JORDI GRACIA- TAURUS - JOSE ORTEGA Y GASSET
José Ortega y Gasset
Jordi Gracia

Al hacer listas o clasificaciones, tarea complicada donde las haya, entran en juego valoraciones personales: no todo el mundo mantiene la misma opinión y los criterios para elaborarlas no siempre son objetivos. Por eso, cuando se afirma que José Ortega y Gasset ha sido el pensador español más importante de la primera mitad del siglo XX (y quizás también de la otra mitad) habrá quien, echándose las manos a la cabeza, enérgicamente lo niegue. Al momento tendremos una retahíla de nuevos candidatos y argumentos que desacrediten aquella aseveración. No obstante, me atengo a ella: España no ha tenido un genio intelectual de la talla de Ortega y Gasset en el siglo pasado y, dados los cánones educativos actuales, es poco probable que aparezca otro pensador igual en los próximos años.

Ortega es un personaje incómodo. No encaja en ninguna categoría previamente definida. Es y no es filósofo. Como Voltaire, no tiene un corpus filosófico claramente delimitado y su pensamiento se encuentra diseminado en una vasta producción de artículos, prólogos y cursos (tan solo escribió un libro en cuanto tal a lo largo de su vida). Es y no es ensayista, aunque publicó numerosos trabajos cuya profundidad supera con creces las fronteras de este género. Quizás sea su comportamiento político el que haya provocado mayor desconcierto, pues apoyó la llegada de la República para luego alejarse de ella y mantuvo una relación de “amor-odio” (como hoy se dice) con los planteamientos falangistas y la dictadura de Franco. Ortega no fue ni de izquierdas ni de derechas (en un mundo cada vez más polarizado es algo que muchos no le perdonan), fue simplemente orteguiano y rigió su vida atendiendo únicamente a sus propios principios.

CONFERENCIA DE ORTEGA Y GASSETCon estas palabras comienza el catedrático Jordi Gracia su excepcional biografía de José Ortega y Gasset*: “Esta es la historia de una frustración y es también la historia de un éxito insuficiente. Pero es las dos cosas al mismo tiempo o no es ninguna de las dos. Ambas se remontan a la condición previa de una inteligencia fulgurante, expansiva y contagiosa, mandona y celosa de su autoridad, espontáneamente jovial y, sin embargo, estudiadamente ejemplar. Solo desde esa vitalidad congénita pero frágil surge el efecto convulsionador que tuvo en casi todos ese muchacho de familia poderosa y genialidad innata desde el arranque del siglo XX en España“.

Lo obra de Jordi Gracia admite, como la propia personalidad de Ortega, distintas lecturas: la personal, es decir, su perfil biográfico, en la que se aborda su carácter, su trayectoria vital y su relación con la familia, los amigos y las mujeres; la filosófica, que trata los principales puntos del pensamiento orteguiano; y la histórico-política, que estudia la actividad pública de Ortega, cuya influencia en los acontecimientos de su época nos permite, además, conocer la situación que atravesaba España en aquellos años. Por supuesto, para captar todas las aristas del modo de ser de Ortega y Gasset es preferible afrontarlas en conjunto pues obviar alguna supondría cercenar el todo que constituía el universo orteguiano. Para los temerosos de lo “filosófico”, adelantamos que Jordi Gracia logra exponer con meridiana claridad las cuestiones más relevantes tratadas por Ortega, sin exasperar ni abrumar al lego en esta disciplina.

La biografía está organizada de forma cronológica. No son, sin embargo, los años la guía del relato, cuyo hilo conductor lo constituyen, más bien, las sucesivas “fases intelectuales” que atravesó Ortega. Al estructurar la obra de esta forma, el profesor Gracia intenta adecuarse a una de las facetas más características de Ortega y constante a lo largo de su vida: la tendencia a iniciar nuevos proyectos (obras, revistas, instituciones, asociaciones…) muchos de los cuales no llegaron a perdurar, pues, por una u otra razón, acabó por abandonarlos. En cierto modo este rasgo también se traslada a sus escritos ya que uno de los reproches, no necesariamente negativo, que podemos hacerle, y que él mismo se recriminaba (especialmente en sus últimos años) es la ausencia de una gran obra que recogiese todos sus planteamientos filosóficos.

El retrato que Jordi Gracia dibuja de Ortega y Gasset es la de un hombre incomprendido; adelantado si no a su época, sí a su país; con una inteligencia superlativa (algo que ninguno de sus más acérrimos detractores pudo negar); con unas ideas claras de lo que quería y de cómo lo quería; con una personalidad cautivadora y una presencia magnética. Pero al mismo tiempo era un hombre vanidoso, altivo, cercano a la prepotencia al saberse la persona más lista en la sala, consciente de su propia grandeza, que ignoraba la crítica y menospreciaba a sus oponentes. Al fin y al cabo, Ortega fue un personaje único, difícilmente igualable, sin el cual no podemos comprender la España de la primera mitad del siglo XX. Mantuvo correspondencia o fue amigo o profesor de las grandes figuras intelectuales de su época. Por las páginas de esta biografía deambulan Unamuno, Azorín, María Zambrano, Pérez de Ayala, Julián Marías, Baroja o Gregorio Marañón, y políticos como Cambó, Azaña, Manuel Aznar, Besteiro o Melquíades Álvarez.

FOTOGRAFIA ORTEGA Y GASSETJordi Gracia también analiza las inclinaciones políticas de Ortega. Como todo en su vida, estas no atenían a los cánones habituales. Ni socialista, ni liberal, ni conservador, Ortega era su propio partido. Aunque sentía inclinación por el Partido Reformista de Melquíades Álvarez, su visión de lo que ha de ser la política le llevó (especialmente en la década de los veinte) a formular su particular programa político. Como explica Jordi Gracia, “Cuando Ortega concibe a mediados de los años veinte un liberalismo vigilado o tutelado no está sumándose a fórmulas como la democracia aclamatoria de Carl Schmitt ni propugna un autoritarismo disfrazado de sistema parlamentario. Ortega no abandona ni ahora ni después su lealtad reticente a una democracia de la que nunca fue entusiasta […] sino un mero partidario resignado al mal menor que supone la democracia parlamentaria“.

Puesto que Metahistoria es una página sobre historia, detengámonos un poco en la vertiente histórica de la biografía. Ortega y Gasset nace en 1883 y muere en 1955. A lo largo de sus más de setenta años de vida conoció de primera mano los hechos más significativos de nuestra historia y participó en muchos de ellos. La España de la juventud de Ortega es un país en decadencia, que acaba de perder sus últimas colonias (tiene quince años cuando se produce el desastre del 98) y lucha desesperadamente por encontrar su identidad. Las dos primeras décadas del siglo XX marcan, al igual que sucede en el resto de Europa, el fin del liberalismo decimonónico y la aparición de nuevas formas de entender el mundo, ambos fenómenos acrecentados por la Primera Guerra Mundial. Ortega fue uno de los principales promotores de una nueva política y de un “nuevo” Estado, que propagó desde las tribunas de sus conferencias y cursos y a través de los numerosos artículos que publicó en estos años.

La ingobernabilidad de España facilitó el golpe de Primo de Rivera (1923) y su dictadura, que, por cierto, no fue mal vista por muchos intelectuales españoles, entre ellos Ortega (al menos al principio), pues se consideró como un medio para hacer tabula rasa y configurar un nuevo modelo político. Poco tiempo tardaron en desvanecerse las esperanzas y, a pesar de algunos avances, la dictadura sólo sirvió para que florecieran las semillas de la República que llevaban tiempo germinando.

PROCLAMACION SEGUNDA REPUBLICALa llegada de la República y los tristes acontecimientos que la siguieron son por todos conocidos y no creo que haga falta repetirlos. Ortega, como muestra el profesor Jordi Gracia, fue siempre un fiel defensor de la República en los años previos a su proclamación, y llegó a obtener un acta de diputado una vez instaurada. Pero poco tiempo transcurrió hasta que su actividad política se viera interrumpida y diera la espalda a lo público para centrarse en lo filosófico. Uno de los principales esfuerzos de la obra consiste en explicar (o al menos tratar de comprender) las razones que llevaron a Ortega y Gasset a actuar del modo en que lo hizo, primero con la República y posteriormente con el franquismo.

Hay infinidad de detalles en el libro que hemos omitido para no extender en exceso esta reseña. La obra de Jordi Gracia es rica en matices y merece la pena leerla sosegadamente mientras diseccionamos la compleja personalidad de Ortega y Gasset, quien apoyado únicamente en su intelecto trató de encauzar él solo (tampoco querría que nadie le hubiese ayudado) el rumbo de un país perdido. Representó al intelectual comprometido, con ideas propias, ajeno a los extremos, cuyo principal cometido era inspirar al resto de sus conciudadanos, crítico de los políticos zafios y mediocres. Ortega fue, por todo ello, un hombre atemporal, y su presencia entre nosotros sería hoy más necesaria que nunca.

Jordi Gracia (Barcelona, 1965) es catedrático de literatura española en la Universidad de Barcelona y colaborador habitual de El País. Ha publicado varios libros de historia intelectual, entre ellos, Estado y cultura; La resistencia silenciosa, premio Anagrama de Ensayo 2004 y premio Caballero Bonald 2005; A la intemperie, con nuevas perspectivas en torno al exilio; y La vida rescatada de Dionisio Ridruejo. También ha escrito un ensayo sobre heterodoxos catalanes, Burgesos imperfectes, y es coautor con Domingo Ródenas del tomo de historia de la literatura española Derrota y restitución de la modernidad, 1939-2010. Y de 2011 es su panfleto contra el catastrofismo cultural El intelectual melancólico.

*Publicado por la editorial Taurus, mayo 2014.