GRANDE - EDICIONES 19 - PERPETUAR DISTINCION
Perpetuar la distinción. Grandes de España y decadencia social, 1914-1931
José Miguel Hernández Barral

Señor: lo mudable de los tiempos ha transformado por completo el vivir de la aristocracia. Perdidas las jurisdicciones y disipadas las riquezas, los nombres, por gloriosos que sean, no pueden de suyo significar hoy lo que antaño significaban… La sociedad discurre por cauces que conducen a la nobleza que cada cual sepa crearse con su actuación ciudadana en la vida pública y ese es el estímulo para que continuemos la Historia de España, laborando todos por la Patria y por el Rey”. Así expresaba el duque de Medina Sidonia en 1919 su sentir acerca del papel que la nobleza representaba (o debía representar) en la sociedad española a principios del siglo XX.

Todas las civilizaciones, antiguas o modernas, han contado con un reducido número de personas, normalmente agrupadas en núcleos familiares, que ostentaban una posición privilegiada dentro de los órganos de poder de cada sociedad. Familias, clanes, castas… el nombre ha variado pero la esencia ha sido siempre la misma. Con la aparición del feudalismo se denominó a estas “elites” nobles y su estatus permaneció prácticamente inalterado hasta la llegada de la Revolución francesa y la Revolución Industrial. Ambos fenómenos rompieron el orden establecido y la posición hegemónica que ocupaba hasta entonces la nobleza. Ahora bien, la pérdida de privilegios durante el siglo XIX no supuso la inmediata desaparición de esta clase social, sino que desencadenó un proceso de reorganización y adaptación a resultas del cual el concepto de nobleza –y su papel dentro de la sociedad– se transformó radicalmente. Aún hoy sigue habiendo “nobles” aunque el título ya esté vacío de significado.

En España también se dio este mismo proceso. Quizás no de forma tan abrupta como en el país vecino, pero acabó por socavar la pirámide social que había sostenido al Antiguo Régimen. Los cambios políticos, sociales y (especialmente) económicos que se produjeron durante el siglo XIX relegaron a la nobleza a una situación a la que no estaba acostumbrada, lejos de los resortes de poder y sin contar con los recursos para imponer su voluntad. No obstante, seguía conservando un aura de prestigio y autoridad dentro de la sociedad española y una envidiable cercanía al monarca. La llegada del siglo XX acentuó las contradicciones internas y ahondó en una decadencia ya inexorable. Por supuesto, hubo notables excepciones y no todos los nobles se resignaron a su suerte. Muchos lograron adaptarse a las nuevas corrientes y convertirse en importantes figuras de su tiempo, más por sus acciones que por sus nombres o apellidos.

FIESTAS NOBLEZA SIGLO XXEl profesor José Miguel Hernández Barral analiza en su obra Perpetuar la distinción. Grandes de España y decadencia social, 1914-1931* este complejo (y poco conocido) ocaso de la nobleza española a principios de siglo XX. En palabras del propio autor, “A lo largo de estas páginas se ha ofrecido una interpretación sobre la Grandeza de España entre 1914 y 1931 centrada en el papel cambiante que desempeñaron en la sociedad española de esos años y su disolución como grupo social de prestigio. […] También se ha estudiado su dimensión política y económica, si bien su peso en la sociedad parecía señalar otros ámbitos donde era necesario hacer un mayor esfuerzo por definir su atractivo, una serie de factores que les distinguían en la mente de muchos. Al poner en relación esos aspectos político-económicos con aquellos de carácter social, se captaba con más profundidad el fondo de unos elementos definidos como signos de distinción social. Se trataba de la Historia y del nacimiento, entendido éste como continuidad y pertenencia a una familia, los cuales pasaban a un segundo plano poco a poco, demostrando ser de una adaptabilidad asombrosa a situaciones distintas”.

Existe la equivocada percepción de que gran parte de los títulos nobiliarios se remontan a tiempos inmemoriales. La realidad, bien distinta, muestra cómo muchas de las familias nobiliarias que transitan por el siglo XX tienen su origen en la centuria anterior. Por supuesto, hay títulos que gozan de una considerable antigüedad (Alba, Medina Sidonia, Infantado, Santa Cruz, Fernán Núñez…) pero priman los de nueva creación. Resulta muy significativo observar entre quienes acceden a la nobleza (e incluso a la Grandeza) hombres de negocios, industriales, banqueros… reflejo de los cambios que se están produciendo en el seno de la sociedad española. La concesión de títulos se convierte en una recompensa a los servicios prestados al país (otras veces es un mero capricho de alguna personalidad poderosa o bien conectada), pero carente de las implicaciones simbólicas y de vasallaje que acompañaban a su recepción siglos atrás.

La obra, como explica el autor en su introducción, “se configura en tres bloques bien diferenciados”. El primero analiza “los ennoblecimientos que se produjeron en esos momentos y la vida de sociedad que se transmitía en la prensa con ellos como principal protagonista” durante la década de 1910, así como los cambios producidos a comienzos de los años veinte. El segundo bloque aborda “la posición política y económica de los Grandes durante el periodo 1914 a 1931”. El tercero estudia los mismos temas tratados en el primero hasta la llegada de la República, años en los que “hubo pasividad para intentar cambiar la situación a su favor. Sin embargo, otras actitudes permiten abordar su decadencia como grupo social de prestigio ofreciendo interesantes interpretaciones sobre los cambios sociales en la España del momento”.

José Miguel Hernández Barral asume la difícil tarea de reconstruir la esencia de una clase social que empezaba a dejar de ser considerada como tal. Tres son los principales instrumentos que utiliza como ejes de su investigación, comenzando por los dictámenes que realiza la Diputación de la Grandeza, creada en 1815, cuyas funciones quedaron reguladas por un decreto de 1912. Su principal cometido era estudiar la idoneidad de los candidatos para obtener el título aunque, como expone Hernández Barral, el monarca no siempre se atenía a las conclusiones de la Diputación y ennobleció a personas en contra del criterio de ésta. Gracias a los informes y a las pautas marcadas por la Diputación conocemos cuáles serían grosso modo los méritos que debía reunir una persona para acceder a la nobleza.

ABC - COBERTURA GRANDESOtra de las herramientas a las que acude el autor son las crónicas de sociedad publicadas en los periódicos de la época. Cronistas como Eugenio Rodríguez Ruiz de la Escalera (más conocido por el pseudónimo de Monte Cristo), Leon Boyd o el marqués de Valdeiglesias (que escribía en La Época como Mascarilla o Almaviva en El Imparcial) trasladaron a sus artículos el modelo de vida de la nobleza reflejado en sus fiestas o en la descripción de sus palacios y viviendas. José Miguel Hernández Barral nos muestra cómo, al igual que sucede con todo lo relacionado con la Grandeza, las crónicas van transformándose y adaptándose a la nueva realidad.

Por último, también se analizan las ceremonias de cobertura o su equivalente femenino, la toma de la almohada, con especial atención a los discursos de los propios nobles durante aquellos actos, en los que normalmente reivindicaban la historia de la Casa (aun cuando en ocasiones se produjeron excepciones muy en sintonía con los tiempos que corrían). A través del estudio de estos medios, en los que participan activamente los Grandes, observamos cómo evoluciona la percepción que ellos mismos tenían de su condición social y de su papel en la sociedad. Asistimos, de este modo, a una lucha entre el respeto a la tradición y a la Historia y una nueva realidad que obligaba a la Grandeza a reflexionar sobre su identidad.

Concluimos con la reflexión que Hernández Barral realiza en las últimas páginas de su trabajo: “Estas páginas no han pretendido ser una etapa más del péndulo que tantas veces guía la historiografía. No son un bandazo desde la desaparición de los Grandes a una supuesta posición decisiva que, definitivamente, no tuvieron en esos momentos. Abordar la Grandeza como objeto de investigación no ha pretendido ensalzarla a base de subrayar la importancia de su estudio. Más bien, y como siempre procuramos en nuestro trabajo de investigación, he querido sacarla del mausoleo para introducirla en la Historia”.

José Miguel Hernández Barral (1982), doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid, es profesor del Centro Universitario Villanueva. Durante la realización de su tesis doctoral fue investigador visitante en la London School of Economics and Political Science. Becario de las fundaciones Ramón Areces y Oriol Urquijo, en 2010 recibió el II Premio Hidalgos de España en Heráldica, Genealogía y Nobiliaria.

*Publicado por Ediciones 19, octubre 2014.