TREBEBE - HIJOS DEL RAYO - BENDALA
“Hijos del rayo”. Los Barca y el dominio cartaginés en Hispania
Manuel Bendala Galán

Si preguntásemos cuál fue el primer pueblo civilizado que llegó a la Península Ibérica, la gran mayoría de los encuestados seguramente contestarían señalando a los romanos. En el imaginario popular la Historia Antigua comienza con la conquista romana de la Península, mientras que los siglos y las civilizaciones precedentes corresponderían poco menos que a la Prehistoria. Casi nadie sabe que pueblos como el fenicio o el griego fundaron prósperas colonias en las costas andaluzas y levantinas y más sorprendente resulta comprobar el desconocimiento generalizado de la presencia cartaginesa en nuestras tierras. La que fuera una de las potencias más poderosas del Mediterráneo durante los siglos IV y III a.C. construyó, de la mano de la familia Barca (o Bárcida) y en apenas treinta años, una importante base de influencia en la Península, llegando a inquietar de tal modo a los romanos que motivó el inicio de la Segunda Guerra Púnica.

La presencia cartaginesa en tierras peninsulares ha estado sujeta a un intenso debate académico. La ausencia de fuentes escritas fiables, el desinterés de la historiografía tradicional o el incipiente estudio arqueológico de los yacimientos púnicos han despertado más interrogantes que certezas. Tan sólo disponemos de una información más precisa respecto de los treinta años que transcurren desde el desembarco de Amílcar en el 237 a.C. hasta la derrota cartaginesa en la Segunda Guerra Púnica. Siguen, no obstante, sin tener una respuesta clara y consensuada, a pesar del renovado interés académico, cuestiones tales como ¿hubo una colonización púnica en la Península previa a la llegada de los Barca?; ¿perduró ésta a pesar de la derrota?; ¿qué tipo de dominación (si puede definirse como tal) impusieron los cartaginenses a los pueblos peninsulares? o ¿qué tipo de reformas llevaron a cabo los Bárcidas?

Uno de los principales alicientes de la obra del catedrático Manuel Bendala Galán, “Hijos del rayo”. Los Barca y el dominio cartaginés en Hispania* reside, precisamente, en su exposición acerca de los debates historiográficos que hoy mantienen los especialistas sobre estas preguntas. En palabras del autor, “todo mi interés estará volcado en una valoración de las realidades profundas que explican la acción de los Barca en Hispania, los precedentes, su desarrollo y las consecuencias en el futuro inmediato y mediato”. Si hasta ahora eran pocos, por no decir inexistentes, los trabajos que abordaban la influencia cartaginesa en la Península Ibérica, o las obras divulgativas sólidas y bien escritas sobre este período, el presente libro es una oportunidad única para adentrarse en una etapa de nuestra historia apenas conocida, de la mano de uno de los grandes especialistas en la materia.

ANIBAL GUERRA PUNICASPara construir su relato el profesor Bendala acude a todas las fuentes disponibles de aquella época, tanto escritas como materiales, que se han conservado o han sido descubiertas. Aunque su narración esté atestada de referencias a yacimientos arqueológicos, estudios numismáticos o epigráficos y análisis literarios, en ningún momento su lectura resulta pesada y tampoco requiere del lector unos conocimientos avanzados de estas disciplinas. El objetivo del autor no es hacer una relación de los sucesos que marcaron la dominación cartaginesa en la Península, ni limitarse a una historia política o militar de la presencia púnica, sino explicar cómo se articuló, qué medios se utilizaron para hacerla efectiva y qué consecuencias tuvo, para lo que se adentra en la historia cultural, social y económica de aquel período.

El desembarco de Amílcar en Gadir (la actual Cádiz) y las consecuencias que tuvo para la Península están muy documentados en varios textos –todos ellos romanos– que han permitido a los historiadores reconstruir el dominio Bárcida. No nos debe extrañar que fueran los romanos, acérrimos enemigos de los cartaginenses, quienes prestaran especial atención a la ocupación púnica. Cuanto más poderoso es el enemigo derrotado, mayor gloria conlleva la victoria. Polibio, Tito Livio, Apiano o Diodoro de Sicilia recogieron en sus obras los avatares de Amílcar y sus descendientes en la Península con el fin de contextualizar el inicio y desarrollo de la Segunda Guerra Púnica. En la estela de estos grandes historiadores Manuel Bendala Galán relata a lo largo del segundo capítulo de su libro (“Crónica militar y política”) los principales hitos de la dominación cartaginesa hasta su derrota a manos de los ejércitos dirigidos por Publio Cornelio Escipión “Africano”.

Uno de los interrogantes que todavía gravita en torno a la presencia de Cartago en la Península Ibérica es si comenzó con los Barca o ya era anterior. No existe una respuesta clara. En palabras del profesor Bendala, “puede llegarse, en fin, a la conclusión de que la presencia cartaginesa y norteafricana en la Península Ibérica antes de la llegada de los Barca tuvo no poca relevancia, aunque no sea posible precisar en todos los casos en calidad de qué, en qué cuantía, con qué consecuencias”. Para alcanzar tal conclusión el catedrático de Arqueología analiza varios documentos diplomáticos (tratados alcanzados entre Roma y Cartago durante los siglos VI a IV o entre Cartago y algunas colonias fenicias peninsulares); las expediciones acometidas por los generales púnicos Hannon e Himilcón; los numerosos restos arqueológicos hallados en Ibiza, Carmona o Castulo, entre otros lugares, o el yacimiento de Carteia. Sin ofrecer una solución definitiva, parece que la influencia púnica debió ser considerable, dada la facilidad con la que los Barca controlaron la Península en tan poco tiempo, algo impensable sin una previa base o red sobre la que apoyarse.

YACIMIENTO DE CARTEIAContase o no Cartago con una presencia permanente en la Península, lo cierto es que la llegada de los Barca revolucionó radicalmente el panorama político de aquélla. Su intención, al menos de cara al exterior, era obtener fuentes alternativas de ingresos para abonar a Roma las indemnizaciones contraídas tras la derrota cartaginesa en la Primera Guerra Púnica. No obstante, a los pocos años, Amílcar y sus descendientes ya controlaban el centro y sur ibérico. Como explica el profesor Bendala, el proyecto político de los Bárcidas iba destinado a su autoafirmación personal, a ostentar un poder cuasi-absoluto (cercano a la monarquía) e independiente de Cartago, con claras referencia alejandrinas y helenísticas. Este dominio tuvo su reflejo en la organización estatal y territorial impuesta en la Península y afectó de modo especial a las ciudades, que acabarían por convertirse en los centros de poder.

Tras describir en los capítulos precedentes los rasgos más relevantes de la presencia de los Barca en la península, Manuel Bendala analiza en el epílogo del libro la herencia púnica en la Hispania Romana (acuñando el término “neopúnico”). A pesar de la dura derrota, la influencia cartaginesa no se evaporó bajo el dominio romano: el entramado político, económico, social y urbano edificado durante las tres décadas anteriores pervivió y pasó a ser un elemento más de la cultura hispana.

Concluimos con una nueva cita del profesor Bendala que resume la esencia de su trabajo: con él trata no sólo de “qué acontecimientos protagonizaron [los Barca] sino qué impulsos y fundamentos políticos e ideológicos desarrollaron su quehacer, en qué modelos se inspiraron, de qué medios organizativos y materiales se valieron y se dotaron en la estructura política, militar y económica que desarrollaron en Hispania, y con qué consecuencias en su tiempo y en el futuro a partir de la decisiva coyuntura, que, en el esqueleto del cuerpo cultural hispano y en su desarrollo posterior, representó el paso de los dominadores púnicos a los romanos”.

Manuel Bendala Galán es Catedrático de Arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid, de cuya Facultad de Filosofía y Letras fue decano desde marzo de 1992 hasta febrero de 1995 y más tarde, creador y director del Máster en Arqueología y Patrimonio desde 2007 hasta su jubilación en 2010. Durante su larga trayectoria docente e investigadora ha recibido numerosos títulos y distinciones. Fue miembro correspondiente del Instituto Arqueológico Alemán, desde 1978; académico correspondiente de la Academia Sevillana de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, desde 1979; académico de número de la Real Academia de Doctores desde 2003; patrono del Museo Arqueológico Nacional y, entre 2000 y 2003, miembro de su Comisión Permanente; patrono de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos; patrono de la Fundación de Estudios Romanos, Officier dans l’Ordre des Palmes Académiques por concesión del Ministère de l’Éducation Nationale, de la Recherche et de la Technologie de la République Française y doctor honoris causa por la Universidad de Huelva en 2014.

*Publicado por Trébede Ediciones, marzo 2015.