GRANDE - ALIANZA - RUTA SEDA
La Ruta de la Seda
Thomas O. Höllmann

Sigue habiendo partes de nuestro planeta cuya simple evocación nos traslada a tiempos remotos y legendarios. La búsqueda de las fuentes del Nilo, la llegada al Polo Sur o el paso del Estrecho de Magallanes parecen otras tantas historias sacadas de películas de aventuras donde fantasía y realidad acaban por confundirse. Qué duda cabe de que entre estos lugares mágicos la Ruta de la Seda ocupa un lugar privilegiado. No existe en el mundo una red comercial más extensa y compleja que aquella que une, atravesando desiertos y cordilleras, el Pacífico con el Mediterráneo. Por sus caminos marchan productos y mercancías, pero también ideas, creencias y culturas que recorren, parejas a los hombres, los miles de kilómetros que conforman el mítico viaje. Ciudades como Samarcanda, Karakorum o Astracán son hitos en una de las travesías más antiguas de la humanidad, plagada de riesgos y penalidades.

Aunque la denominación “Ruta de la Seda” puede parecer tan antigua como su propio recorrido, lo cierto es que ésta fue bautizada así hace relativamente poco tiempo. De hecho, el término fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen, quien lo introdujo en su obra Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la Seda, en 1877. Debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba a través de ella, la seda, cuya elaboración era un secreto en su momento sólo conocido por los chinos. Su origen, sin embargo, se remonta al siglo I a.C. y en Europa, aunque se venía utilizando desde hacía bastante tiempo, fue popularizada por el viajero veneciano Marco Polo a principios del siglo XIII d.C. El perfeccionamiento de los transportes marítimos provocó, no obstante, que las interminables y peligrosas rutas terrestres dejasen de ser necesarias, lo que trajo consigo la decadencia de la Ruta de la Seda.

viaje Zhang_Qian ruta sedaOtro de los errores comunes en el que solemos caer al hablar de esta legendaria ruta consiste en atribuirle un único recorrido, con un principio y un final. La Ruta de la Seda está compuesta en realidad por una gran variedad de trayectos posibles y vías alternativas. Es cierto que el punto de partida siempre se ha situado en la antigua ciudad imperial china Chang’an (hoy Xi’an) pero a lo largo de sus miles de kilómetros existen, por un lado, numerosas bifurcaciones que no siempre acaban en las costas del Mediterráneo Oriental y, por otro lado, ramales secundarios desgajados de la ruta principal para unir comarcas situadas al norte o al sur. No hay que olvidar que también se considera como Ruta de la Seda al trayecto marítimo que atravesaba el Índico y el mar de la China hasta llegar al Mediterráneo (o al este de África).

El profesor Thomas O. Höllmann nos explica en su obra La Ruta de la Seda* todo aquello que rodea a la red comercial y cultural más extensa de la tierra. Su aproximación es un tanto peculiar pues no estamos ante el típico relato cronológico con un principio (que en este caso sería el origen histórico de la ruta) y un desarrollo y final (que representaría la decadencia de la red). El autor ha preferido estructurar el libro a través de capítulos temáticos, algunos de los cuales describen los aspectos físicos de la Ruta de la Seda mientras que otros abordan las cuestiones culturales, las lenguas o identidades de los viajeros o habitantes de las ciudades que constituyen el trayecto o las religiones que surgieron en la zona. Como si de un mosaico se tratase, cada capítulo representa una tesela y sólo una vez leída la obra en su conjunto podremos tener una visión global de lo que significó la Ruta de la Seda.

Sorprende comprobar cómo el hombre es capaz de superar los obstáculos más infranqueables presentes en la naturaleza, que no faltan en el trazado de la Ruta de la Seda. Esta recorre inmensas cordilleras (en las que se encuentran alguno de los picos más elevados de la Tierra) e interminables desiertos (como el Gobi, el segundo más extenso del planeta, o el Takla Makan en China, cuyas dunas móviles de arena alcanzan los doscientos metros de altura). Los viajeros, a pesar de contar con medios de transporte rudimentarios, venían utilizando este camino desde hace cientos de años sin que aquellas dificultades acabaran por amedrentarles.

MAPA DE FRA MAURO RUTA SEDASegún Höllmann, el primer testimonio que existe sobre la Ruta de la Seda se remonta al segundo siglo antes de Cristo cuando un emisario imperial chino, Zhang Qian, se dirigió hacia el oeste en busca de aliados y a su vuelta narró sus experiencias. Serán, sin embargo, primero los monjes budistas y después los comerciantes y misioneros cristianos o los viajeros musulmanes quienes pongan por escrito sus viajes y vivencias a lo largo de la Ruta de la Seda. Tan sólo a partir del siglo XIX el interés por esta región dejó de ser meramente “comercial” y la ruta pasó a constituirse en objeto de investigación por científicos o exploradores.

Höllmann analiza el crisol de culturas, lenguas, religiones y Estados que conforman la ruta bajo la premisa de que “[…] la historia de la Ruta de la Seda está caracterizada en cierta medida por un complicado juego de cambios y continuidad”. Imperios y reinos emergían y desaparecían pero los caminos perduraban. Los imperios bizantino, otomano, chino o mongol, así como la infinidad de pequeños territorios existentes en Asia Central, utilizaron e incluso edificaron su autoridad y poder a través de la Ruta de la Seda, estableciendo tributos o vías de comunicación entre las regiones que gobernaban. Por cierto, a pesar del nombre, no sólo se traficaba con la seda pues, como muestra Höllmann, eran numerosísimas las mercancías transportadas por las caravanas.

La obra finaliza con una pequeña conclusión (“Petróleo y opio. Un epílogo sobre la situación actual”) que el autor hace a la vista del estado actual de la región y de los problemas que acechan a una población enfrentada al fanatismo religioso, al juego de intereses provocado por la geopolítica y la obtención de recursos y a las duras condiciones de vida. Por nuestra parte, diremos que el trabajo de Höllmann invita al lector a profundizar sobre una de las arterias comerciales más importantes de la historia del hombre. A pesar de su brevedad (apenas ciento cincuenta páginas en formato bolsillo) el libro reúne en poco espacio todo aquello que hemos de conocer sobre la Ruta de la Seda.

*Publicado por Alianza Editorial, febrero 2015.