SIGLO XXI - MASACRE COMUNA DE PARIS

Masacre. Vida y muerte en la Comuna de París de 1871
John Merriman

Hay acontecimientos en la Historia cuya influencia trasciende los momentos en que tuvieron lugar. Pasan los años y su memoria sigue estando vigente, continúan siendo objeto de estudio y admiración y, frecuentemente, devienen referencias históricas. Muchos de ellos, lo que no deja de ser paradójico, fueron sucesos que acabaron mal o en derrotas. El movimiento comunero, la Revolución francesa, la Constitución de Cádiz, la Segunda República… no lograron perpetuarse en el tiempo y su vigencia fue efí­mera: ninguno superó la docena de años. No obstante, su legado y sus ideas han sobrevivido. Lo que sus hechos no alcanzaron a lograr, lo han conseguido sus principios. Son hitos del pasado que nos ayudan a explicar nuestro presente. La Revolución francesa degeneró en el Terror y luego en un Imperio, pero la democracia occidental no se entendería sin retrotraernos al agitado Parí­s de finales del siglo XVIII.

En la Ciudad de la Luz tuvo lugar otro de estos sucesos cuya repercusión sigue sintiéndose, más de un siglo después. La Comuna de Parí­s de 1871 fue un movimiento espontáneo y anónimo que llevó al poder a las clases más bajas. El hastío que generaba el Imperio de Napoleón III y la apabullante derrota francesa frente a los ejércitos prusianos provocaron que el descontento social se canalizase en la revuelta de los barrios más humildes y en la descomposición del poder imperial. El pueblo tomó la calle y ocupó las instituciones parisinas, mientras los soldados prusianos acampaban a las afueras de la ciudad y el ejército francés, que había aceptado una deshonrosa paz, trataba de recomponerse en Versalles. Sin líderes visibles y con una influencia palpable de las nuevas corrientes políticas, como el anarquismo y el socialismo, los comuneros lograron durante un mes escaso establecer un nuevo régimen revolucionario. Su final sangriento y desolador solo hizo acrecentar su leyenda.

El historiador estadounidense John Merriman explora en Masacre. Vida y muerte en la Comuna de París de 1871* la raíces y el desarrollo de este experimento político anegado por la sangre y el fuego de la represión del Estado. En palabras del autor, “El nacimiento y la destrucción de la Comuna de París, uno de los acontecimientos más trágicos y definitorios del siglo XIX, resuenan todavía hoy en las calles de París, donde el Ejército de Thiers asesinó a miles de hombres y mujeres ordinarios y, en ocasiones, también a niños. Los soldados ejecutaron a muchos por su participación en la defensa de la Comuna; otros murieron debido a su atuendo como trabajadores, restos de un uniforme de la Guardia Nacional o simplemente por su ocupación o su manera de hablar que los marcaba para la muerte. Las matanzas llevadas a cabo por las tropas francesas contra sus propios compatriotas anticiparon los demonios del siglo siguiente. Se podía ser abatido a tiros por ser quien se era, por querer ser libre. Este pudo ser el significado último de la Semana Sangrienta, del 21 al 28 de mayo de 1871, la mayor masacre en Europa durante el siglo XIX. La vida y muerte de la Comuna de París todavía resuenan hoy”.

El París de los meses previos a la Comuna está lleno de contrastes. El barón Haussmann proyecta la expansión de la ciudad con sus largas avenidas y centros comerciales y los grandes patrimonios de la ciudad construyen hermosos edificios. A finales del siglo XIX, París vive un momento de esplendor con una población que prácticamente se duplica en pocos años. El lujo, la ostentosidad, la buena vida y el arte conviven alegremente a las orillas del Sena. El régimen impuesto por Napoleón III se apoya en las clases pudientes y les otorga todo tipo de beneficios. Frente a la comodidad y la pomposidad de los barrios ricos, existe otra París más miserable y pobre, que lucha por sobrevivir día a día. Expulsados del centro de la ciudad por los proyectos de reforma, trabajadores y artesanos se hacinan en los barrios de la periferia, como Montmartre. Fue en esos barrios donde prendió la mecha de la Comuna. De ellos saldrán los hombres y las mujeres que se alistarán en la Guardia Nacional para enfrentarse al ejército de Versalles.

La victoria de la Comuna solo se puede explicar por la derrota francesa en el campo de batalla. El emperador, ansioso por recuperar el prestigio y su autoridad, muy cuestionada en ese momento, se lanzó ciegamente a una guerra (cuyo detonante, por cierto, fue la elección del monarca español) contra Prusia, que supuso el fin del Imperio. Tal fue el desastre que el propio Napoleón será apresado por las tropas germanas. El vací­o de poder y la deslegitimación del régimen dieron paso al espontáneo llamamiento de las clases bajas. Se intentó sofocar el levantamiento con los restos de un ejército en descomposición, pero fue inútil y los soldados (acompañados por ricos y políticos) tuvieron que retirarse. La Comuna se proclamó en París.

COMUNA DE PARIS - GUARDIAS EJECUTADOS

Merriman estudia con detalle estos sucesos, que le sirven como introducción de su trabajo. El núcleo de la obra no es abordar, sin embargo, las medidas políticas que promulgó la Comuna, aunque también son tratadas, ni estudiar las raíces ideológicas que la promovieron, sino relatarnos la supervivencia de la Comuna frente a los denodados esfuerzos de Adolphe Thiers, jefe conservador del gobierno provisional, por hacerla fracasar. La existencia del nuevo régimen político fue exigua y apenas pudo aplicar ninguna medida que perdurase; su historia, por tanto, es más la historia de un asedio que la de un movimiento revolucionario coherente. Y así­ lo refleja el libro de Merriman, levantando acta de la lucha encarnizada entre dos bandos que se odiaban y que no dudaron en utilizar la violencia extrema contra sus adversarios, pero también contra civiles inocentes.

El historiador americano intenta permanecer objetivo durante todo el trabajo. Aunque su simpatía por la Comuna se deja entrever en algunas ocasiones, no le impide criticar los excesos que cometieron los comuneros. Sin embargo, la mayor parte del libro está destinada a mostrar la implacable represión que llevó a cabo el ejército de Versalles contra los parisinos, una masacre brutal que acabó con la vida 15.000 personas.

Resulta muy interesante la aproximación de Merriman a los hechos que describe. En vez de exponerlos de forma secuencial, se apoya en las experiencias personales (normalmente de estadounidenses que, por una u otra razón, se hallaban en París en aquel momento) y en las biografías de individuos más o menos conocidos (el pintor Coubert, el arzobispo de París Georges Darboy, el revolucionario Rigault o el polaco Jaroslaw Dombrowski, entre otros muchos) para hilvanar su trabajo, en el que, por cierto, las mujeres parisinas ocupan un lugar preminente. No se atiene solo a los frí­os datos, con lo que nos permite entender cómo fue la vida en la Ciudad de la Luz en aquellos convulsos días.

Concluimos con estas palabras del historiador estadounidense: “Aquel año el 14 de julio [1880], Día de la Bastilla, fue celebrado por primera vez como una fiesta nacional. Miles de personas recibieron a Louise Michel en la estación de Saint-Lazare cuando regresó a Francia en noviembre de 1880. Los primeros partidos socialistas franceses de masas cobraron forma durante las dos décadas siguientes. Los sindicatos franceses crecieron con fuerza tras su legalización en 1881. Poco a poco el dominio del discurso versallés en la memoria colectiva de la Comuna de París se fue borrando. Con el afianzamiento de la Tercera República, sobre todo con las elecciones nacionales a principios de la década de 1880, la Comuna comenzó poco a poco a ser entendida como un monumento fundacional, aunque controvertido, de su historia. Luego se ha convertido en un acontecimiento importante y positivo en la historia nacional francesa”.

John Merriman es Charles Seymour Professor of History en la Universidad de Yale, donde enseña francés e Historia Moderna Europea. Entre sus libros encontramos The Dynamite Club: How A Cafe Bombing Ignited the Age of Modern Terror (2009), Police Stories: Making the French State, 1815-1851 (2005), y The Stones of Balazuc: A French Village in Time (2002).

*Publicado por Siglo XXI Editores, abril 2017. Traducción de Juan Mari Madariaga.