BELLATERRA - HISTORIA CIVILIZACION JAPONESA
Breve historia de la civilización japonesa
Conrad Schirokauer, David Lurie y Suzanne Gay

La historia que todos hemos estudiado (y se sigue estudiando) es eurocéntrica o a lo sumo atlántica, y muy poca atención se ha prestado a Oriente y mucho menos a Extremo Oriente. Parece que China o Japón sólo pasan a formar parte de la Historia Universal a finales del siglo XIX y como consecuencia de la intervención de los occidentales en los asuntos asiáticos. Hasta entonces apenas hay alusiones a las civilizaciones orientales en los libros de textos. El desconocimiento general sobre estos pueblos ha hecho que los europeos nos situemos, equivocadamente, un escalón por encima de otras civilizaciones y que interpretemos la historia desde una perspectiva marcadamente occidental. De continuar este proceder seguiremos perdiendo la oportunidad de conocer otras culturas sumamente interesantes y con un nivel de desarrollo intelectual que nada tienen que envidiar al nuestro.

El libro Breve historia de la civilización japonesa*, de los profesores Conrad Schirokauer, David Lurie y Suzanne Gay, nos permite descubrir el desarrollo de aquella civilización a lo largo de sus más de cuatro mil años de existencia. Nadie mejor que los propios autores para explicar las razones que les han movido a escribirlo: “[…] la riqueza de su larga historia, que forma una parte tan importante de la historia global de la humanidad e ilustra la naturaleza de la condición humana; el valor permanente de los logros culturales de Japón; y la importancia actual de una de las economías más fuertes del mundo“.

BUDA NARA JAPONComo ya hemos destacado en otras reseñas sobre trabajos que abordan grandes extensiones temporales y/o territoriales, es complicado sintetizar en pocas páginas la infinidad de detalles, causas y hechos que constituyen la historia de toda una nación. Los autores de la Breve historia de la civilización japonesa son conscientes de esta dificultad y pretenden, además de mostrar a grandes trazos la esencia de la historia nipona, que los lectores profundicen en ella (“el objetivo básico de este libro es que sirva como obra orientativa“). Hemos de reconocer que su propósito se cumple con creces y todo aquel que tenga un ápice de curiosidad intelectual sentirá, una vez leído el libro, la necesidad de averiguar un poco más sobre la cultura japonesa. Sin duda, contribuye a ello la cuidada y excelente edición llevada a cabo por la editorial Bellaterra.

Los autores dejan claro que estamos ante la “introducción a la historia de una civilización” y, por tanto, que se han de tener en cuenta “todas las facetas de la actividad humana, un mapa general del terreno para que el neófito pueda orientarse y aprender lo suficiente para decidir en qué dirección explorar más a fondo“. Las distintas partes que componen el libro examinan las características de la sociedad japonesa de cada período, centrándose en la política, la economía, la religión y las artes. Sorprende el estrecho vínculo que las une a todas y resulta muy difícil separar los elementos propiamente políticos de los religiosos y éstos de los artísticos. A diferencia de la cultura occidental, que introdujo hace siglos la distinción entre lo terrenal y lo espiritual (o al menos lo intentó), en Japón no se produjo hasta muy recientemente.

No sería acertado hacer comparaciones superficiales entre la evolución de la historia europea y la nipona, pues las circunstancias de una y otra son muy diferentes. Existe un cierto riesgo de interpretar erróneamente algunos fenómenos políticos que pueden parecernos similares a primera vista (por ejemplo, el shogunato y el feudalismo), de modo que la mejor forma de aproximarse al libro consiste en despojarse de ideas preconcebidas y no utilizar sin más nuestras categorías históricas occidentales.

Retrato TokugawaLos primeros capítulos de la obra abordan, tras una breve introducción geográfica, desde la prehistoria hasta el final del período Nara en el siglo VIII d.C.. Las culturas paleolíticas de Jomon (duró más de diez mil años), Yayoi y de las tumbas fueron los primeros estadios de la futura civilización japonesa. Habrá que esperar hasta el siglo VII d.C., con el ascenso del clan familiar de los Soga, para marcar el punto de partida del primitivo Estado nipón, cuyos orígenes están muy relacionados con la influencia coreana y china y con la difusión del budismo. Surge ya en aquellos años la figura del emperador, impulsado por los gobiernos de Tenmu y su consorte Jito, quienes quisieron formar un imperio independiente del continente asiático. El resultado, como señalan los autores, “[…] no fue una repentina transición a un orden totalmente centralizado, sino una transformación continua que se prolongaría durante siglos con numerosos altibajos“.

La segunda parte del libro alcanza hasta el siglo XVI y analiza inicialmente los períodos Heian y Kamakura, épocas durante las cuales “la corte, las instituciones religiosas y los grupos militares coexistieron entre terratenientes y autoridades culturales, aunque los samuráis fueron ganando relevancia hacia el final de esta parte de la historia de Japón“. La complejidad e inestabilidad del sistema político son los rasgos más destacados de estos siglos, que incluyen fases con una fuerte autoridad central junta a otras en las que predomina un poder atomizado en manos de guerreros o aristócratas. La amenaza externa, representada por las invasiones mongolas del siglo XIII, añadió un nuevo factor de desestabilización. Concluye este segundo bloque con el Japón de Muromachi en el que “la supremacía política de los guerreros, que se había estado gestando durante mucho tiempo, se afianzó entonces“.

Junto a las transformaciones políticas se produjo, a lo largo de estos siglos, un renacer de la cultura favorecido por las distintas religiones que penetraron en Japón, como el zen o las escuelas budistas. El florecimiento literario que tuvo lugar en el período Heian produjo “obras fundamentales del canon de la literatura japonesa” como el Kaifuso, el Kokinshu o la Historia de Genji. También las artes visuales sufrieron un espectacular desarrollo, acreditado, por ejemplo, en la construcción del Pabellón del Fenix o en las pinturas de Sesshu. Los templos, especialmente los templos zen, pasaron a convertirse en centros muy influyentes y difusores de las corrientes artísticas.

El tercer bloque del libro está dedicado a la “unificación y los dos primeros siglos del shogunato Tokugawa” (siglos XVI a XVIII) durante el cual “Japón experimentó cambios tan profundos, que algunos especialistas han descrito aquel período como ‘moderno temprano’ (kinsei), comparable al Renacimiento europeo“. Fue entonces cuando por primera vez los europeos tomaron contacto con la civilización japonesa. La obra analiza cómo fueron estas relaciones y las causas que llevaron a los dirigentes nipones a cerrarse al mundo y a prohibir y perseguir el cristianismo. La estructura administrativa de este período estaba asentada en el vasallaje y en un equilibrio de poder entre el shogun, los daimios y el Bakufu, estabilidad que posibilitó alcanzar la paz en el seno de Japón e impulsó el crecimiento económico (especialmente de la agricultura) y demográfico (pasó de 18 a 30 millones de habitantes).

MCARTHUR EMPERADOR JAPONESLa cuarta y última parte de la obra abarca desde finales del siglo XVIII (shogunato tardío) hasta nuestros días, seguramente los más conocidos por el lector occidental. En ella se analiza la Restauración Meiji, el surgimiento del Japón moderno, el expansionismo y militarismo del primer tercio del siglo XX, la Segunda Guerra Mundial y las décadas posteriores a la ocupación americana. A lo largo de los respectivos capítulos conocemos cómo se gestó la espectacular remodelación que modernizó el país en tan sólo unas pocas décadas y las consecuencias que tuvo en la mentalidad y cultura japonesa. La lucha por mantener una identidad propia frente a las injerencias extranjeras fue una constante durante este período y una fuente de preocupación para sus dirigentes.

Nadie duda hoy que Japón es una potencia mundial. A pesar de su importancia, sin embargo, poco sabemos de su cultura y de su forma de vida. La globalización y las nuevas tecnologías han permitido que conozcamos algo más del Lejano Oriente, pero seguimos sin comprender los principios rectores de la sociedad japonesa. Este libro es una gran oportunidad para aproximarnos a ella, descubrir una cultura distinta a las que estamos acostumbrados y sumergirnos en una historia que poco tiene que ver con la nuestra.

Conrad Schirokaurer es profesor de Historia en Columbia University y profesor emérito de la City University of New York. David Lurie es profesor de Historia y Literatura Japonesas en la Columbia University. Suzanne Gay es profesora de Historia y Estudios de Asia Oriental en el Oberlin College.

*Publicado por la editorial Bellaterra, abril 2014.