GRANDE - ACANTILADO - SCHOENBERG
Schoenberg
Charles Rosen

Escribir sobre Arnold Schoenberg siempre implica un encuentro con la controversia. Recientemente un periódico generalista de nuestro país publicó un pequeño artículo sobre él bajo el título “El compositor más odiado de la historia”. Grandilocuencias aparte, es cierto que la figura del compositor austriaco, profeta y fundador de la Segunda Escuela de Viena, no ha dejado indiferente a nadie que se le haya acercado.

El corpus schoenbergiano, tanto el teórico como el musical, ha sido quizá de los que más influjo ha tenido para sucesivas oleadas de músicos. Aunque no llegue a la omnicomprensiva influencia de Bach o Beethoven –incluyamos también a Liszt– sin Schoenberg sería difícil concebir la música de Berg y Webern (sus discípulos directos), pero tampoco la de Stockhausen o las concepciones musicales de Pierre Boulez y John Cage. Todo lo que el serialismo y sus descendientes han venido representando en los últimos sesenta o setenta años se encuentra recogido, de forma más o menos implícita, en el método dodecafónico primigenio.

Para muchos críticos y oyentes Schoenberg, sin embargo, representa el inicio de la decadencia. Existe una afirmación bastante extendida –recogida en este libro por el autor– según la cual la música terminó con Debussy; de ahí hacia delante se trata ya de otra cosa totalmente distinta. Aquéllos, aun aceptando la relevancia de Stravinski, niegan a Schoenberg cualquier condición de compositor auténtico y alegan que lo que él hizo fue justamente acabar con la música al convertirla en un mero instrumento inequívocamente lógico-matemático y abstraído de cualquier consideración estética.

La virulencia de la disputa en torno a Schoenberg justifica la presencia, y la lectura, de un ensayo como el que aquí se reseña. Una figura que genera tal nivel de rechazo y controversia siempre está necesitada de intérpretes que hagan accesible su obra a audiencias neófitas. De este modo, los recovecos y las dobladuras más enconadas de la Segunda Escuela de Viena pierden su matiz de complejo impenetrable. No es cosa fácil, porque la poderosa carga intelectual del músico vienés siempre supondrá una barrera ardua de superar, barrera que el autor consigue hacer salvable. Es entonces cuando la figura de Schoenberg adquiere la justa relevancia que merece, cuando se desvela el compositor de genio capaz de expresar una singularidad envidiable para muchos otros músicos. Por eso el autor se ve en la necesidad de explicar que “la originalidad requiere la exploración de un universo creado por uno mismo pero suficientemente rico y coherente como para ofrecer posibilidades de trascender su carácter individual”.

Charles Rosen, autor del ensayo, es musicólogo y pianista de profesión. Por este motivo, su obra Schoenberg* contiene ciertos pasajes de una excesiva complejidad para el lector que carezca de una previa y considerable formación musical. Y no sólo por deformación profesional del autor, sino porque el material objeto de análisis es de lo más complejo que uno puede encontrar en la historia de la música.

ARNOLD SCHONBERGEl libro se compone de cuatro capítulos, precedidos de un prólogo y seguidos de una cronología y bibliografía adicionales. El primero de ellos, bajo el título de Expresionismo, aborda la etapa inicial de la vida musical de Schoenberg. Comprende, a grandes trazos, el periodo entre su primera composición, el Cuarteto para cuerdas en re mayor, y la Primera Guerra Mundial. Durante estos años, sobre todo al final, se estrenaron algunas de las piezas que más notoriedad le dieron, como Pierrot Lunaire. Es un periodo que engarza directamente con las corrientes expresionistas de la órbita germánica de principios de siglo, aquella que asumía los postulados artísticos de Kandinsky cuando afirmaba que “no tiene importancia si el artista usa una forma real o abstracta. Ambas tienen su igual significado interior”.

El segundo capítulo tiene por objeto el análisis de la atonalidad en la obra de Schoenberg. Cogiendo el hilo dejado por compositores como Debussy y el Strauss de “Salomé” y “Electra”, Rosen estudia la relación de la música schoenbergiana con la atonalidad finisecular y su posterior evolución.

Es en el tercer capítulo donde la Segunda Escuela de Viena adquiere un protagonismo más intenso, si bien menos musical. Con el título “La Sociedad de Conciertos Privados”, el autor nos describe la vida de los tres compositores en el periodo de entreguerras y su lucha por conservar la pureza de la música y salvarla del público ignorante y consumista. Advierte aquí Rosen que “la crisis planteada por la concepción de la música como artículo de consumo no se resuelve tratando de que pueda ser más fácilmente vendida o intentando educar al público comprador”.

El último capítulo se refiere a la tradicional contraposición entre el serialismo y el neoclasicismo, disputa que siempre se ha enmarcado en el binomio Schoenberg- Stravinski. Rosen defiende lo equivocado de plantear siquiera la existencia de un verdadero conflicto. Analiza el método dodecafónico y su auténtica utilización en la música de Schoenberg para luego mostrar los vínculos que le unen a las corrientes neoclásicas, tradicionalmente vinculadas al magistral compositor ruso.

Nos encontramos por tanto ante una monografía de ensueño, que permite adentrarse con una facilidad pasmosa en el universo musical del maestro vienés.

Charles Rosen (Nueva York, 1927 – 2012) fue pianista profesional, profesor de música en la State University de Nueva York y autor de diversos ensayos, como The Classical Style: Haydn, Mozart, Beethoven, un libro por el cual se le otorgó el American National Book Award.

*Publicado por la editorial Acantilado, septiembre 2014.