TAURUS - MARTIN LUTERO

Martín Lutero. Renegado y profeta
Lyndal Roper

No es la primera vez que aludimos al debate sobre la importancia de algunos hombres singulares en el discurrir de la historia ¿Hasta qué punto una persona puede cambiar el rumbo del devenir? ¿Puede un solo individuo enfrentarse y vencer a las fuerzas de su tiempo, o son las circunstancias las que determinan ciertos giros extraordinarios? Nadie ha ofrecido todavía una respuesta convincente, en uno o en otro sentido, a estos interrogantes. Probablemente, nunca se resuelvan, pues es muy difícil articular una contestación racional a sucesos de una complejidad insondable. Alejandro Magno, Julio César, Gengish Kan, Napoleón… son algunos de los ejemplos paradigmáticos que se utilizan al hablar de estas cuestiones. Todos ellos vivieron épocas convulsas y dinámicas, pero su genio también fue indudable. Otro de los nombres que se suele traer a esta controversia es el Martín Lutero, quien, sin llegar a fundar propiamente una religión, impulsó una escisión, que todavía persiste, del principal culto occidental. A él se le ha de atribuir el origen de la Reforma.

Sobre Lutero se ha escrito hasta la saciedad. Las biografías son muy numerosas (hace pocos meses reseñábamos la recientemente publicada por Thomas Kauffman, que se puede leer aquí­), aunque en España no han despertado tanto interés como en otras partes del continente europeo. Este año, además, conmemoramos los quinientos años de la fecha (el 21 de octubre de 1571) en la que el fraile agustino clavó en la puerta de una iglesia de Wittemberg sus 95 tesis contra las indulgencias. Ese suceso, cuya verosimilitud ha sido cuestionada, se considera el punto de partida del movimiento reformista, que concluirá con un cisma del cristianismo cuyas consecuencias transcenderían los límites religiosos para adentrarse en los terrenos polí­tico y social. La historia de la Edad Moderna en Europa no puede entenderse sin atender a las ramificaciones que tuvieron en el continente las doctrinas de nuestro protagonista.

La biografía de Lyndal Roper, Martín Lutero. Renegado y profeta* presenta ciertas particularidades frente a otros trabajos publicados sobre el fraile alemán. Dejemos que sea la propia autora quien lo explique: “Hasta aquí­ hemos barajado datos que no hacen referencia a lo que constituye el núcleo del presente libro: la evolución interna de Lutero. ¿De dónde sacó la fortaleza necesaria para enfrentarse al Emperador y a los estamentos en Worms? ¿Qué le llevó a hacerlo? ¿Por qué rompió toda relación con Andreas Karlstadt, su seguidor más cercano en los primeros años de la Reforma? ¿Por qué Lutero siempre acababa peleándose con sus colaboradores más cercanos, convirtiéndolos en enemigos encarnizados, y aterrorizando al resto de sus seguidores con sus ataques de ira? ¿Cómo pasó de ser alguien convencido de que «no me impondrán esposa» a ejemplo de pastor casado? En este libro analizaremos las transformaciones emocionales fruto de los cambios religiosos iniciados por Lutero, ya que su personalidad, para bien o para mal, tuvo un enorme peso histórico. La Reforma surgió de su valor y de la firmeza con la que persiguió sus metas, pero su terquedad y su capacidad para demonizar a sus adversarios casi acaban con el“.

Como se puede ver, Lyndal Roper centra su atención en la vida interna del biografiado. Estas aproximaciones suelen ser peligrosas para los historiadores, pues no siempre es fácil comprender, quinientos años después, la mentalidad de un hombre de la Alemania del siglo XVI. Sin embargo, la catedrática australiana no cae en la fantasía ni en la hipérbole y dibuja un cuadro bastante verosímil de Lutero. Para construir su retrato psicológico se apoya en la abundante correspondencia que se conserva de nuestro protagonista. Sus obras completas, en la famosa edición de Weimar, comprenden, entre otros, 120 volúmenes de cartas y 6 de charlas de sobremesa.

Su fama en vida, su insistente preocupación por dejar todo escrito cuando debatía en público y su vasta red de contactos han permitido que se conserven con cuidado (casi con veneración) la mayoría de las cartas que Lutero redactó. Al leerlas, descubrimos un hombre poliédrico, complejo, contradictorio, irónico, atenazado por el miedo al diablo, con un sentido del destino muy pronunciado, antisemita, seguro de su misión y una larga lista de calificativos, positivos y negativos, que Lyndal Roper recoge en su obra. Su mundo interior era mucho más intrincado que su biografía, relativamente monótona en cuanto a los hechos se refiere. Su vida transcurrió entre su pueblo de infancia, Mansfeld, la universidad en Erfurt, la ciudad de Wittenberg y los territorios de Sajonia, en lo que contaba con la protección del duque. El único viaje que realizó fuera de las fronteras del Sacro Imperio fue a Roma, de donde volvió escandalizado.

Hablar de Lutero implica, inevitablemente, hablar de la Reforma. No se puede entender a uno sin la otra. La autora advierte que “El presente volumen no es una historia general de la Reforma, ni siquiera de la Reforma en Wittenberg, y, desde luego, no pretende aportar una interpretación general de lo que llegó a ser el luteranismo“. No obstante, son muchas las páginas que se dedican a explicar cómo eclosionó el movimiento reformista de la mano del fraile agustino y cuáles fueron los principales retos que afrontó en los primeros años de existencia, cuando ni tan siquiera los propios impulsores sabían hacia dónde se dirigían. Lutero fue el precursor de la Reforma, pero pronto salieron nuevos predicadores que cuestionaban sus ideas o iban más lejos que él. La historiadora australiana se detiene en las luchas internas del movimiento y en cómo el propio Martín Lutero fue perdiendo su papel decisivo, en detrimento de figuras como Melanchthon o Spalatin.

La disputa teológica no ocupa en el libro tanto espacio, relegada a un plano secundario (para Roper, lo esencial de la teología de Lutero fue su insistencia en la presencia real de Cristo en el pan y en el vino de la eucaristía), pues la autora prefiere adentrase en la personalidad del biografiado: “pretendo entender a Lutero; quiero saber cómo percibía el mundo un individuo del siglo XVI y por qué lo veía así­; deseo explorar sus paisajes interiores para entender mejor sus ideas sobre la carne y el espíritu, formuladas antes de nuestra moderna escisión entre cuerpo y mente“.

El libro se detiene en las relaciones familiares y de amistad que Lutero contrajo a lo largo de su vida, así­ como en sus conocidos odios, a los que se dedica todo un capítulo. Roper pone mucho énfasis en la turbulenta relación entre Lutero y su padre, que sitúa como eje motriz de algunas decisiones que adoptó ulteriormente el fraile agustino. El padre quería que el hijo se dedicase al negocio familiar de las minas, pero este se decantó por un sendero radicalmente opuesto, hecho que provocó la ruptura entre ambos. También destaca las relaciones con sus amigos: muchos de los que comenzaron con él el movimiento reformista acabaron por enemistarse. Lutero no admitía réplica, ni que le hiciesen sombra, lo que conllevó duros enfrentamientos con quienes habían sido sus amigos durante años. Si así­ era con sus amigos, no es raro que el trato que dio a sus enemigos fuera implacable, como se refleja en el presente trabajo.

Concluimos, a modo de resumen, con estas palabras de la historiadora australiana, que resumen el carácter menos amable de Lutero: “Sin embargo, Lutero es un héroe difícil. Hay mucho odio es sus escritos y su predilección por la retórica escatológica y el humor no casa bien con el gusto actual. Podía ser autoritario, intimidante y adolecer de un exceso de confianza; su autoritarismo arrojó una sombra sobre la vida de sus hijos y distanció a muchos seguidores. Su intransigente capacidad para demonizar a sus adversarios fue algo más que un defecto psicológico, pues hizo que el protestantismo se fragmentara muy rápidamente, debilitándolo y sumergiéndolo en siglos de guerra. Su antijudaísmo era más visceral que el de muchos de sus contemporáneos […].Tenía una gran aptitud intelectual, que se reflejaba en su capacidad para simplificar y llegar al corazón de los problemas, pero eso mismo le impedía llegar a acuerdos o matices. Puede que solo alguien incapaz de ver el punto de vista del otro tuviera el valor de atacar al papado y de actuar como un “caballo con anteojera” […]. Solo alguien con sentido del humor, de un realismo empedernido y con una gran capacidad para obtener lealtad de los demás pudo evitar el martirio“.

Lyndal Roper es una historiadora australiana, graduada con PhD en la Universidad de Melbourne. Ha estudiado en Tubinga y en la Universidad de Londres, en la que se doctoró. En la actualidad enseña historia en Oriel College (Oxford). Ha escrito libros sobre la historia de la brujería y es experta en las áreas de historia moderna de Alemania y en estudios de genero.

*Publicado por la editorial Taurus, junio 2017. Traducción de Sandra Chaparro.