FORCOLA - OCASO DE EUROPA - CARPENTIER
El ocaso de Europa. Crónicas de la revista Carteles, 1941
Alejo Carpentier

Al quedar en pie, en el extremo oeste de un continente en ruinas, Inglaterra ha tenido el buen cuidado de salvaguardar sus valores espirituales con tanto empeño como el que pone en erizar sus costas de alambradas y nidos de ametralladoras. No así Francia, que se entierra a sí misma, absurdamente, tras de una derrota militar, siendo precisamente la única nación en el mundo a la que no era necesaria una victoria por las armas para conservar su prestigio”. Con estas palabras, recogidas en la obra El ocaso de Europa. Crónicas de la revista Carteles, 1941*, el escritor cubano Alejo Carpentier describía el decadente estado en que se hallaba el continente europeo tras los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Europa había dejado de ser el faro de la civilización occidental para convertirse en un albañal de ruinas, pobreza y cadáveres acumulados. La guerra y la estéril dominación nazi drenaron el campo intelectual europeo hasta convertirlo en una tierra yerma al servicio de los intereses del Führer.

La decadencia de Europa ha sido un tema recurrente en la literatura de la primera mitad del siglo XX. Quizás encontremos en la obra de Oswald Spengler, La decadencia de Occidente, (a la que Carpentier acude en reiteradas ocasiones) el máximo exponente de esta línea pesimista extendida por el Viejo Continente tras concluir la Primera Guerra Mundial. Los estragos de la Gran Guerra y las penurias que trajo consigo llevaron a muchos intelectuales a cuestionarse la superioridad moral del pensamiento europeo, paradigma hasta entonces de las virtudes del progreso, la civilización y la vanguardia cultural. El desencanto de gran parte de la sociedad con los valores que habían regido las democracias liberales durante las décadas anteriores provocó la aparición de nuevos actores políticos con ideas novedosas pero sumamente radicales. Las consecuencias de esta deriva totalitaria son hoy conocidas por todos.

RUINAS DE EUROPA SEGUNDA GUERRA MUNDIALAlejo Carpentier residió desde 1927 hasta 1939 en París, donde, al igual que gran parte de los literatos del momento, trabajó para periódicos y revistas, tanto francesas como cubanas. Su larga estancia en la capital gala le permitió conocer de primera mano las corrientes artísticas que imperaban durante aquellos años en la Ciudad de la Luz (formó parte del movimiento surrealista) y ser testigo del convulso panorama político que caracterizó los últimos años de la Tercera República Francesa. La obra que ahora reseñamos recopila seis crónicas que el escritor cubano publicó en la revista Carteles en 1941 con el fin de enfocar “[…] desde un ángulo nuevo la tragedia actual del Viejo Continente, estudiándose algunos resortes secretos de un proceso de desintegración tan inevitable para los vencedores como para los vencidos”.

Más de setenta años han transcurrido desde que se publicaran las seis crónicas que componen El ocaso de Europa hasta su reedición en un único libro. No es fácil explicar los motivos de dicha “marginación” (las crónicas ni tan siquiera fueron recogidas en sus Obras completas), aunque la apología que el autor de Écue-Yamba-O!, El siglo de las luces o La consagración de la primavera hacía del sistema democrático estadounidense pudo ponerle en una situación incómoda tras el éxito de la Revolución cubana de Fidel Castro en 1959 (a la que apoyó con entusiasmo), relegando estos textos a un discreto segundo plano. Hemos de agradecer, por tanto, a Eduardo Becerra y a la editorial Fórcola la recuperación del brillante análisis que Carpentier realizó sobre el crepúsculo (cultural) de la hegemonía europea en el mundo.

El profesor Becerra se ocupa, asimismo, del prólogo de la obra. No queremos dejar pasar la oportunidad de felicitarle pues, sin florituras ni excesos, es capaz de condensar en pocas páginas y con solvencia toda la información necesaria para contextualizar y comprender las crónicas del escritor cubano, además de acercarnos a su ideario.

HITLER EN PARIS 1940En los últimos años ha resurgido con fuerza la crónica periodística. Numerosas editoriales están volviendo sus ojos a las colaboraciones que afamados escritores realizaron para algunos periódicos de la época. Los textos de Camba, Blasco Ibáñez, Chaves Nogales, Maeztu, Azorín… parecen vivir una segunda juventud. En esta corriente podría situarse el trabajo de Carpentier aun cuando El ocaso de Europa va mucho más allá de una simple crónica. Como explica el profesor Becerra en el prólogo de la obra, “El ocaso de Europa desarrolla más bien un programa cultural en el que se adivinan las tensiones y las relaciones problemáticas que Carpentier establece en ese momento con su propio pasado intelectual, y también con su presente. El contexto histórico es instrumentalizado por Carpentier para llevar a cabo una disección de las culturas de Estados Unidos, Francia y Alemania

Alejo Carpentier, a diferencia de otros escritores, no utilizó las crónicas de El ocaso de Europa para posicionarse a favor o en contra de una ideología, ni para criticar los sistemas democráticos o totalitarios. La política, más allá de las inevitables referencias al contexto del Viejo Continente, aparece poco en esta obra. El verdadero protagonista será el declive cultural europeo, personificado en la capitulación de París en 1940. Aunque para el novelista cubano, hacía años que la capital francesa había sucumbido a la mediocridad: “Y es que París era una ciudad terriblemente provinciana, ante el nuevo panorama del universo”, “Y París ilustró, como ninguna otra ciudad del mundo, ese ‘punto de visa del cadáver’” o “París sólo vivía a expensas de un caudal adquirido con anterioridad, sin renovar riquezas ni cargar sus acumuladores de energía”.

Encerrada en su propia aura de inmortalidad, la Ciudad de las Luces se fue apagando durante las primeras décadas del siglo XX. Carpentier acusa a la capital francesa de miope, xenófoba, frívola, ingrata, autocomplaciente y, por supuesto, decadente. Es cierto que admira a algunos escritores franceses, pero su impresión general es muy negativa. La derrota fue, por tanto, inevitable, pues para el escritor cubano las causas de la capitulación gala no han de buscarse en la superioridad militar germana, sino en la pérdida del élan cultural que había caracterizado a Francia durante la centuria anterior. La quiebra de la identidad francesa (extensible a todo el continente europeo) arrastró a Europa a su inexorable anochecer.

NUEVA YORK 1940Mientras que el Viejo Continente languidecía, despertaba con brío América. Carpentier resalta el rejuvenecedor empuje de la cultura estadounidense, a la que elogia sin matices. Siguiendo el incipiente panamericanismo, ataca los tópicos materialistas y ensalza su cultura viva que mira al futuro. América toma el relevo de la caduca Europa y se convierte en el centro mundial del arte, en palabras del escritor cubano: “En su milenario desplazamiento hacia el occidente, siguiendo la trayectoria del sol, el foco de la cultura universal ha alcanzado nuestras latitudes”. Será en estas páginas donde contraponga la ruina europea con el amanecer americano y donde se perciba con mayor intensidad la influencia de Spengler sobre Carpentier: “Porque –volviendo a Spengler– nadie puede hacer reverdecer un árbol llegando a su extrema vejez… Los ciclos europeos están colmados”.

Concluimos con una invitación al lector para que se acerque a El ocaso de Europa. Libro breve (no supera las 130 páginas, incluido el prólogo), conciso, magistralmente escrito y que aborda la decadencia europea desde una perspectiva a la que estamos poco acostumbrados, esto es, de la mano de un escritor americano. La inmensa mayoría de los libros sobre aquel período están firmados por plumas europeas, a veces cegadas por la cercanía de lo que narran, mientras que Alejo Carpentier, buen conocedor de la cultura europea, aporta una mirada fresca (y muy crítica) a los sucesos que hundieron al Viejo Continente.

Alejo Carpentier (1904-1980). Escritor, periodista y musicólogo cubano. Su trayectoria inicial estuvo muy ligada al periodismo. Tras un fugaz paso por la cárcel debido a ciertas actividades de oposición al dictador Gerardo Machado, en 1928 abandonó Cuba para establecerse en París. Allí fue corresponsal de diversas revistas culturales cubanas, labor en la que destacaron sus colaboraciones para Social y Carteles. En 1939 regresó a Cuba y entre 1945 y 1959 vivió en Venezuela, para volver a instalarse en Cuba tras la victoria de Fidel Castro. Sus últimos años los pasó en Francia como alto funcionario diplomático en la embajada de París. Con la publicación en 1933 en Madrid de su primera novela ¡Ecué-Yamba-Ó!, inició una prolífica carrera narrativa y ensayística que le convirtió en una de las figuras más importantes de la literatura en español del siglo XX.

*Publicado por Fórcola Ediciones, junio 2015.