PLAZA VALDES - HISTORIADOR GABINETE
El historiador en su gabinete
Ricardo Gutiérrez Aguilar

El libro de Ricardo Gutiérrez Aguilar El historiador en su gabinete. El juicio histórico y la Filosofía de la Historia* versa, según resumen sus editores, sobre las herramientas conceptuales del historiador. Herramientas que tienen la naturaleza de juicios, de los que el autor va analizando los juicios positivos, estéticos, teleológicos y, especialmente, morales en Historia. Sobre estos últimos gira gran parte de la obra, a partir del capítulo final (Crítica del juicio histórico. Moral en la historia).

El trabajo de Gutiérrez Aguilar no es, ya lo avanzamos, de fácil lectura. Enfrentado Joaquín Schulte con las Philosophische Untersuchungen de Wittgenstein se pregunta si estamos ante una verdadera “obra”, a cuyo efecto exige que satisfaga al menos uno de los siguientes criterios: a) el propio autor debe considerar que el texto en cuestión formaba un todo; b) los lectores pueden reconocer en él una línea argumentativa; y c) el texto ha sido sometido a un cierto grado de revisión estilística para mejorar su legibilidad y comprensión.

Pues bien, el libro de Gutiérrez Aguilar posiblemente satisfaga aquellos requisitos pero no es precisamente un ejemplo de legibilidad. Si lo es de comprensión, o no, queda reservado al juicio de cada uno, sobre la base de que ni la epistemología ni la filosofía de la historia encajan entre las disciplinas que pueden ser leídas impunemente con música de fondo añadida o con los buenos propósitos de pasar un rato de esparcimiento.

REPRESENTACION DE CLIOGutiérrez Aguilar aborda cuestiones de hondo calado y lo hace con originalidad y con profundidad innegables. La dificultad, sin embargo, está en el estilo, a cuyo efecto valga transcribir una de sus frases: “El modelo obtiene aquí réditos indirectos de la forma dialéctica de asumir el dato de la composición anterior como un supuesto móvil y de fijarse más bien en la interacción relativa y resignificación de estos de manera holista“.

El lector que se reconcilie con este peculiar estilo deberá afrontar una “indagación filosófica” en varios niveles sobre la Filosofía de la Historia, disciplina (cuya invención terminológica atribuye Gutiérrez Aguilar a Voltaire en el discours préliminaire de su Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones) en constante e interminable disputa que haría las delicias –es un decir- del antes referido Wittgenstein.

En el libro destaca sobre todo –a juicio de quien escribe estas palabras- un diálogo fecundo de Gutiérrez Aguilar con varios de los grandes autores. Si en los primeros capítulos es una reflexión de Tucídides (de la oración fúnebre de Pericles, en concreto) la que da pie a presentar las “coordenadas de un discurso“, el diálogo ulterior lo es con textos de Aristóteles (Poética y Metafísica) y, sobre todo, con Isaiah Berlin.

En efecto, gran parte del trabajo de Gutiérrez Aguilar es una reflexión a varias voces que trae causa de Liberty. Incorporating Four Essays on Liberty, y de History and Theory. The concept of Scientific History para discurrir sobre la Historical Inevitability, a partir de las afirmaciones de Isaiah Berlin en ambas obras. La cuestión de fondo que éste había planteado y sobre la que el autor español indaga es, en realidad, si cabe “[…] atribuir mérito y culpabilidad morales e intentar ser justo con ello, y que los seres humanos merecen que se les haga justicia mientras no la merecen así los palos o las piedras“. Palabras de Isaiah Berlin que, unidas a las que dedicó a las posiciones relativistas o deterministas y fatalistas, se interrogan sobre la dignidad de una disciplina que, privada de la posibilidad de emitir juicios morales sobre los hombres, parecería tratarlos del mismo modo que a los “palos o a las piedras“.

ISAIAH BERLINFrente a lo que intuitivamente (?) pudiera parecer, la respuesta adversa a este “espinoso problema” (ahora son palabras de Gutiérrez Aguilar) no es en modo alguno evidente y sobre él ofrece el autor unas consideraciones que podrían denominarse “en espiral”. La distinción entre “el entender, el justificar y el explicar“, o entre “tolerar, perdonar y validar” (términos unos y otros “en absoluto equivalentes“) desemboca en la búsqueda de una “justificación epistémica” que para nuestro autor es la que interesa al enfoque científico.

La noción de justificación epistémica que Gutiérrez Aguilar emplea y tampoco es un modelo de legibilidad (“por justificación epistémica comprendemos la garantía para el conocimiento que el método correcto de su adquisición en relación con el tipo de objeto en que se centra ofrece“) bebe de las fuentes (entre otros, Dancy, Audi, Prauss, Lycan) que él mismo cita. A partir de esta noción desarrolla sus tesis en los siete subapartados del cuarto capítulo del libro, para concluir con la pregunta recurrente: ¿nos es posible emitir un juicio moral adecuado con semejantes premisas [un cronista ideal con el máximo caudal informativo y libre de prejuicios condenatorios] sobre cualquier acción sobre cualquier individuo en Historia? La respuesta, para el autor, es “Y líbranos de la tentación…”.

Si es verdad, con Schopenhauer, que un libro de filosofía con un principio y un final sería una “especie de contradicción”, el que ahora comentamos sin duda no incurre en ella.

Ricardo Gutiérrez Aguilar ha trabajado en el Instituto de Filosofía del CSIC (2007-2010) bajo la dirección del profesor Roberto R. Aramayo, investigando en torno al Idealismo alemán. Kant y Schonpenhauer. En el año 2010 se incorpora como investigador científico al Institut für Philosophie de la TU-Berlin mediante un contrato Marie Curie, lo que le ha permitido ser profesor invitado en las Universidad de Buenos Aires, Valdivia y St Johns. En la actualidad ultima un libro sobre la Revolución Francesa enjuiciada históricamente por Kant y Schiller.

*Publicado por el CSIC y Plaza y Valdés Editores, enero 2014.