HUTCHINSON - PASADO&PRESENTE - ARMADA INVENCIBLE
La Armada Invencible
Robert Hutchinson

Pocos acontecimientos en la historia han estado sometidos a tanto debate como el proyecto de Felipe II de invadir Inglaterra a finales del siglo XVI. Las causas determinantes del fracaso de la expedición española no están claras y existen infinidad de teorías que intentan precisarlas: la descoordinación entre el duque de Medina Sidonia y el duque de Parma; la inexperiencia del primero; la mala climatología provocada por una “pequeña Edad de Hielo”; la deficiente preparación logística de los españoles o, en fin, las malas relaciones internas entre los capitanes de la Armada. Lo más probable es que ninguna de ellas fuera decisiva y todas influyesen en mayor o menor grado en el resultado de la expedición. Existe mayor consenso en afirmar que, de haberse logrado el desembarco español, el destino de Inglaterra (y posiblemente de Europa) hubiese sido muy distinto, pues las tropas inglesas no habrían podido hacer frente a los experimentados tercios del duque de Parma.

La derrota española, amplificada por la propaganda inglesa y holandesa, no tuvo la repercusión en la política europea que se le ha querido dar. De hecho, pocos años más tarde Felipe II volvía a planear un nuevo intento de invasión. Las pérdidas humanas y materiales, aunque significativas, apenas menoscabaron el poderío militar español aunque tuvieron, no obstante, mayor impacto psicológico. El Imperio asentaba su dominio en un frágil equilibrio entre respeto, prestigio y fuerza. La catástrofe de la Armada avivó el sentimiento antiespañol en muchas de las cortes europeas y acabo por convertirse más en un símbolo que en un hecho decisivo, algo semejante a lo ocurrido con la batalla de Lepanto treinta años atrás.

Robert Hutchinson ha publicado un interesante trabajo, La Armada Invencible*, en el que aborda el estudio de la expedición desde un punto de vista más inglés del que estará acostumbrado el lector español. Esto no quiere decir que pierda la objetividad y ensalce sólo los logros anglosajones, en absoluto: la rigurosidad y el uso crítico de las fuentes no dejan de estar presentes a lo largo de toda la obra. Conocemos, de este modo, la reacción de la Inglaterra isabelina frente a la terrible amenaza que se cernía sobre ella, los preparativos para su defensa y los debates en el seno del Private Council sobre qué estrategia adoptar durante la campaña y una vez concluida ésta. Por supuesto, también analiza Hutchinson todo lo relativo al bando español, logística, trasiego diplomático, cuestiones militares y el propio desarrollo de la expedición.

BATALLA ARMADA INVENCIBLELa Inglaterra de la segunda mitad del siglo XVI nada tiene que ver con la imagen que adquirirá en los siglos venideros. La ruptura de Enrique VIII con la Iglesia católica y sus sucesivos matrimonios habían llevado a la confusión a su reino; dividido por la cuestión religiosa, el ambiente del país se volvió muy volátil y las intrigas se sucedían generando un ambiente de gran inestabilidad. La muerte del monarca complicó aun más la situación debido a los problemas sucesorios. Los reinados de Eduardo VI y María I sólo lograron ahondar en la división entre católicos y protestantes. Robert Hutchinson resume en el prólogo y en el primer capítulo de su obra (“El enemigo está dentro“) la llegada al trono de Isabel I y los años previos a la Armada Invencible, marcados por el conflicto religioso y las conspiraciones. También describe la relación entre la reina y su hermanastra María Estuardo.

Los motivos que llevaron a Felipe II a tomar la decisión de invadir Inglaterra tampoco están
del todo claros. Hutchinson señala como más probables las incursiones de Francis Drake, el apoyo inglés a los rebeldes holandeses y su afán por imponer el catolicismo. En el capítulo “Rumores de guerra” el autor analiza los preparativos de la expedición y las diversas estrategias que se debatieron en la Corte española. En julio de 1586 la decisión estaba tomada y se asignó al experimentado marqués de Santa Cruz la tarea de reunir materiales y hombres en Lisboa, mientras que se encargaba al duque de Parma que iniciase en Bruselas las oportunas gestiones para tener listo un ejército de invasión. El plan inicial sufrió varias modificaciones, pero la idea principal era clara, la Armada velaría en el Canal de la Mancha por que el desembarco de los tercios en territorio inglés se hiciese sin problemas. Por supuesto, un plan en apariencia tan sencillo requería que todo funcionase a la perfección y que la coordinación entre todos los mandos fuese precisa, algo que no finalmente no sucederá.

La expedición se intentó mantener en secreto, pero los espías de Walsingham pronto empezaron a tener noticia de los preparativos españoles y al final el proyecto era un secreto a voces del que todo el mundo estaba enterado. En Inglaterra cundió el pánico. Sabedores de las pocas posibilidades que tendrían si los soldados españoles ponían un pie en la isla, comenzaron a disponer las medidas defensivas. Isabel I mandó ejecutar a María Estuardo por traición, mientras que Francis Drake atacó Cádiz y Galicia como medida preventiva. Robert Hutchinson nos describe en “Murallas de tierra y estiércol” cómo se vivieron estos meses previos. Dos eran los principales problemas a los que tenían que hacer frente los ingleses: averiguar dónde se produciría el desembarco español y sofocar cualquier intento de apoyo interno o levantamiento católico que abriese un nuevo frente.

El 9 de febrero de 1588 moría el marqués de Santa Cruz y en su lugar se nombraba al duque de Medina Sidonia (quien nunca antes había navegado). Este hecho, para algunos decisivo, no afectó en exceso los preparativos y en mayo de ese mismo año zarpaban las casi doscientas naves con las que contaba la expedición. La expectación era máxima, aunque muchos, incluidos varios capitanes españoles, dudaban del éxito de la misión. Hutchinson detalla en “La Grande y Felicísima Armada” los barcos y hombres que componían la imponente flota que ya desde los primeros días en la mar hubo de lidiar con un tiempo hostil que la ralentizó y castigó incluso antes de enfrentarse a los ingleses.

RETRADO ISABEL I INGLATERRALos capítulos “Primer avistamiento“, “Actúa hoy mismo” y “Tormenta de fuego” narran el desarrollo de la expedición desde la llegada al Canal de la Mancha hasta la huida de la Armada al Mar del Norte. Dejaremos al lector que descubra los detalles de los diversos enfrentamientos entre ambas flotas. Frente a la creencia general, los ingleses no causaron grandes daños ni infligieron una derrota decisiva a los españoles, ni tan siquiera mientras fondeaban en las aguas de Calais con los famosos brulotes. Es cierto que lograron desperdigar a la Armada y que este hecho fue aprovechado en la batalla naval de las Gravelinas. A pesar de todo, la fuerza de la flota del duque de Medina Sidonia seguía siendo imponente y una amenaza real para Isabel I. El gran logro inglés (que a la postre determinará el éxito de la campaña) fue impedir la unión entre la Armada y el ejército del duque de Parma. La descoordinación de ambos, justificada o no, abocó al fracaso la expedición.

El regreso de la Armada Invencible bordeando Escocia e Irlanda está recogido en los capítulos “Volver huyendo” y “Naufragio en una costa extraña“, que relatan las vicisitudes y desastres afrontados por los españoles en su viaje de vuelta a la Península. Tormentas, naufragios, ejecuciones y enfermedades, todo aquello que pudo ir mal fue mal, a lo que se ha de añadir que las autoridades irlandesas tampoco se apiadaron de los supervivientes. Lo que los ingleses no habían conseguido en las batallas con los españoles, lo logró la meteorología y la Armada alcanzaba las costas del Cantábrico derrotada y en un estado calamitoso.

El último capítulo del libro está dedicado a una expedición ulterior quizás menos conocida llevada a cabo por los británicos. La “Armada Inglesa” capitaneada por Norris y Drake trató de dar el golpe de gracia definitivo al poderío naval español aprovechando el estado en que se encontraban sus buques y, de paso, obtener un botín (la finalidad era hacerse con los galeones provenientes de América) que diese un respiro al maltrecho Tesoro inglés. Los paralelismos entre ambas Armadas son evidentes y Hutchinson hace hincapié en ellos. Una deficiente y costosa preparación de la expedición inglesa, seguida de la adversidad meteorológica y las enfermedades, hizo que –salvo el saqueo de La Coruña- no lograse cumplir con ninguno de sus propósitos.

Robert Hutchinson es miembro de la Society of Antiquaries de Londres y autor de las obras Last Days of Henry VIII, Elizabeth’s Spymaster, Thomas Cromwell, House of Treason y Young Henry. En 2011 le fue concedido el doctorado en Historia por la Universidad de Sussex por su proyecto de investigación trienal sobre el impacto de la Reforma en los monumentos eclesiásticos de Sussex, Hampshire y la Isla de Wight.

*Publicado por la editorial Pasado & Presente, noviembre 2013.