HRM - PODER NAVAL GRECIA - ARTURO SANCHEZ
El poder naval de Grecia en el S. V a.C.
Arturo Sánchez Sanz

La civilización griega cimentó su poder en el mar. La pobreza de sus tierras, la infinidad de pequeñas islas dispersas por el Egeo y el Jónico y la abrupta geografía del continente heleno llevaron a sus habitantes a volcar sus esfuerzos en los dominios de Poseidón. Pocos pueblos han dependido tanto de su relación con el mundo marítimo como el griego. Es probable que los grandes logros científicos y políticos que se produjeron en la Grecia Clásica (siglo V a.C. y mitad del siglo IV) y que hoy admiramos tanto no hubiesen sido posibles si las ciudades-estado helenas no hubiesen contado con una poderosa flota con la que enfrentarse a sus peligrosos vecinos. Atenas fue la principal potencia marítima de su época pero no la única, pues todas las polis (incluso Esparta) contaban con su propia flota. Los avances técnicos y la pericia de los tripulantes permitieron extender la cultura helena por el Mediterráneo oriental y derrotar al Imperio Persa cuya fuerza era considerablemente superior a la del conjunto de los griegos.

Llegaron después los peloponesios entonando un peán a la par que navegaban, teniéndose por vencedores, y a la nave ateniense restante la perseguía una de Léucade muy adelantada a las demás. Casualmente había un barco de carga anclado en alta mar; el navío ateniense lo rodeó a toda prisa y embistió en todo el centro del costado a la nave leucadia que lo perseguía, hundiéndola. Cundió el pánico entre los peloponesios ante ese hecho inesperado e irracional, y como además hacían la persecución desorganizados a causa de su victoria, algunas naves dejaron caer los remos cesando en su navegación –acción inoportuna con los enemigos anclados a tan poca distancia– porque querían esperar al grueso de la flota, y algunas, incluso, encallaron en los bajíos por su desconocimiento de aquellas aguas”. Con estas palabras describe Tucídides unos de los enfrentamientos entre atenienses y peloponesios durante la batalla de Naupacto en la Guerra del Peloponeso. El hecho descrito no era sino una simple escaramuza sin mayor relevancia, pero condensa con bastante precisión las características de la lucha naval griega (embestidas, uso de remos, disposiciones en la batalla…).

MODELOS TRIRREME GRIEGOSArturo Sánchez Sanz expone en El poder naval de Grecia en el S. V a.C.* los rasgos más destacados de la capacidad marítima helena durante su edad dorada. Siguiendo la estela de los libros de HRM Ediciones, lo hace mediante un trabajo conciso, sencillo y de carácter divulgativo, alejado de los típicos textos académicos. No busca profundizar en cuestiones muy técnicas, sino exponer las peculiaridades de la flota (comercial y militar) griega en el momento de su apogeo. Además, para facilitar la comprensión de las explicaciones que nos ofrece, incluye numerosas ilustraciones y mapas.

Para concluir que la historia griega ha estado, desde sus inicios, inseparablemente unida al mar basta echar un vistazo a la Ilíada. La cultura helena giraba en torno a sus costas y el comercio fue el principal motor de su expansión. Dado que las conexiones terrestres eran difíciles, los griegos potenciaron los intercambios marítimos, para lo cual necesitaban una potente flota. Arturo Sánchez nos describe la evolución de la marina helena desde los primitivos y rudimentarios eikosoros y pentecónteros que narra Homero hasta los famosos trirremes (el autor dedica un capítulo entero a explicar su diseño, construcción y uso). Los cambios, en un primer momento, fueron progresivos pero a medida que las amenazas exteriores crecieron también lo hicieron las innovaciones, de las que sin duda destacan los espolones, incorporados a la proa de los navíos en el siglo VI a.C.

La imagen que tenemos de esclavos encadenados mientras reman no corresponde a la realidad de la flota griega. Salvo en situaciones excepcionales, la tripulación estaba compuesta por hombre libres (en torno a doscientos, la gran mayoría remeros). El diseño de los trirremes no permitía el transporte de soldados, por lo que tampoco es ajustada la percepción de que las batallas navales se vencían gracias a los abordajes. Como explica Arturo Sánchez, la principal táctica en las naumaquias consistía en hundir a la embarcación enemiga abriendo una vía de agua con el espolón: “Lo más habitual era intentar embestir a las naves enemigas en sus costados, y preferiblemente cerca de la popa para inutilizar el timón, abrir una vía de agua y retirarse rápidamente para alejarse del alcance de sus proyectiles, intentando evitar que el espolón se quedara encajado o enredado entre los remos del enemigo”.

Una vez expuestas las principales características del poder naval griego, Arturo Sánchez se ocupa de los hitos que marcaron la historia militar griega durante el siglo V a.C. Hablar de esta centuria conlleva, inevitablemente, centrarse en dos conflictos que condicionarían la Edad Antigua y la civilización helena: las Guerras Médicas y la Guerra del Peloponeso. El autor no trata tanto de construir un relato histórico sino de encuadrar las batallas navales más significativas (Artemisio, Salamina, las expediciones a Corintio y Sicilia) dentro del contexto en que se produjeron.

CUADRO BATALLA SALAMINALas Guerras Médicas fueron el punto de partida de la hegemonía griega en el Mediterráneo. La amenaza del gigante persa obligó a las ciudades helenas a actuar conjuntamente para no acabar sometidas a su dominio. La contienda se prolongó durante años y ha dejado para la historia batallas terrestres tan conocidas como Maratón o las Termópilas, o navales como la de Artemisio o Salamina; en estas últimas, más tratadas en el libro, la habilidad griega se impuso a la superioridad de la flota de Ciro. El período que transcurre desde el final de las Guerras Médicas hasta el inicio de la Guerra del Peloponeso se denomina Pentecontecia y trajo consigo la aparición de dos grandes bloques antagónicos, la Liga del Peloponeso y la Liga Atíca-Délica, que terminarían por enfrentarse en una guerra civil.

La Guerra del Peloponeso supuso el cénit y el ocaso de la civilización griega clásica. Atenas y Esparta, las dos grandes potencias del momento, tuvieron que hacer tal esfuerzo durante los treinta años de lucha que acabaron exhaustas y ya nunca lograron recuperarse. Arturo Sánchez analiza las tres fases del conflicto: la guerra arquidámica, la expedición a Sicilia y la guerra de Decelia. A diferencia de lo sucedido en la pugna contra los persas, no hubo en ésta batallas legendarias que hayan quedado grabadas en la memoria, sino una infinidad de enfrentamientos, tanto terrestres como navales, que se extendieron durante tres décadas hasta la victoria peloponesia.

Concluye la obra con una breve exposición del ulterior desarrollo de los conflictos navales a partir del siglo IV a.C., marcados, primero, por la ambición de construir mastodónticos buques y seguidos, después, por una vuelta a naves más pequeñas y maniobrables.

Arturo Sánchez Sanz es licenciado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, especialista en Historia Antigua y Máster en Historia y Ciencias de la Antigüedad. Actualmente se encuentra preparando su doctorado y ha publicado diversos artículos sobre esta materia.

*Publicado por HRM Ediciones, marzo 2015.