GRANDE - CRITICA - 1177
1177 a.C. El año en que la civilización se derrumbó
Eric H. Cline

No vamos a discutir ahora si la historia es cíclica o lineal, si los mismos hechos se repiten una y otra vez o si cada época es única. Tampoco rebatiremos o apoyaremos la máxima ciceroniana de “quien olvida su historia está condenado a repetirla”, cuestión que, como las anteriores, no es sino una más de las preguntas clásicas de la historiografía y requeriría páginas y más páginas de sesudas reflexiones para, probablemente, no hallar nunca una conclusión definitiva.

¿Por qué empezar entonces de esta forma una reseña? Pues porque la obra del profesor Eric H. Cline, 1177 a.C. El año en que la civilización se derrumbó*, parte de una premisa bastante “original” ¿Y si el mundo en el que hoy vivimos no fuese tan diferente del de hace tres mil años? No queremos confundirles, no quiere esto decir que toda la obra de Cline se reduzca a superficiales comparaciones entre civilizaciones, en absoluto. Por el contrario, estamos ante un magnífico libro de historia que analiza un momento concreto de nuestro pasado (los siglos XV a XII antes de Cristo). No obstante, y ya desde el prefacio, el arqueólogo estadounidense reflexiona sobre los puntos en común de ambos mundos.

Así lo explica Cline al inicio de su trabajo: “Quizás algunos den por sentado que no cabe establecer ninguna comparación válida entre el mundo de la Edad del Bronce tardía y nuestra cultura actual, de matriz tecnológica. Sin embargo, existen tantas similitudes entre ambos mundos […] que mirar más desde cerca los acontecimientos, pueblos y lugares de una era que existió hace más de tres milenios es más que un mero ejercicio académico de estudio de la historia antigua”. Más adelante añade: “En la historia solo ha habido pocos ejemplos de sistemas mundiales tan globalizados. El que existió durante la Edad del Bronce tardía y el que hoy tenemos son dos de los ejemplos más obvios y, en ocasiones, los paralelos –comparaciones quizás sea un término más acertado– son fascinantes”.

BATALLA EGIPCIOS PUEBLOS MAREn la mayoría de nuestras reseñas solemos aconsejar al lector que huya de las creencias generalizadas y aborde cada texto libre de prejuicios y con la mente prácticamente en blanco. Una vez más, recomendamos a quienes se animen a leer la obra de Cline que olviden las concepciones tradicionales según las cuales el punto de partida de la sociedad “civilizada” sería la Grecia clásica. Mucho antes de que floreciesen la Atenas de Pericles o la Grecia de Alejandro Magno ya existían civilizaciones cuya organización política, económica o cultural habían alcanzado un espectacular grado de desarrollo. En Egipto, en Mesopotamia, en Anatolia, en Creta o en Chipre encontramos imperios o reinos cuyos estándares “civilizatorios” nada tienen que envidiar a los de nuestra historia más reciente.

Una de las grandes incógnitas de la Historia Antigua es precisamente descubrir la causa (o las causas) que llevaron a un mundo tan avanzado y civilizado como era el del siglo XIII a.C., a colapsarse y derrumbarse en tan solo unas décadas. Contamos con numerosos testimonios arqueológicos que dan fe de la destrucción sufrida por algunos pueblos durante este período; sin embargo, apenas tenemos pruebas (y las que hay están sujetas a un fuerte debate académico) de quiénes o qué motivos provocaron dichas destrucciones. Eric H. Cline busca con esta obra reunir todas las teorías (científicas, obviamente) planteadas sobre las causas que provocaron el derrumbe de las civilizaciones de la Edad del Bronce y arrojar un poco de luz sobre esta intrigante cuestión, aún hoy lejos de resolverse.

Podemos dividir la obra en tres secciones convencionales: un antes (la más extensa), un durante y un después del año 1177 a.C. Los primeros capítulos están dedicados a contextualizar la situación en la que se encontraba el Mediterráneo Oriental durante los siglos XV a XIII a.C. No podemos resumir aquí todos los reyes y civilizaciones que repasa Cline en estos capítulos, aunque debemos llamar la atención sobre un punto al que el arqueólogo estadounidense otorga una notable importancia: la interconexión y la globalización de los distintos reinos e imperios durante este período. Muchas de las tablillas encontradas en los yacimientos, así como los restos arqueológicos descubiertos, muestran la fluida comunicación que existía entre los distintos dirigentes y el constante flujo de mercancías entre centros comerciales.

UGARITQue Cline opte por titular su obra 1177 a.C. tiene más de simbólico que de histórico. Por supuesto, el colapso que sufrieron las civilizaciones mediterráneas no tuvo lugar en un solo año o en un momento concreto, sino que se produjo progresivamente iniciándose el proceso varias décadas atrás. Cline advierte de esta circunstancia ya desde el comienzo del libro. ¿Por qué titular entonces de este modo su trabajo? Pues porque en ese año se enfrentaron en una gran batalla los ejércitos del egipcio Ramses III y los denominados Pueblos del Mar. Aunque los egipcios salieron victoriosos (parece que fueron los únicos capaces de hacer frente a esta temible y desconocida fuerza), la gloria del Imperio Nuevo egipcio se desvaneció y pasarían doscientos años hasta que Egipto volviera a recuperar su importancia.

¿Qué sucedió a finales del siglo XIII y principios del XII para que civilizaciones tan avanzadas sucumbiesen de forma radical? No tenemos la respuesta y es poco probable que alguna vez la tengamos. Cline, como ya hemos dicho, reúne (y explica) las diversas teorías que se han planteado sobre esta cuestión, agrupándolas en cinco grandes “posibilidades”: causas naturales (terremotos); un cambio climático que provocó sequías y hambrunas; rebeliones internas; una invasión exterior (será aquí donde entren en juego los misteriosos “Pueblos del Mar”) o la interrupción de las redes comerciales. Todas tienen algún fundamento sólido en su apoyo, pero también presentan lagunas o incógnitas de modo que no pueden explicar por sí solas un derrumbamiento tan generalizado como el que abocó al fin de la Edad del Bronce.

El arqueólogo estadounidense parece decantarse más por una solución plural en la que intervienen diversos factores, presentes en las cinco hipótesis. Acude a la “teoría de la complejidad” como instrumento para sostener sus argumentos: “Antes que concebir un final general apocalíptico –sin olvidar que algunas ciudades y reinos, como Ugarit, sí parecen haber sucumbido entre llamas y violencia–, sería mejor imaginar que el fin de la Edad del Bronce tardía se produjo por una desintegración caótica, pero progresiva, de áreas y lugares que habían sido importantes y habían estado en contacto mutuo, pero ahora estaban debilitados y aislados, como Micenas, por los cambios internos o externos que afectaron a una o más de las partes integrantes del sistema complejo. Es evidente que estos daños habrían causado un trastorno grave en la red”.

Ramses_II_at_KadeshLas fuentes que utiliza Eric H. Cline para construir su relato son muy variadas. Quizás sorprenda el gran número de documentos escritos que han sobrevivido más de tres mil años (generalmente tablillas de arcilla). Por su parte, los yacimientos arqueológicos son la prueba más palpable de la destrucción que se produjo en aquella época: los restos de las ciudades (muchos, no todos) atestiguan la intervención del hombre como principal causa de su ruina. También se citan en el libro los trabajos de los especialistas más reconocidos y se incluyen las conclusiones que han obtenido con sus investigaciones. Contamos de este modo con una visión muy completa y verosímil de los sucesos (que no las causas) ocurridos en las décadas previas al fatídico 1177 a.C.

¿Qué sucedió tras el fin de la Edad del Bronce? Cline nos da la respuesta: “Aunque hubo cierta continuidad en algunas zonas –en particular, con los neoasirios en Mesopotamia–, en su conjunto fue un tiempo para una serie nueva de potencias, un nuevo comienzo con nuevas civilizaciones […]. De las cenizas del viejo mundo surgió el alfabeto y otros inventos, por no mencionar un incremento muy intenso del uso del hierro, que dio nombre a la nueva era: Edad del Hierro. Es un ciclo que el mundo ha visto una y otra vez, hasta el punto de que muchos han llegado a creer que es un proceso inexorable: el ascenso y la caída de los imperios, seguida por el ascenso de nuevos imperios que, con el tiempo, caerán y serán sustituidos igualmente por imperios aún más nuevos, con una estructura repetida de nacimiento, crecimiento y desarrollo, decadencia o destrucción y, por último, renacimiento en una nueva forma”.

Eric H. Cline es profesor de clásicas y antropología y director del Capitol Archeological Institute en la Universidad George Washington. Es un arqueólogo activo que ha realizado y supervisado excavaciones en Grecia, Creta, Chipre, Egipto, Israel y Jordanía.

*Publicado por la editorial Crítica, enero 2015.