MINISTERIO DEFENSA - MURCIA - ESTUDIOS HISTORIA NAVAL
Estudios de Historia Naval
VV.AA.

El español, a pesar de la opinión generalizada, fue un imperio eminentemente marino. Los territorios que lo componían tenían como único nexo de comunicación el mar. De ahí la importancia del poder naval en su consolidación y, cuando aquél fue menoscabado, en su decadencia. La llegada de los galeones americanos a las costas de Cádiz era tratada en Madrid como un asunto de Estado, del mismo modo que la lucha contra el corsario bereber en el norte de África adoptó, en ciertos momentos, tintes de cruzada. Mientras que el resto de potencias no pudo hacer frente a su poderío naval, se mantuvo la hegemonía hispana en los mares; en el momento en que los holandeses e ingleses desarrollaron sus marinas de guerra, la situación se invirtió y España empezó a sufrir los estragos propios de un imperio incapaz de asegurar sus líneas de comunicación. Mucho tuvo que ver la pérdida del control de los mares en la decadencia española de los siglos XVII y XVIII.

Sorprende lo poco que los españoles conocen su historia naval. La gran mayoría sabrá qué fue la Armada Invencible o la batalla de Lepanto pero seguramente este número se reducirá si preguntamos quiénes fueron los capitanes generales que protagonizaron ambos acontecimientos. Hoy se pretende contrarrestar este desconocimiento con exposiciones (Blas de Lezo o el descubrimiento del Pacífico, por citar alguna de las más destacadas) o con publicaciones a cargo de las instituciones públicas o de las universidades. Entre ellas se encuentra el libro Estudios de Historia Naval. Actitudes y medios en la Real Armada del siglo XVIII*, la primera de una serie de monografías denominada “Cátedra de Historia Naval”.

GRABADO GALEÓN SIGLO XVIEl objetivo de la obra queda bien definido en su prólogo, a cargo de Juan José Sánchez-Baena y Celia Chaín-Navarro: “La relevancia de lo marítimo en la Historia de España y la gran cantidad de fuentes que se conservan deberían haber propiciado una producción científica mucho más amplia sobre este tema, que permitiera tener un mayor conocimiento sobre tan excelsa materia. Por ello esperamos que este volumen sea el primero de otros muchos que contribuyan a aminorar este vacío historiográfico flagrante. No debemos olvidar que las fuentes documentales son básicas para la construcción de la Historia, y ésta es una parte importante del proceso de formación de la conciencia identitaria que tiene de sí un pueblo“.

Estudios de Historia Naval describe, a través de sus diez capítulos, el estado, la organización y el funcionamiento de la marina española en el siglo XVIII y principios del XIX, así como su influencia en la política y en la administración de aquella época. Por muy técnicos que algunos capítulos parezcan (entre ellos destacan, por ejemplo “Una inspección técnica del casco de una galera del siglo XVIII” o “Antecedentes del desarrollo institucional de la cartografía hidrográfica en España en el siglo XVIII“), todos cumplen el mismo cometido: dar una imagen de conjunto de la situación del poder naval español en una época de tránsito entre el Antiguo Régimen y los primeros atisbos del Nuevo.

Durante el siglo XVIII, y en especial tras la firma del Tratado de Utrecht en 1713, España perdió su condición de primera potencia mundial, aunque sus dirigentes no quisieran, o no supieran, reconocerlo. El Imperio ultramarino y sus posesiones en Italia podían dar la apariencia de que España todavía jugaba un papel importante en el tablero europeo, pero era una vana ilusión que los hechos vinieron a desmontar. La llegada al trono de Felipe V trajo un ímpetu reformista que buscaba contrarrestar el inmovilismo de los Austrias menores, y el renacimiento de la Armada fue uno de sus objetivos. Los capítulos “De las reliquias de Felipe V a la gran Armada Oceánica de 1750: guerra y marina durante la primera mitad del siglo XVIII” y “Algunas expediciones atlánticas de la Armada española en la segunda mitad del siglo XVIII” están dedicados a analizar la voluntad de los monarcas y de sus ministros para recuperar la gloria perdida. A pesar de los esfuerzos, el poderío inglés socavó estos intentos y, aun siendo la segunda potencia naval a finales del siglo, la fuerza de la marina española era más ficticia que real.

Otra prueba de lo poco conocida que es nuestra historia naval es la falta de reconocimiento que han recibido los grandes marinos. El esfuerzo por erigir un monumento a Blas de Lezo sorprende por su carácter insólito. Personajes como Luis de Córdova, Álvaro de Bazán, Juan de la Cosa, Cosme Damián Churruca o Julián de Arriaga, cuya importancia es equiparable a la de los grandes generales, han pasado más bien desapercibidos para la historiografía española. Al último de ellos se le dedica un capítulo entero (“Julián de Arriaga y las Indias: defensa del Imperio y política colonial (1700-1754)“) que busca hacer justicia a su figura. Otro capítulo también analiza la personalidad de Gregorio Dávila (“Remoción sin promoción. La atípica y conflictiva carrera de Gregorio Dávila en la Administración de Marina“), aunque en este caso el interés radica más en el funcionamiento del funcionariado de aquel siglo, que en la importancia del personaje.

BATALLA CARTAGENA DE INDIASJunto a las grandes figuras también se tratan grupos sociales menos conocidos como los pilotos de los barcos (“Los ojos del buque: los pilotos de los navíos del rey (1748-1846)“) o la utilización de gitanos en los arsenales (“Forzados gitanos confinados en los arsenales peninsulares tras la redada general de 1749“) siguiendo el propósito de dar una imagen de conjunto del estado del poder naval hispano.

Como todo imperio marino, España dependía de sus colonias como fuentes de riqueza. La importancia inicial de los metales preciosos fue dando paso al intercambio de otro tipo de mercancías y a un nuevo modelo de comercio. Para sostener este ritmo de intercambio y hacer frente a la cada vez más hostil intervención enemiga era preciso reformar la maltrecha flota española. Los capítulos “El final del Antiguo Régimen y las primeras décadas de la España Liberal en los arsenales de la península” y “Relaciones laborales en los arsenales de Marina del dieciocho” analizan el papel que jugaron los arsenales de Cádiz, Cartagena y El Ferrol en la renovación de los buques españoles y como focos “industriales” y de crecimiento.

Mucho hay de mito y poco de realidad en la creencia de que España fue derrotada por los piratas y las flotas inglesas y holandesas, pues permaneció como una potencia mundial hasta la entrada en el siglo XIX. Ahora bien, sostener tan vasto imperio requería unos medios que superaban con creces las posibilidades de nuestra Hacienda, pese a lo cual se llevaron a cabo importantes esfuerzos y reformas para mantener e incluso recuperar el terreno perdido a finales del siglo XVII y principios del XVIII, a veces con éxito y otras con sonados fracasos. Estudios de Historia Naval intenta arrojar un poco de luz sobre este período y, además, recuperar el interés por el pasado naval, pieza esencial de nuestra historia.

*Publicado por el Ministerio de Defensa y por Ediciones de la Universidad de Murcia, 2013.