GRANDE - MP - REBELION MILITAR GENERALIDAD
La rebelión militar de la Generalidad de Cataluña contra la República
Alejandro Nieto

La faceta de historiador de Alejandro Nieto ha estado eclipsada por su éxito como cultivador del Derecho Administrativo y, para el gran público, como ensayista implacable y censor de los peores defectos de la vida “oficial” española. Sus libros sobre el estado de nuestras estructuras político administrativas (especialmente La organización del desgobierno) y sobre el estado de la justicia son buena prueba de ello.

Alejandro Nieto había protagonizado no hace mucho (2011) una incursión en la historia del siglo XIX español dedicando un trabajo de investigación a Mendizábal: apogeo y crisis del progresismo civil. En la que ahora reseñamos, La rebelión militar de la Generalidad de Cataluña contra la República: El 6 de octubre de 1934 en Barcelona*, pone su atención en aquel suceso traumático que tantas consecuencias tuvo para el devenir de la II República española.

La oportunidad del libro no puede ser más evidente cuando Cataluña se encuentra inmersa, ochenta años después de aquellos sucesos, en una espiral de sentimientos, más que de razonamientos, que giran en torno a su posición en el seno, o extramuros, de España. Alejandro Nieto no se deja llevar por los paralelismos fáciles pero también destaca, como de paso (página 240), algo que, referido a 1934, podría leerse en clave actual: “Los políticos españoles conocían de sobra las intermitentes insurgencias catalanas, pero, dado su distanciamiento temporal, se olvidaban fácilmente de ellas entre una y otra, como sucede con los pobladores cercanos a un volcán entre erupción y erupción: una imagen bastante precisa porque se sabe que el magma ígneo sigue en las profundidades aunque no se recuerden ya las explosiones”.

LUIS COMPANYSLa obra de Nieto es merecedora de elogios por muchos motivos. No es el menor que con ella se nos ofrezca una visión plural de los sucesos de octubre en Barcelona utilizando, en muy buena parte, todas las fuentes disponibles así como las palabras de sus protagonistas y dándonos una cumplida descripción del perfil humano de cada uno de éstos, singularmente de Companys (“el hombre y el mito”), así como de las formaciones políticas en liza. Hasta tal punto es así que el autor reconoce que, con ligeras excepciones, “todo lo que aquí se dice está tomado de estos autores [los propios catalanes] hasta el punto de que la obra podría titularse El 6 de octubre visto por los catalanes”.

Las primeras noventa páginas del libro describen en una brillante síntesis el contexto (los contextos, para Nieto) previo a la rebelión del 6 de octubre: el advenimiento del nuevo gobierno republicano que, tras las elecciones de 1933, había dado entrada a la CEDA, el “fantasma separatista”, las pulsiones del “victimismo y el anticatalanismo”, las tensiones entre “militares y paisanos” y entre los principales partidos políticos catalanes y españoles. Algunas de las afirmaciones ocasionales de Nieto en estas páginas iniciales (lo que en el lenguaje jurídico se calificaría de obiter dicta) proporcionan en pocas palabras explicaciones que algunos libros sobre la II República y la Guerra Civil no han logrado descubrir: “lo importante era la naturalidad con que en la cultura política española se aceptaban los movimientos contrarios a la legalidad constitucional”.

Expuesto el marco y los protagonistas del drama, Alejandro Nieto describe acto seguido los hitos más próximos a la rebelión, antecedentes encuadrados en una secuencia de desafíos que elevaban la tensión dentro de un escenario en el que “todos sabían que la Generalidad iba a alzarse de un momento a otro, tal como sus consejeros anunciaban sin reservas”. Destaca entre aquéllos el pleito constitucional sobre la ley de cultivos, las tensiones de las autoridades catalanas con los órganos de la Administración de Justicia (el incidente Badía) y la “huelga general revolucionaria”.

La crónica de la rebelión constituye el capítulo central del libro aunque, a nuestro juicio, lo mejor del relato de los hechos de aquella primera semana de octubre no se encuentre tanto en su descripción (sin duda exhaustiva y espléndidamente documentada) sino, de nuevo, en el análisis y los comentarios de Nieto sobre algunos de ellos. Valgan, por ejemplo, sus palabras sobre el acto central del 6 de octubre, esto es, sobre la proclamación “del Estado Catalán de la República federal Española” que Companys hizo desde el balcón de la Generalidad, manifiesto y proclama (“oxímoro indescifrable”) cuya “inconsistencia teórica y vacuidad política” destaca y razona el autor. El capítulo concluye con las invocadas justificaciones de la rebelión y sus posibles explicaciones, así como los juicios favorables o desfavorables que unos u otros vertieron sobre ella. Deja abiertas las dudas e interrogantes que persisten al respecto hasta el punto de que, para Nieto, el 6 de octubre de 1934 sigue siendo un enigma aún no definitivamente resuelto.

BARRICADA OCTUBRE BARCELONALa reacción republicana tras los sucesos de octubre es ampliamente tratada en el tercer –y último– capítulo del libro. Reacción que, afirma Nieto, “los analistas marxistas denominan genéricamente contrarrevolución y los historiadores catalanes suelen cubrir con el título, igualmente genérico, de represión”. Se desarrolló, sucesiva o simultáneamente, en el ámbito parlamentario, gubernativo y judicial, a cada uno de los cuales dedica su atención. Alejandro Nieto, jurista de larga trayectoria, se mueve con particular soltura en la descripción y, sobre todo, en el análisis de los debates parlamentarios del otoño de 1934 respecto de la suerte que había de correr el Estatuto de Cataluña, una vez suspendidas las facultades que en él se reconocían al Parlamento y al Gobierno de la Generalidad. Y aprovecha, como es lógico, sus conocimientos jurídicos para analizar también los pormenores de la causa seguida ante el Tribunal de Garantías Constitucionales contra el presidente y los consejeros de aquel gobierno, hasta la sentencia condenatoria de 6 de junio de 1935. Nieto es muy crítico con el proceso, quizás en su acerba línea habitual contra otras actuaciones jurisdiccionales, y lo califica de “retablo de las maravillas donde se representaban ficciones que poco o nada tenían que ver con la realidad”.

Publicado el libro antes de los últimos acontecimientos actuales (aprobación por el Parlamento de Cataluña de la ley de consultas no referendarias y por el Gobierno de la Generalidad del decreto de convocatoria de una de éstas, ambos recurridos y suspendidos por el actual Tribunal Constitucional), no deja de ser sintomática una de las constataciones que Nieto hace sobre lo sucedido en 1934: “La Generalidad había renegado ya expresamente de unas de las piezas fundamentales del sistema constitucional –el Tribunal de Garantías- resistiéndose a la ejecución de sus sentencias y anunciando que “recibiría a tiros” [sic] a quienes viniesen a Cataluña con la intención de hacerlas cumplir”.

Concluye el libro, ya en sus páginas finales, con la “victoria de los vencidos”, una vez que las elecciones de febrero de 1936 determinaron el vuelco de la situación política. La “amnistía total” que incluía el programa del Frente Popular era proclamada por Azaña al constituir su nuevo gobierno, y llevada pocos días después al Consejo de Ministros. Companys, ya amnistiado, fue nombrado presidente de la Generalidad y la ley de 2 de enero de 1935, por la que se había suspendido el Estatuto, declarada inconstitucional el 5 de marzo de 1936, con lo que se recuperaba el régimen autonómico vigente en 1934. El Parlamento de Cataluña, por lo demás, celebró en mayo de 1936 un debate sobre los sucesos de octubre de 1934 que Nieto califica de “inesperado ajuste de cuentas” y cuyas conclusiones en realidad nada aclaraban: “el trasfondo del 6 de octubre quedó no obstante más confuso que nunca. Por un lado se insistió en su condición de gesto heroico; pero al tiempo, y paradójicamente, nadie quiso responsabilizarse de él, ni siquiera en un momento en el que ya no existía el menor riesgo”.

GOBIERNO GENERALIDAD ENCARCELADONieto intenta no sólo relatar sino “comprender” los hechos, interpretarlos y analizarlos políticamente, partiendo de la abundante producción historiográfica que sobre ellos existe, de la que utiliza la de mejor calidad. Su enfoque, como él mismo avanza en la introducción del libro, considera el 6 de octubre de 1934 como “un episodio de la historia de España –o más precisamente todavía, de la Segunda República española- aunque se haya desarrollado en Cataluña”. Subraya, por otro lado, la coexistencia de dos alzamientos en la mismas fechas, esto es, de un lado la rebelión armada de la Generalidad y, de otro, la revolución social proletaria desarrollada simultáneamente en toda España (principalmente en Asturias y Madrid), siendo ambos colofón de un proceso que se venía gestando antes y que continuaría después hasta culminar trágicamente en 1936. Insiste una y otra vez en que su trabajo se contrae al primero de aquellos fenómenos, distintos pero conexos, limitándose a apuntar la existencia del segundo en Cataluña, aún no suficientemente investigado.

Destaca asimismo Nieto la fractura existente entre las fuerzas políticas catalanas (principalmente, la Liga, Esquerra y los anarquistas) en 1934, así como la técnica de practicar “deliberada y sistemáticamente la trampa de la sinécdoque política”, esto es la manipulación consistente en tomar la parte por el todo. Fractura que se añadía a la contraposición, más amplia, entre dos concepciones de la república opuestas, la federal y la unitaria, así como a la falta de empatía política entre los diversos bandos, pronto convertida en ignorancia del adversario y generadora de odios recíprocos.

En suma, el nuevo libro de Alejandro Nieto es de lectura imprescindible para quienes quieran disponer no sólo del relato de unos hechos obviamente revelantes en nuestra historia reciente, sino de una reflexión limpia y equilibrada sobre ellos. La crítica de Nieto sobre los sucesos de octubre de 1934 en Barcelona no es equidistante, en el sentido que de este término desgraciadamente se viene imponiendo, sino lúcida y particularmente comprometida: no con los intereses o las ideologías de unos y otros, sino con lo que él considera que es la verdad, desvelada sin prejuicios y con rigurosos criterios históricos, liberados de su “condición ancilar de la política” y distanciados de “la propensión a realizar reconstrucciones fantásticas del pasado”.

*Publicado por Marcial Pons Ediciones de Historia y la Fundación Alfonso Martínez Escudero, Madrid, septiembre de 2014.