MARCIAL PONS - PENINSULA RECELOS
Península de recelos. Portugal y España, 1668-1715
David Martín Marcos

El 13 de febrero de 1668, mediante el Tratado de Lisboa, la Corona española reconocía la independencia de Portugal. Veintiocho años después de la revuelta liderada por el duque de Braganza contra Felipe IV los portugueses recobraban (oficialmente) su Reino. Como explica David Martín Marcos en su obra Península de recelos. Portugal y España, 1668-1715*, el tratado “no fue ni demasiado extenso ni demasiado complejo. En tan solo trece artículos se despachaban someramente cuestiones como el cese de las hostilidades y la paz perpetua entre ambas Coronas, la circulación de mercancías y personas a través de la frontera luso-castellana o la devolución de las plazas […] La disminución del erario público en España y Portugal, el agotamiento de las tropas y el descontento de las poblaciones por el impacto de la contienda habían invitado a buscar una solución expeditiva, aunque fuese de compromiso“.

Con la firma del Tratado de Lisboa se daba por concluida una época de casi cien años, marcada primero por la unión dinástica entre ambas monarquías (1580-1640) y luego por el levantamiento portugués y la Guerra de Restauración (1640-1668). Durante este período los intereses entre Lisboa y Madrid se estrecharon y las causas de la sublevación han de situarse más en un contexto de presión fiscal y hartazgo de la población y de la nobleza (similar al sufrido en otras regiones de la Corona) que en un extendido sentimiento anticastellano.

PROCLAMACION REY PORTUGAL JOAO VLa paz, sin embargo, no vino a solucionar los graves problemas que afectaban a las dos monarquías. En España, tras la muerte de Felipe IV en 1665, comenzaba un turbulento período determinado por la minoría de edad de Carlos II y la regencia de Mariana de Austria, cuyo rasgo más destacado fue el difícil intento por mantener en pie un Imperio muy tocado tras las paces de Westfalia y de los Pirineos. Portugal, por su parte, recobraba ya su independencia, tampoco atravesaba una situación que permitiese grandes celebraciones, pues estaba inmerso en las disputas entre alfonsistas y pedristas producidas por la llegada al trono de Pedro II después de forzar a su hermano a cederle el poder. Sin contar las penurias económicas originadas por la guerra que sufrían ambos reinos.

En este contexto se desarrolla la obra de David Martín, cuya finalidad es “ampliar el estrecho y circunscrito marco cronológico de los estudios sobre la relaciones hispano-lusas en la Edad Moderna. Realizar, en definitiva, un ejercicio diferente tomando como punto de partida el período al que la historiografía política modernista ha dedicado más atención, esto es, el del Portugal hispánico y la Restauración, para ponderar el peso que estos años tuvieron en las relaciones de dos monarquías separadas y, al mismo tiempo, ‘encontradas’”. El libro, por tanto, se centra en las relaciones entre las dos Coronas durante los años posteriores a la paz, hasta la firma del Tratado de Utrecht. Quizás presta mayor atención a la evolución del comportamiento de la Corte portuguesa, como se reconoce en su contraportada: estamos ante “un abordaje diferente al practicado tradicionalmente y muestra un Portugal activo y generador de modelos políticos para todo el ámbito hispano que poco tiene que ver con el rol pasivo que con frecuencia le ha sido atribuido en sus relaciones con España“.

Uno de los principales rasgos de la obra es la importancia dada a los embajadores o enviados plenipotenciarios, quienes en ocasiones llegan a convertirse en los verdaderos protagonistas del libro. David Martín utiliza a personajes como el marqués de Gouveia, el conde de Humanes, Maserati, John y Paul Methuen o Lluís de Cunha para exponer el desarrollo de las relaciones entre España, Portugal y el resto de Estados europeos. De hecho, la principal fuente de información del autor son los despachos diplomáticos. La historia política –en concreto, las relaciones internacionales- es predominante y a medida que nos acercamos a la Guerra de Sucesión española el escenario se amplía, deja de ser sólo peninsular y contempla la entrada en juego de las otras grandes potencias continentales.

RETRATO PEDRO IIEl libro analiza el sentimiento de desconfianza respecto a las intenciones españolas que se instala en la Corte lusa y que regirá la política exterior portuguesa durante las décadas siguientes. David Martín recoge numerosos sucesos que, con razón o sin ella, justificaron esta actitud (apoyo a la conspiración para traer de vuelta de las Azores a Alfonso VI, inclusión de las quinas portuguesas en la bandera española, pervivencia de sectores de la nobleza que anhelan la nueva unión de las dos Coronas, por citar algunos de ellos). El punto culminante se alcanzó con el enfrentamiento entre españoles y portugueses en la Colonia de Sacramento que estuvo a punto de degenerar en guerra abierta. Parece como si la Corte española no hubiese aceptado la independencia portuguesa y mantuviese un cierto aire de superioridad frente a su antiguo vasallo.

La obra se divide en tres capítulos organizados cronológicamente. El primero (“La diplomacia de las regencias (1668-1683)“) analiza los sucesos comprendidos desde la firma del Tratado de Lisboa hasta la muerte de Alfonso VI y la coronación de Pedro II. Estamos ante el capítulo “más peninsular” del libro, ya que está dedicado en su mayoría a estudiar cómo progresaron las relaciones entre España y Portugal una vez concluida la guerra. David Martín analiza en estas páginas, entre otros asuntos, los problemas dinásticos portugueses y su repercusión en España, los ya citados recelos de Lisboa sobre la actitud que tomaría Madrid tras la Restauración, el problema de las restituciones acordadas en el Tratado de Lisboa (principal cometido de los embajadores de los dos reinos en sus respectivas misiones) o las negociaciones en torno a la colonia de Sacramento.

El segundo capítulo (“Crisis dinásticas, opciones ibéricas (1683-1700)“) concluye con el fallecimiento del monarca español Carlos II. El eje principal de este bloque lo constituyen las negociaciones en torno a quién ocupará el trono español. Destaca el tímido intento, impensable décadas atrás, del monarca portugués por erigirse como posible candidato. Se analizan también la política matrimonial lusa y el propósito de conservar la neutralidad frente a las presiones de uno u otro bando, especialmente de Francia; las consecuencias de la muerte de Alfonso VI en la política brigantina y la mejora en las relaciones entre Madrid y Lisboa.

El último capítulo (“Tiempo de guerra (1700-1715)“) abarca la Guerra de Sucesión española y las ulteriores negociaciones del Tratado de Utrecht. David Martín explora los motivos que llevaron a Portugal a romper su alianza con Francia y acercarse a los aliados del archiduque Carlos. Relata la llegada a Lisboa del pretendiente austriaco, el desarrollo de las operaciones militares y las negociaciones, tras el final de la guerra, entre portugueses y españoles.

El autor resume en estos términos el resultado de las negociones en la ciudad holandesa que condicionaron el futuro de las dos coronas: “Utrecht no les concedió nada, no les arrebató nada. Pero a Portugal al menos le otorgó un reconocimiento frente a un vecino que, con demasiada frecuencia, le había puesto en evidencia. Después de décadas de tensión y de la brutalidad de la guerra, la conferencia situó a los plenipotenciarios de Juan IV en la mesa de negociación a la vista de toda Europa e hizo posible dejar atrás cierto complejo de inferioridad. Marcó la separación definitiva entre las dos Monarquías, que empujadas por Londres, de un lado, y París, de otro, habían comenzado a excavar un foso insalvable ante sí. Acabó, pues, con las añoranzas pro-españolas que habían sido prohibidas en Portugal, pero también los anhelos luso-hispanos de Lisboa, Braganzas al frente, que fueron vitoreados a orillas del Tajo. Había sido ya otra política la que en la nueva Europa, fuera del alcance de Lisboa y Madrid, impidió para siempre que los viejos proyectos de familia, cada uno con sus intereses, retornasen con fuerza“.

David Martín Marcos es doctor en Historia por la Universidad de Valladolid. Ha sido miembro de la Escuela Española de la Historia y Arqueología en Roma e investigador postdoctoral en la Universidade Nova de Lisboa. Actualmente es profesor en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Es autor de El Papado y la Guerra de Sucesión española.

*Publicado por Marcial Pons Ediciones de Historia, abril 2014.