para todo lo que vendría después, gracias a la exclusión jurídica y social de poblaciones enteras.

En el capítulo 5 el editor de la obra, Javier Rodrigo, nos presenta su trabajo sobre la transformación de la guerra en España durante la Guerra Civil a partir de 1936. Como conflicto fraticida de carácter altamente destructivo, la Guerra Civil española tuvo una naturaleza bélica que para nosotros era hasta ahora desconocida: una violencia directa y más o menos sistemática de combatientes españoles sobre la población civil española. No obstante, el caso español no es tan aislado, y se presenta en el seno de un contexto europeo determinado y propicio para esos acontecimientos. Además, entre 1917 y 1949 tuvieron lugar en Europa otra serie de conflictos civiles que guardan algunas similitudes (pero también diferencias) con nuestra Guerra Civil.

David Alegre Lorenz, el encargado del texto que conforma el capítulo 6, nos presenta un caso concreto, el del Estado Independiente de Croacia entre 1941 y 1942. Atravesada la zona por una historia marcada por las luchas imperiales y nacionales, por la diversidad étnica y nacional y por una serie de proyectos y tentativas de tipo revolucionario y contrarrevolucionario insertos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial (nuevamente, un escenario bélico), el Estado Independiente de Croacia (DHN por sus siglas en croata) fue una especie de estado-comparsa aún más obediente a los dictados del nacionalsocialismo alemán de lo que de por sí fue el gobierno francés de Vichy.

En el capítulo 7 Xosé M. Núñez Seixas se encarga de recoger la violencia acaecida en el frente oriental (1941-1945) durante la Segunda Guerra Mundial. Dicho frente fue objeto de una violencia especialmente virulenta e inusitada, y no solamente por la fiereza e impiedad con la que se trataron combatientes alemanes y rusos entre sí, sino también por el modo en que ambos ejércitos usaron la violencia indiscriminada contra las poblaciones civiles de la zona, primero durante la ofensiva alemana y, más avanzada la guerra, con la venganza de la contraofensiva soviética. Las zonas devastadas por ese calamitoso campo de guerra y muerte pueden reivindicar la memoria colectiva de haber sufrido en sus carnes no solamente a uno de los dos grandes totalitarismos, sino a ambos. Una memoria colectiva que, sin embargo, no necesariamente les ha hecho estar más unidos entre sí.

OSAMA BIN LADENEspecialmente curioso es el tratamiento que Christian Gerlach hace, en uno de los trabajos más conocidos sobre la materia y publicado durante los años 90 y que ve la luz en español por primera vez en este volumen, de la «Conferencia de Wannsee» nombre por el que después serían conocidas las reuniones de la jerarquía nazi en las que se decidiría el triste futuro de los judíos europeos. Para resumir las conclusiones de este trabajo nada mejor que citar el fragmento final del propio autor: «A pesar de que ciertamente estos acontecimientos monstruosos no pueden ser llamados políticas normales, y por más que Hitler interviniera directamente, en un sentido, estas decisiones sobre la vida y la muerte de los judíos que vivían en Europa tuvieron lugar de un modo mucho más parecido a otras decisiones políticas «normales». El Führer no tomó la decisión solo; simplemente lo hizo después de que hubiera pasado algún tiempo y en una situación muy concreta, también debido a una serie de razones específicas; dio su aprobación a iniciativas que habían surgido de la administración y el aparato del partido. Como ocurre con muchas políticas evolutivas, las demandas para el exterminio de los judíos europeos tenían muchos orígenes. Sin embargo, antes de que todas las medidas pudieran ser tomadas de un modo sistemático en el sistema nacionalsocialista, requerían una decisión preceptiva de Hitler.»

Desconozco la sensación que le pueda quedar al lector tras leer estas palabras, pero desde luego a quien hace la reseña la lectura de este capítulo consiguió verdaderamente helarle la sangre. Sin grandilocuencia, sin grandes actos de voluntad. Una decisión sobre la vida y la muerte de millones de personas no tenía una naturaleza esencialmente muy diferente a la de otras decisiones meramente administrativas. Quizás ahí resida la esencia distintiva del nazismo, no presente en ningún otro lugar de la historia, un genuino paradigma ontológico del mal.

Sin embargo, con el final de la Segunda Guerra Mundial y la derrota definitiva de los fascismos, el terror y las políticas de la violencia de los europeos no finalizaron. Los últimos cuatro capítulos del libro están dedicados a estudiar una serie de ejemplos que tienen lugar tras el final de esa terrible guerra. En el capítulo 9 José Luis Ledesma nos narra el proceso de «depuración» que tuvo lugar en Francia tras la guerra, con una absoluta paranoia enjuiciadora y revanchista contra todos aquellos que pudiesen ser sospechosos de haber colaborado con (o incluso no haber sido lo suficientemente vociferantes contra) los crímenes nazis. José M. Falardo dedica el capítulo 10 al terror y la violencia que el otro totalitarismo (el comunista) llevó a cabo en Europa del Este tras 1945 con el fin de buscar la pretendida «sociedad sin clases». El capítulo 11, obra de Andreas Stucki, hace referencia a la guerra española de Ifni-Sáhara, fenómeno que si bien tiende a ser acotado a los años 1957-1958, hunde su raíz en los procesos de expansión imperialista del último cuarto del siglo XIX y colea hasta ya la abolición (al menos formal) de los imperios coloniales a la altura de 1975. Por último, en el capítulo 12, Eduardo González Calleja estudia los fenómenos del terrorismo, último ejemplo de las políticas de la violencia sobre suelo europeo y cuya extinción (o sustitución por un terrorismo de naturaleza diferente, religiosa e islámica) se data en fechas muy recientes o es incluso discutida.

En definitiva, nos encontramos ante una obra que promete convertirse en una referencia en el estudio histórico de las «políticas de la violencia» europeas del último siglo en lengua española, que ofrece una amplia y variada bibliografía para continuar la investigación del fenómeno para quienes estén interesados en uno o varios de los temas tratados y que presenta un elevado nivel de rigor histórico.

No nos engañemos, se trata de una obra compleja y extensa que muestra todos los elementos propios del mundo académico. Sin embargo, se trata también de una obra fácil de seguir para quienes estén habituados a este tipo de trabajos colectivos, y que además se encuentra estructurada de tal manera que evita la mayoría de solapamientos habituales en ellos. En definitiva, un libro que todos los estudiosos de la ciencia política y la historia más contemporánea deberían leer y consultar.

*Publicado por Prensas de la Universidad de Zaragoza, noviembre 2014.

Andrés Casas