CRITICA - DECLIVE MONARQUIA IMPERIO ESPAÑOL

El declive de la Monarquía y del Imperio español. Los Tratados de Utrecht (1713-1714)
VV.AA.

El Imperio hispánico, aquel en el que nunca se ponía el sol, tuvo un período de apogeo relativamente corto (apenas duró cien años) y un proceso de decadencia continuada durante siglos, hasta que en 1898 se perdieron las últimas posesiones de ultramar. Los reinados de Carlos I y Felipe II, los conocidos como Austrias mayores, fueron el cenit del poder español en el mundo. Sus sucesores, con más o menos fortuna, intentaron preservar la herencia que habían recibido, aunque fueron paulatinamente perdiendo la autoridad y prestigio ante sus homólogos europeos. El avispero de las Provincias Unidas y una Hacienda insostenible fueron las principales causas del declive, hasta llegar al reinado de un enclenque Carlos II, antesala del siglo XVIII, con las diferentes naciones repartiéndose las posesiones españoles incluso antes de que falleciese el monarca.

En este agónico proceso de ascenso y caída de la Monarquía Hispánica hay varias fechas reseñables, verdaderos puntos de inflexión en su historia: en 1648 se firma el Tratado de Westfalia, que reconoce la independencia de las Provincias Unidas; en 1659 el Tratado de los Pirineos, que alza a Francia como nueva gran potencia europea; en 1668, mediante el Tratado de Lisboa, se reconoce la independencia de Portugal tras ochenta años de unión a la Corona española; y en 1714 se firma el Tratado de Utrecht que pone fin a la Guerra de Sucesión española y supone la pérdida de las posesiones hispanas en Europa. La mayoría de estas fechas están relacionadas con acuerdos diplomáticos, cuyos objetivos no fueron otros que poner por escrito la realidad que había arrojado el campo de batalla. El Imperio español se iba apagando poco a poco, algo que aprovecharon los demás estados para ir privándole de sus territorios a la mínima oportunidad.

El Tratado de Utrecht, que en realidad no es un texto único sino diversos acuerdos bilaterales y multilaterales firmados entre 1713 y 1715 por los implicados en la Guerra de Sucesión española, acabó por arruinar la autoridad de la Monarquía Hispánica en el continente. España, que actuó durante casi todas las negociaciones bajo la tutela de Francia, perdió sus posesiones en Centroeuropea e Italia, y conservó tan solo (lo que no era poco) sus territorios de Ultramar. A escala europea, el resultado fue un precario sistema de equilibrios, en el que se intentaba que ni Francia, ni el Imperio adquiriesen un desmesurado poder. El resultado acabó por no contentar a nadie (es más, el Imperio y la España borbónica no firmarían la paz hasta diez años después), salvo a Inglaterra, la gran beneficiada, en especial, en materia comercial y económica. La guerra por la corona española, que se extendió por todo el planeta y bien podría ser calificada como guerra mundial, terminó en tablas y con una solución de compromiso. Aun así, trajo consigo un período de paz que no se rompería, salvo por conflictos menores, durante varias décadas.

PROCLAMACION FELIPE VA pesar de la importancia que tuvieron los Tratados de Utrecht en la historia española, no existe una abundante bibliografía sobre ellos. Muchos trabajos aluden constantemente a su relevancia, pero pocos han estudiado las consecuencias que implicó el final de la guerra. La obra colectiva El declive de la Monarquía y del Imperio español. Los Tratados de Utrecht (1713-1714)*, dirigida por el catedrático de Historia Moderna de la Universidad Pompeu Fabra Joaquim Albareda, intenta arrojar algo de luz sobre los años inmediatamente posteriores a la firma de los Tratados y sobre los efectos que tuvieron en la política española y europea. Como explica el propio director en la introducción de la obra, “[…] El objetivo principal es ofrecer una panorámica sobre el desarrollo y el significado de los tratados de paz de Utrecht y Rastatt en relación con España, así como su repercusión en los ámbitos político y económico en los años siguientes hasta 1725, momento en Carlos VI y Felipe V firmaron la paz”.

Cada una de las seis colaboraciones que componen el libro está dedicada a un aspecto determinado pero, al mismo tiempo, todas guardan relación entre sí. El primer capítulo, a cargo del profesor de Historia Moderna de la Université Sorbonne-Paris IV Lucien Bély [El equilibrio europeo, fundamento de la paz (1713-1725)], aborda el sistema de relaciones internacionales resultante de los acuerdos alcanzados en los Tratados de Utrecht. Nuevo equilibrio europeo que implicaba la aparición de alianzas multinacionales y una cierta inestabilidad a consecuencia de lo artificial y frágil de algunos compromisos adquiridos en los acuerdos de paz. Como explica el propio autor, “Los años posteriores a la paz de Utrecht fueron años de intensas negociaciones, a menudo secretas, teniendo en cuenta la complejidad de los intereses y respondiendo a construcciones diplomáticas de gran sutileza. Las alianzas organizan el orden europeo y se anudan poco a poco, para desanudarse después a merced de los acontecimientos. Tales alianzas multilaterales evitan la escalada o la extensión de un conflicto, pero ello no evita momentos de extrema tensión y operaciones militares de alcance limitado”.

El segundo capítulo (“Los tratados de Utrecht-Rastatt y España: ceder lo mínimo para conservar lo principal”) analiza, de la mano de Joaquim Albareda, el proceso de negociación de los acuerdos de paz desde el punto de vista español. La injerencia del monarca francés Luis XIV fue determinante y obligó a su nieto, el futuro Felipe V, a aceptar unas condiciones a las que se venía resistiendo y a dejar otras sin resolver. Sobresale el esfuerzo de los diplomáticos españoles por presionar a favor de algunas concesiones (por ejemplo, la entrega a la princesa de los Ursinos de un estado en propiedad), mientras que cedían en puntos clave para la Corona española.

En el tercer capítulo, a cargo del catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pompeu Fabra, Josep M. Delgado Ribas, se analiza una de las cuestiones más relevantes de los tratados de paz: las relaciones comerciales. Su trabajo [“El impacto de Utrecht en la organización del comercio colonial español (1713-1739)”] explora las consecuencias, negativas en su conjunto, que tuvo el fin de la guerra en el comercio español y cómo hubo de adaptarse a la nueva realidad, en la que los ingleses llevaron a cabo una política más agresiva y reforzaron el contrabando. Muchas de las cláusulas acordadas en Utrecht otorgaban pingües beneficios a los comerciantes británicos, quienes no dudaron en aprovecharlos. La Carrera de Indias se convirtió, si alguna vez había dejado de serlo, en una querella constante entre las autoridades españolas, desesperadas por mantenerla bajo control, y los comerciantes (ingleses e indianos).

FIRMANTES TRATADO DE UTRECHTLos capítulos cuarto (“El primer gran exilio político hispánico: el exilio austracista” del profesor de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona, Agustí Alcoberro) y quinto (“Al servicio de Carlos VI. El partido español en la corte imperial” de la también profesora de Historia Moderna de la Universidad Complutense de Madrid Virginia León Sanz) guardan una estrecha relación. La “derrota” (si se puede llamar así) del bando austracista obligó a muchos de quienes habían apoyado al archiduque Carlos a abandonar España y acompañarle a Viena. Buena parte de ellos, no pocos catalanes, huyeron por el miedo a las represalias y tuvieron que sobrevivir como buenamente pudieron en tierras del Imperio; un reducido grupo, perteneciente a la nobleza y que había ocupado puestos importantes en la efímera administración española del archiduque, llegaron a la Corte y mantuvieron un cierto ascendente sobre el recién designado emperador, integrando lo que se terminó por conocer como el “partido español”.

Núria Sallés Vilaseca, investigadora en el Institut Universitari d’Història Jaume Vicens i Vives, se encarga del último capítulo (“La política exterior de Felipe V entre 1713 y 1719: un desafío al sistema de Utrecht”) que, como se afirma en la introducción de la obra, “completa la visión de conjunto mediante un trabajo innovador sobre la política exterior post-Utrecht, marcada por el protagonismo de Giulio Alberoni y su apuesta decididamente contraria a Francia y Gran Bretaña. Aquella agresiva política alcanzó el cenit con la intervención de Felipe V en el Mediterráneo en 1717-1718 que alumbró la guerra de la Cuádruple Alianza. Asimismo, analiza los planes de Alberoni contra Gran Bretaña y Francia y de alianza con Pedro I el Grande al objeto de recuperar tanto territorio como influencia política internacional perdidos en 1713”.

Como sucede con las obras colectivas, existe una cierta disparidad entre las diversas colaboraciones pero, dado su número (seis) y lo específico de la materia estudiada, el resultado es una obra compacta y homogénea, muy centrada en la política exterior, preferentemente española, del primer cuarto del siglo XVIII. Aunque todos los autores son universitarios e investigadores, sus escritos no están impregnados de un tedioso academismo, de modo que el lector no especializado puede adentrarse en las páginas del libro sin temor a verse abrumado por datos, cifras e información implícita. Por el contrario, su lectura es amena y ágil e invita a conocer un período de nuestra historia sobre el que probablemente no haya, hasta ahora, leído nada relevante.

*Publicado por la editorial Crítica, noviembre 2015.