URGOITI - ALFONSO EL BATALLADOR

Alfonso el Batallador
José María Larraca

Es probable que los nombres de Urraca I, Alfonso el Batallador, Alfonso VII, Diego Gelmírez, Pedro González de Lara, Enrique de Borgoña, Esteban de Huesca, Diego López de Haro o Gastón IV de Bearn no llamen especialmente la atención de los lectores. Todos ellos vivieron en un período de nuestra historia apenas conocido, al que el gran público no ha prestado excesivo interés. Nos hallamos en los inicios del siglo XII, momento en el que la Reconquista alcanza su punto álgido y los reinos cristianos han recuperado (y consolidado) grandes extensiones de terreno. Ciudades tan importantes como Toledo, Zaragoza y Valencia sucumben en estos años al empuje de los ejércitos cruzados, mientras el poder musulmán se descompone tras la desaparición del Califato y la proliferación de los reinos de taifas; tan solo la llegada de los almorávides va a detener el avance de los reinos del norte. Los nombres que hemos citado corresponden a los protagonistas de esta fascinante época.

Estudiar este período de nuestra historia tiene una cierta dificultad. Por un lado, las fuentes son escasas y parciales: las crónicas que han sobrevivido han de estudiarse con la oportuna cautela. Por otro lado, la situación política de los reinos cristianos es sumamente enrevesada: la autoridad real todavía no se ha impuesto y el poder de los nobles es considerable, sucediéndose las intrigas palaciegas a un ritmo desorbitado. Los historiadores son conscientes (o deberían serlo) de esa dificultad, pero al lego le cuesta comprender el encaje institucional, es decir, el tablero político de la Península en el siglo XII, que no puede analizarse desde una perspectiva actual, pues nada tendría sentido. Castilla, León, Portugal, Aragón… cuyas lindes son difusas y sujetas a constantes cambios, se van construyendo en estas décadas. La lucha contra el infiel es un objetivo común, pero nada impide que, a la vez, se sucedan con relativa frecuencia guerras civiles o de unos reinos cristianos contra otros.

En este contexto emerge una de las figuras más importantes de la Reconquista, Alfonso I de Aragón, más conocido como Alfonso el Batallador. Bajo su reinado, Aragón sufrió una “pequeña” revolución que le llevó a duplicar su territorio. Se le recuerda, en particular, por la toma de Zaragoza, por su complicado matrimonio con la reina Urraca I (la primera mujer que ostentó, sin ser consorte, el título de reina de León) y por sus correrías por Andalucía. Su muerte, tras la derrota en la batalla de Fraga, marcó el fin de una vida repleta de contiendas, viajes, intrigas y traiciones; y dio pie a uno de los testamentos más peculiares de nuestra historia: Alfonso dejó en mano de las órdenes militares de los Templarios, los Hospitalarios y los caballeros del Santo Sepulcro de Jerusalén, el destino del reino.

En 1978, el gran historiador José María Larraca publicó una de las biografías más interesantes sobre la figura del monarca aragonés. La editorial Urgoiti recupera este trabajo y lo acompaña con un completo estudio preliminar a cargo del profesor Fermín Miranda García. La obra del prestigioso medievalista, de marcado carácter divulgativo, ahonda en la figura del rey, pero también en el contexto político en el que se enmarca. Así lo explica el autor: “El estudio de una personalidad que ha alcanzado un puesto destacado en la vida pública deberá, forzosamente, incluir dos aspectos muy diversos: el estudio del hombre, de la psicología del personaje, de sus reacciones humanas —en lo que nos sea dado alcanzar—, y el estudio de su obra, de su actuación como gobernante, si se trata, como en este caso, de un rey cuya gestión personalísima fue decisiva para la formación de Aragón y para la trayectoria que había de seguir después los reinos peninsulares”. Y, más adelante, añade: “Los dos aspectos de la biografía —el humano y el político— que aquí se señalan, irán entremezclados en la exposición, sin que constituyan partes distintas de la misma: la personalidad del monarca se irá acusando en su obra, y al mismo tiempo la exposición de la historia política o interna permitirá dibujar mejor los rasgos más decisivos de su carácter”.

Como suele ser habitual en los libros que la editorial Urgoiti rescata del olvido, en esta nueva edición del clásico de José María Lacarra tanto hay que destacar el trabajo del historiador navarro sobre el monarca aragonés, como el no menos interesante estudio de Fermín Miranda sobre el autor. En España somos poco dados a ensalzar la labor de nuestros especialistas, razón por la que Lacarra apenas es conocido fuera de los círculos académicos, a pesar de la importancia que tuvo en la historiografía de nuestro país y, sobre todo, en la articulación de una historia de los reinos de Aragón y de Navarra alejada de mitos y leyendas. Si durante los primeros años del franquismo la historia imperial y de Castilla había ocupado un lugar hegemónico, figuras como la del profesor Lacarra fueron abriendo las puertas para investigar otras áreas de nuestro pasado y conseguir la profesionalización de la disciplina histórica.

De los trabajos que publicó el historiador navarro a lo largo de su vida, Urgoiti se ha decantado por uno de sus textos más divulgativos. La biografía de Alfonso el Batallador está pensada para llegar a un público amplio, que pueda apreciar la relevancia del monarca en el curso de la Reconquista. Durante sus treinta años de reinado (1104-1134), Aragón pasó de ser un pequeño reino, cuyas fronteras se circunscribían a lo que hoy sería el partido judicial de Jaca, a convertirse en una potencia peninsular equiparable a León. Lacarra analiza, siguiendo un orden cronológico, su infancia y el contexto político de Aragón en aquel momento; su llegada al trono (una serie de carambolas le hicieron ocupar la Corona); los primeros años de gobierno, en los que comienza a asentar su autoridad; el matrimonio con Urraca, quizás la parte de su vida más conocida, dada la turbulenta relación entre ambos cónyuges, con enfrentamientos militares de por medio, que concluyó con el repudio de Urraca por parte de Alfonso; la toma de Zaragoza (la gesta más relevante de su reinado); la espectacular expedición a Andalucía, que logró atraer a un gran número de mozárabes de Al-Ándalus; el intento de tomar Bayona; sus últimas campañas; y su famoso testamento.

Lacarra da cuenta de la relevancia de su biografiado en estos términos: “Si Aragón es lo que ha sido en la historia de España, se debe ante todo a Alfonso el Batallador. La gran extensión que en el curso de breves años alcanzó el reino vino a alterar también el papel que en la Reconquista peninsular jugaban los distintos territorios cristianos. Hasta entonces el reino de Castilla-León se atribuye la dirección de la Reconquista […]. Tras la magna empresa del rey de Aragón el panorama cambia totalmente: frente al grupo central formado por los reinos de Castilla y León, se alza el grupo de Aragón y Cataluña, que aspira a reconquistar todas las tierras comprendidas entre el macizo ibérico y el mar”.

En poco más de doscientas páginas, escritas con un lenguaje sencillo, tenemos la oportunidad de conocer a uno de los personajes más interesantes de la Edad Media española, cuya figura, olvidada por la inmensa mayoría, fue esencial en la articulación de la Reconquista. Su biografía es, además, apasionante, y no solo porque nos permite recuperar uno de tantos períodos de nuestro pasado que han sido relegados. Vale la pena adentrarse en la vida de Alfonso el Batallador y, de paso, no estaría tampoco mal que honrásemos a aquellos especialistas que, alejados de toda intención partidista, buscaron, como Lacarra, defender y reivindicar la historia de nuestro país.

José Mª Lacarra (1907-1987) fue uno de los más destacados medievalistas españoles del siglo XX. Especializado en la historia de los reinos de Aragón y Navarra, se interesó por la edición crítica y el estudio de los fueros medievales, así como de las instituciones medievales de ambos reinos. Formado en el Centro de Estudios Históricos junto a Sánchez Albornoz, desde 1940 regentó la cátedra de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza. Fundó el Centro de Estudios Medievales de Aragón, impulsó la Institución Príncipe de Viana y las Semanas de Estudios Medievales de Estella. Promovió, además, revistas como los Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, o Aragón en la Edad Media. Entre sus obras destacan la edición de fuentes (Documentos para el estudio de la Reconquista y repoblación del valle del Ebro), las síntesis (Historia del reino de Navarra en la Edad Media) y las biografías.

*Publicado por Urgoiti Editores, noviembre 2018.