MARCIAL PONS - MEMORIALES CONDE DUQUE OLIVARES
Memoriales y cartas del Conde Duque de Olivares
VV.AA.

Para quienes, entre 1978 y 1981, tuvimos entre las manos la primera edición (entonces publicada por Alfaguara) de los Memoriales y Cartas del Conde Duque de Olivares* su lectura fue un verdadero descubrimiento de la riqueza documental que se nos ofrecía. Aquel trabajo, protagonizado por John H. Elliot y José Francisco de la Peña, ponía ante nosotros los textos “originales” –es un decir, pues se trataba de copias manuscritas de originales perdidos, en su mayor parte, y en el libro se explican bien las circunstancias que condujeron a multiplicar sus transcripciones- del principal actor de la política hispana en la primera mitad del siglo XVII. Documentos que, si en principio iban sólo dirigidos a Felipe IV y versaban sobre muy diferentes cuestiones políticas y económicas de su reinado, llevaban en sí mismo el germen de la atemporalidad, en cuanto claves para la mejor comprensión de aquel relevante período de nuestra historia.

La segunda edición de los Memoriales y Cartas del Conde Duque de Olivares* ve ahora la luz bajo otro prestigioso signo editorial (Marcial Pons Historia y el Centro de Estudios Europa Hispánica) pero con la misma dirección de John H. Elliot a quien se suma, desaparecido en 1994 José Francisco de la Peña, Fernando Negredo del Cerro. Se trata de una nueva edición, ampliada, anotada y revisada, en la que se incorpora un documento (las instrucciones de Olivares a su futuro yerno) que no figuraba en la anterior, se incluye un nuevo texto del manuscrito titulado “Reformación en tiempo de guerra” y, sobre todo, se actualizan los comentarios y las notas que acompañaban a la primera edición, a la luz de los estudios publicados en los últimos treinta años sobre la figura del Conde Duque y sobre la época que le tocó vivir.

VELAZQUEZ CONDE DUQUE DE OLIVARESLa obra –dentro de la colección “Los Hombres del Rey“- comprende los tomos 1 y 2 del volumen primero, dedicado a la política interior, e incluye treinta y tres documentos desde 1621 (año en que accede el trono Felipe IV y comienza la privanza del entonces Conde de Olivares) hasta 1645 (fecha de su muerte) Agrupados en sus correspondientes capítulos –algunos de los cuales comprenden, a su vez, diversos memoriales o cartas- cada uno de aquéllos va precedido de un estudio preliminar en los que Elliot, de la Peña y Negredo nos dan cuenta del contexto, de la motivación y del interés que presentan los correlativos documentos. Son precisamente estos valiosísimos estudios preliminares los que marcan la diferencia entre una mera recopilación documental, incluso dotada de aparato crítico, y un análisis en profundidad de los textos que se transcriben para situarlos en sus coordenadas históricas.

El primero de los dos tomos que conforman el volumen (en la primera edición aquéllos se publicaron por separado, en dos volúmenes) tiene como escenario temporal los años iniciales del ministerio de Olivares, desde 1621 a 1627. Son años de optimismo en los que un joven Gaspar de Guzmán y Pimentel, nacido en 1587, trata de poner por obra su proyecto de “reformación general” tras la muerte de Felipe III, al servicio de un nuevo monarca aun más joven, nacido en 1605, en el que confluían todas las esperanzas.

De los trece documentos reproducidos –y analizados a conciencia- en este primer tomo destacan, lógicamente, el Gran Memorial (la instrucción secreta dada al Rey en 1624) y el que sin duda podría calificarse como el proyecto más importante del gobierno de Olivares, el conocido como la Unión de Armas (1625-1626), proyecto cuya finalidad era, en palabras del Conde Duque, la de evitar “los inconvenientes graves que han resultado de no corresponderse los unos reinos de su Majestad con los otros en materia de armas y defensa propia, y la conveniencia de hermanarlos a todos“.

El tomo segundo recoge los documentos de los que los autores del libro denominan “años de desengaño y, al final, de catástrofe” (1627/1645). Las dificultades financieras inherentes a la política exterior de intervención militar en Flandes e Italia, sobre todo, a más de las contiendas navales con los holandeses, todo ello en un período en que la Guerra de los Treinta Años (1618/1648) asolaba Europa, habían conducido a la suspensión de pagos de 1627 y a la devaluación monetaria de 1628. Desde entonces todo son dificultades y problemas, pese a lo cual no cesa la voluntad reformista del Conde Duque.

En el documento número XIV de este segundo tomo (“Reformación en tiempo de guerra“), cuyo texto diverge en parte del trascrito en la primera edición, da buena fe de cómo en 1637, Olivares proponía aún hasta catorce medidas de muy diversa naturaleza (desde las eclesiásticas y demográficas hasta las económicas y monetarias, a más del fomento de las “armadas, navegaciones y hombres de mar”) en las que hay reminiscencias del Gran Memorial presentado al Rey trece años antes pero también nuevas sugerencias ajustadas al momento pues, en su lenguaje barroco, “[…] es manifiesto error del gobierno que así lo practicare el querer en los tiempos turbados gobernar la barca como en los felices […] Quien quisiere gobernar en la tempestad como en la bonanza perderá luego el bajel y cuanto en él fuere sin remedio humano“.

RETRATO FELIPE IVEl resto de los documentos del segundo tomo presentan un carácter más heterogéneo que los del primero. Se encuentra entre ellos, por ejemplo, una carta manuscrita del Conde Duque al Rey, datada en 1642, (y respondida por éste con la fórmula “hágase según os parece“) en la que con motivo del encarcelamiento de Adam de la Parra Olivares hace determinadas alusiones Quevedo que contribuyen a mantener el enigma sobre las causas reales de la prisión de éste.

Los capítulos finales incluyen sendas cartas de Olivares sobre los últimos años de su ministerio, tras el fatídico año de 1640 en que se produjo la sedición catalana y la insurrección de Portugal. Habiendo fracasado su programa de reformas y dado el curso de la rebelión, Olivares es en 1642 un hombre acabado (en una carta su secretario y confidente Antonio Carnero afirma que “mi amo queda sumamente trabajado y quebrantado“), las conspiraciones contra él –especialmente de los grandes nobles- no cesan y el Rey le despide en 1643.

La obra se cierra con la reproducción de El Nicandro, el documento clandestino impreso en 1643 que, muy posiblemente inspirado por el propio Conde Duque, circuló por la Corte en defensa de la política de Olivares y en descargo de sus responsabilidades. La impresión del documento –calificado por el fiscal del Consejo de Castilla como “un libelo famoso tan lleno de injurias contra esta Monarquía que el extranjero más enemigo della no se podía atrever a decirlas“- supuso el alejamiento de Olivares desde Loeches, donde se había retirado, a Toro, dos años antes de morir en 1645.

La lectura de los Memoriales y Cartas del Conde Duque de Olivares es, en síntesis, una ocasión inmejorable de comprender, desde dentro del corazón del poder y con documentos de primera mano, cómo se gestaron las decisiones políticas y económicas de un período apasionante de nuestra historia.

*Publicado por Marcial Pons Ediciones de Historia y el Centro de Estudios Europa Hispánica, diciembre 2013.