LAFUENTE - INSTITUCION FERNANDO CATOLICO - REINO EN ARMAS
Un reino en armas. La guerra de los Dos Pedros en Aragón (1356-1366)
Mario Lafuente Gómez

En 1356 comenzaba un nuevo conflicto entre la Corona de Castilla y la de Aragón. No fue la primera, ni tampoco sería la última, guerra entre los dos reinos vecinos pero quizás sí la más importante. Los recursos empleados por los dos contendientes, las ramificaciones internacionales que adquirió el enfrentamiento y las consecuencias de su resultado final convierten a la denominada “Guerra de los dos Pedros” en uno de los conflictos más relevantes de la Baja Edad Media peninsular.

Los motivos de la contienda son numerosos y complejos. Por una parte, Castilla quería recuperar los territorios que había tenido que ceder a Aragón en la frontera de Murcia, desde el reinado de Fernando IV. Además, Pedro I de Castilla reprochaba a Pedro IV de Aragón que hubiese acogido a los rebeldes sublevados contra él. Por su parte, la presencia de los conocidos como Infantes de Aragón en la Corte castellana era un foco de inquietud para Pedro IV. Todo ello, enmarcado a escala internacional en la Guerra de los Cien Años y en las relaciones entre los dos reinos y Génova. En cierto modo, lo que estaba en juego no era otra cosa que la hegemonía peninsular.

La guerra duró una década aunque, como era habitual en la Edad Media, no se trató de un enfrentamiento continuado: tuvo distintas fases con treguas y paces esparcidas entre ellas. En un primer momento fueron los ejércitos castellanos quienes tomaron la iniciativa (conquista de Alicante y Tarazona, victoria en Gibraleón o expedición naval contra Barcelona e Ibiza). Poco a poco y gracias a la intervención de Enrique de Trastámara las fuerzas se fueron igualando (victoria aragonesa en la batalla de Araviana, compensada con la posterior derrota en Nájera). La infructuosa Paz de Terrer (1361) y el incumplimiento del Tratado de Molviedro (1363) dieron paso a una ofensiva castellana en el Reino de Valencia que puso en graves aprietos al monarca aragonés, quien, instado por el Trastámara, solicitó ayuda a Francia.

BATALLA NAJERALa intervención de las Compañías Blancas dirigidas por Beltrán du Guesclin provocó que el campo de batalla se trasladase a Castilla, dando comienzo una guerra civil entre los partidarios de Pedro I y los de Enrique de Trastámara (que se había proclamado rey de Castilla en Calahorra en 1366). Acorralado como estaba, Pedro I contrató los servicios de Eduardo, el Príncipe de Gales, para hacer frente a la acometida francesa. En la segunda batalla de Nájera (1367) los arqueros ingleses vencieron a las tropas de Enrique de Trastámara, quien tuvo que refugiarse en Francia. El enfriamiento de las relaciones entre Pedro I y los ingleses dio una nueva oportunidad a Enrique para lanzarse a la conquista de Castilla. Tras la derrota de los pedristas en la batalla de Montiel (1369), se concertó un encuentro entre Enrique y Pedro, que fue aprovechado por aquél para asesinar a su oponente. Así concluía la Guerra de los Dos Pedros y tenía lugar el cambio dinástico en la Corona de Castilla.

La obra de Mario Lafuente Gómez, Un reino en armas. La guerra de los Dos Pedros en Aragón (1356-1366)*, analiza el conflicto desde una óptica distinta a la historia militar. No encontrarán en sus páginas alusiones a estrategias o tácticas bélicas, ni negociaciones diplomáticas entre los dos oponentes, ni tan siquiera un estudio sobre las causas y el desarrollo de la contienda. Mario Lafuente se centra en el aspecto económico y social de la guerra, circunscribiendo su análisis al Reino de Aragón. Estamos ante un trabajo académico (de hecho el trabajo parte su tesis doctoral) destinado a un público muy especializado. Quien busque un libro de historia política al uso, se equivocaría con éste.

Ahora bien, su interés como obra “técnica” es innegable, pues aborda una temática poco estudiada, la organización de un reino en guerra durante la Edad Media; y un período concreto muy relevante, ya que la Guerra de los Dos Pedros trajo consigo transformaciones significativas en el entramado institucional aragonés, entre las que destacan la aparición de las condiciones necesarias para el establecimiento de las Diputaciones del General en los tres reinos de la Corona. En palabras del autor: “El propósito de este libro es, precisamente, situar la guerra de los Dos Pedros en el centro de la investigación, para tratar de definir en qué medida constituyó un contexto decisivo en el cambio social e institucional experimentado por uno de los Estados implicados más directamente en el conflicto, como fue el Reino de Aragón“.

RETRATO PEDRO IV EL CEREMONIOSOLa imperiosa necesidad del monarca aragonés por obtener hombres y financiación que le permitieran hacer frente a un poderoso enemigo sirve a Mario Lafuente para reconstruir la estructura de la Corona de Aragón. Sólo quien desconozca el funcionamiento de la sociedad medieval puede llegar a creer (de forma equivocada) que el rey disponía de total autonomía para manejar los recursos del “Estado”. Todo lo contrario. El monarca debía negociar, normalmente a cambio de generosas compensaciones, con las Cortes, los nobles, las ciudades y el estamento eclesiástico para obtener ingresos con los que sufragar los costes de la guerra. Un reino en armas es, en cierto modo, la exposición de los pactos alcanzados durante la contienda entre los agentes económicos y sociales del Reino con la Corona y del nuevo equilibrio político que se logró entre ellos.

En su afán por mostrarnos el proceso de cambio social e institucional del Reino de Aragón, Mario Lafuente se centra en tres factores: el ejército, la financiación y la organización del sistema castral. Todo ello en un contexto en el que la guerra es entendida como “una estrategia de dominación esencial dentro del sistema feudal, y, al mismo tiempo, como un factor determinante para la configuración de principios ideológicos y estructuras institucionales capaces de encuadrar a todo el cuerpo social“.

El primer factor analizado es el ejército. Mario Lafuente estudia el sistema de reclutamiento o de movilización de las tropas aragonesas. Aunque no existen cifras definitivas, estima el número de efectivos de caballería que combatieron entre un mínimo de 1.757 en los primeros meses de la guerra y un máximo de 4.105 en 1357. Dilucidar la procedencia de estas unidades constituye el núcleo de este capítulo que refleja, además, el orden social establecido en el Reino (quienes combatían solían ocupar las posiciones más elevadas). También aborda en él cómo se organizó la dirección del ejército, a través de la lugartenencia o de las capitanías territoriales, entre otros oficios de responsabilidad militar.

CASTILLO DE MONZONEl segundo aspecto estudiado es la financiación (o “los medios empleados por el rey de Aragón para dotar económicamente el despliegue militar realizado para la defensa del reino“). Al leer en este capítulo los mecanismos de que disponía la Corona para captar ingresos, podremos comprender mejor el funcionamiento “pactista” del Reino de Aragón y la influencia ejercida por las Cortes y los Parlamentos en la gestión de las cuestiones de Estado. Influencia que, además, se verá incrementada como consecuencia de la guerra y se mantendrá una vez acabada ésta. Mario Lafuente analiza tanto los recursos ordinarios de la monarquía como las contribuciones otorgadas por las Cortes o las operaciones de crédito, es decir, el conjunto del sistema fiscal aragonés.

El último factor estudiado es el sistema castral. No hay edificio más característico de la Edad Media que el castillo, cuyas funciones desbordaban las propias de una simple estructura defensiva para asumir otras muchas dentro del ámbito local, además de servir como una red de circulación del patrimonio real y de ascenso social para la nobleza. En este capítulo, por tanto, encontramos referencias a las fuentes de financiación de estos enclaves, a su mantenimiento y a las personas encargadas de su gestión.

Mario Lafuente Gómez es doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza, en la que actualmente desarrolla su labor docente e investigadora como profesor ayudante doctor de Historia Medieval y miembro del Grupo de Investigación Consolidado CEMA. Su principal línea de investigación se centra en el estudio de la guerra, el poder y la fiscalidad en el sistema de Estados peninsulares y mediterráneos en los siglos XIV y XV. Entre sus obras destacan: Guerra en ultramar. La intervención aragonesa en los dominios de Cerdeña (1354-1355) y Dos Coronas en guerra. Aragón y Castilla.

*Publicado por la Institución Fernando el Católico, 2014.