UAB - ESCRITURAS LENGUA CULTURA EGIPTO
Escrituras, lengua y cultura en el Antiguo Egipto
Josep Cervelló Autuori

El interés que aún hoy, más de cuatro mil años después de ser grabados, despiertan los jeroglíficos egipcios resulta sorprendente. Ninguna otra lengua genera esa fascinación, ningún otro sistema de escritura provoca tanta curiosidad entre miles de personas que leen ávidamente desde trabajos especializados hasta las teorías más rocambolescas sobre su origen (por desgracia, predominan estas últimas). Es inevitable, al hablar de jeroglíficos, asociarlos a las paredes de las pirámides, los palacios o los templos que bordean el caudaloso Nilo. La idea de la civilización egipcia, al menos tal como la concebimos hoy, se construye en torno al poder absoluto que poseía el faraón, al enigma que rodeaba la edificación de increíbles monumentos arquitectónicos y a un lenguaje en apariencia indescifrable. A pesar de que los avances realizados en las últimas décadas han esclarecido muchos de los interrogantes sobre la cultura egipcia, el aura de misterio y leyenda que acompaña a los jeroglíficos aún pervive en el imaginario popular.

Casi doscientos años han transcurrido desde aquel 14 de septiembre de 1822 cuando Jean-François Champollion dijese a su hermano “Je tiens l’affaire!”. Ese “affaire” no era otro que el desciframiento de la conocida como Piedra de Rosetta, que abriría el camino a los egiptólogos para esclarecer el significado de las extrañas grafías que poblaban los yacimientos arqueológicos. Dos siglos más tarde, los progresos realizados en este campo por figuras tan destacadas como Thomas Young, Karl Richard Lepsius, Auguste Mariette, Gaston Maspero, Heinrich Brugsch, Adolf Erman, Ludwig Stern, Alan H. Gardiner, Hans Jacob Polostsky o Dimitri Meeks han sido extraordinarios. Ya son pocas las incógnitas que quedan por despejar y los expertos han logrado descifrar la mayoría de las inscripciones conocidas. El gran público (el español, especialmente) no cuenta, sin embargo, con una herramienta que le acerque a estos hallazgos. La mayoría de las publicaciones son especializadas y, por lo tanto, inaccesibles para el lego. Hay interés por conocer, pero faltaban las herramientas para satisfacer esa curiosidad.

Es aquí donde entra en juego Josep Cervelló Autuori quien, con su obra Escrituras, lengua y cultura en el Antiguo Egipto*, busca “presentar la lengua egipcia, su adscripción y su evolución, y las diferentes escrituras egipcias, sus características, su función, su origen y derivaciones fuera de Egipto, siempre desde una perspectiva cultural, es decir, en el contexto histórico e intelectual que necesariamente enmarca y condiciona los usos lingüísticos y al producción escrita”. Centrado en la historia cultural de la lengua y de la escritura egipcia, su principal objetivo consiste en dar una visión lo más completa posible de los elementos que la constituyen (características, funciones, sintaxis o descripción lingüística), así como explicar su evolución, la historia de su desciframiento y los idiomas que han derivado de ella (en este punto, prepárense para alguna que otra sorpresa). Todo ello desde una “perspectiva hispana” que facilite al lector la comprensión de las explicaciones.

JEROGLIFICOS EGIPCIOSComo el propio autor señala en la introducción de su obra, el libro está dirigido a tres tipos de lectores: el público cultivado en general (con cierto interés por el Antiguo Egipto), los estudiantes universitarios que busquen una introducción a la filología egipcia y los especialistas de otras ramas de las humanidades que sientan curiosidad por esta disciplina. Compartimos plenamente la clasificación, aunque advertimos al lector no especializado que tiene ante sí un texto alejado del libro divulgativo al uso, esto es, que le exigirá en ciertos momentos toda su atención. Así ocurre, por ejemplo, cuando aborda la tipología y las funciones de las distintas escrituras egipcias (el propio autor indica ya en la introducción cuáles son los pasajes más técnicos). El gran mérito de Josep Cervelló Autori consiste en hacer accesible una materia no exenta de complejidad y lograrlo desde un enfoque global, no limitado a la filología, que abarca los distintos aspectos culturales e históricos de la lengua del Antiguo Egipto.

El primer consejo que nos atrevemos a darles si optan por acercarse al libro (y se lo recomendamos vivamente) es: olvídense de lo que aprendieron en las clases de lengua. El mejor modo para aproximarse al trabajo del profesor Cervelló consiste en afrontarlo con la mente en blanco. Ya se encargará el autor de realizar en su exposición las oportunas comparaciones con nuestro alfabeto y escritura. Si el lector no tiene conocimientos previos sobre la lengua egipcia, es aconsejable que haga caso omiso a las disparatadas teorías que campan por doquier respecto de la procedencia y significado de aquélla. Déjese, repetimos, guiar por los especialistas.

Para empezar, y rompiendo con las creencias populares, la escritura egipcia no se limitaba a los jeroglíficos, sino que incluía cuatro sistemas de escritura: hierático, demótico, copto y jeroglífico (Josep Cervelló analiza las características, usos e historia de cada uno de los cuatro). Los dos más antiguos son el jeroglífico y el hierático cuyas principales diferencias las encontramos en el uso que se les daba. El primero era “una escritura de parada, de exhibición, de conmemoración, cuya finalidad no es solo comunicar mensajes lingüísticos, sino también expresar, a través de su mera presencia y de la iconografía desplegada, el poder de faraón, de los dioses y de las élites, y, en definitiva, un orden cultural del mundo”. El segundo, por su parte, resultaba más cercano al concepto actual de escritura y se empleaba como mecanismo de comunicación en el día a día, reservado a los escribas y a las élites cultas. El demótico, más reciente (surge en el siglo VII a.C.), deriva del hierático y se utilizó para los mismos menesteres, aunque posteriormente evolucionó hasta “independizarse” y adoptar una nueva ortografía. Por último, el copto, de clara influencia griega (de hecho es una adaptación del alfabeto heleno), fue asumido por los cristianos de Egipto en torno al siglo II y III d.C. (aunque su origen es anterior).

Piedra Rosetta - MetahistoriaLos primeros testimonios escritos de los que tenemos constancia se remontan al año 3200 a.C. y el profesor Cervelló distingue en la evolución de la lengua dos etapas (ambas cuentan a su vez con subdivisiones internas). La primera modalidad de escritura, adscrita al tronco lingüístico afroasiático, abarca desde sus orígenes hasta el final de la XVIII dinastía (en torno al año 1350 a.C.) aun cuando, como lengua religiosa y áulica, perdurará hasta la caída del sistema faraónico y la llegada de los romanos. La segunda etapa se prolonga desde 1350 a.C. hasta la extinción del copto en el siglo XVII d.C. (si bien como lengua litúrgica éste todavía resulta empleado en la actualidad). La principal diferencia entre ambos períodos es de orden temporal, reflejada en la evolución desde una lengua sintética hasta convertirse en una lengua analítica. No es la única pues, como también se señala en la obra, los dos períodos divergen, por ejemplo, en la estructura de la oración, del predicado verbal o en el tipo de nociones temporales expresadas por las formas verbales.

Uno de los capítulos más interesantes del libro se dedica a “El origen de las escrituras egipcias” y en él Josep Cervelló analiza, dentro de su contexto histórico, arqueológico y cultural, los testimonios más antiguos (hallados en la tumba U-j en Abidos, fechada en el año 3250 a.C.). Trata de desentrañar las causas que motivaron su aparición y resolver, entre otras cuestiones, si la escritura egipcia surgió de forma “espontánea” o más bien influenciada por un estímulo exterior, así como de averiguar el “universo figurativo” del que emerge.

Sin duda el capítulo más complejo para el neófito será “La escritura jeroglífica egipcia: sonidos, signos disposición”. En él “se describe someramente el sistema fonológico del egipcio clásico, se presenta el código de transliteración de los textos egipcios al alfabeto latino” y “se examinan todos los tipos de signos de la escritura jeroglífica y sus usos y disposición en la secuencia gráficas”. Términos como mono (bi y tri) consonánticos, complementos fonéticos, semagramas, logogramas, determinativos o signos-raíz, pueden asustar un poco a quien no se halle acostumbrado al uso de este vocabulario. A pesar de su evidente dificultad, Josep Cervelló expone con claridad los rasgos más destacados de las escrituras egipcias y hace asequible su comprensión.

ANUBIS RITO EGIPTOLa lengua egipcia puede hoy estar muerta pero, sin embargo, su influencia todavía se deja sentir del modo más insospechado. Hace cuatro mil años los faraones se interesaron por la región minera del Sinaí y empezaron a entrar en contacto con las culturas semíticas de aquel territorio. De esa interacción surgirá, como explica el profesor Cervelló, el alfabeto. Paulatinamente la escritura alfabética, también llamada protosinaítica, sólo utilizada por personas humildes (a diferencia de las otras escrituras egipcias reservada a las élites) irá extendiéndose por Oriente Próximo hasta que el protocananeo y, posteriormente, el fenicio y otros lenguajes semitas (hebreo, arameo, árabe) adopten y adapten aquel alfabeto. ¿Empiezan a ver hacia dónde nos dirigimos? Tanto griegos como etruscos se apoyaron, a su vez, en el fenicio, y por último, la evolución culmina en el latín, inspirado en los dos anteriores. Utilizando las palabras del autor “Porque, aunque pueda sorprender de entrada al lector no especialista al ser cosa poco conocida y divulgada, nuestras letras alfabéticas derivan, en última instancia, de una selección de jeroglíficos egipcios”.

Josep Cervelló Autuori (Barcelona, 1961) es profesor de egiptología de la Universitat Autònoma de Barcelona y director del Instituto de Estudios del Próximo Oriente Antiguo de esta universidad. Desde 1992 enseña lengua egipcia clásica y neoegipcia e historia de Egipto en las titulaciones de egiptología de la UAB y actualmente dirige el máster oficial de Egiptología. Ha dirigido diversos proyectos de investigación de temática egiptológica, uno de los cuales ha comportado trabajo epigráfico de campo en Saqqara. Es autor de numerosas contribuciones científicas entre libros, capítulos de libros, artículos y ponencias en congresos, muchas de ellas publicadas en editoriales y revistas de difusión internacional.

*Publicado por el Servei de Publicacions de la Universitat Autònoma de Barcelona, mayo 2015.