TAURUS - BARTOLOME CASAS - BERNAT HERNANDEZ
Bartolomé de las Casas
Bernat Hernández

Pocos personajes de la historia española han sido tan controvertidos y sometidos a un debate tan intenso como el fraile dominico Bartolomé de las Casas. Acusado, por unos, de dar pábulo a la “leyenda negra” y aupado, por otros, al estatus de salvador de los indios americanos, lo cierto es que resulta difícil mantenerse impasible ante su figura. La polémica que rodea al que fuera obispo de Chiapas está muy condicionada, como suele ser frecuente, por el desconocimiento generalizado de su biografía y de su obra (demasiadas veces reducida a un único libro, su Brevísima relación de la destrucción de las Indias).

La personalidad de Bartolomé de las Casas es mucho más poliédrica y compleja de la que se suele representar: no fue un mero polemista aislado y empeñado en defender a los indios frente a los “malvados” conquistadores; por el contrario, ya en su tiempo se le consideró uno de los grandes intelectuales, muy respetado y con buenas conexiones que le permitieron ocupar puestos destacados en la Corte, además de tener acceso a los monarcas españoles.

Para entender el significado de la obra de Bartolomé de las Casas, así como la repercusión que alcanzó, debemos tener presente cuándo aparece y en qué contexto lo hace. El fraile dominico antes de ser ordenado acudió, al igual que hicieron otros miles de españoles, a la llamada del Nuevo Mundo. Colón acababa de descubrir, sin saberlo, un continente cuyas riquezas parecían inabarcables. La conquista española de América apenas tiene parangón en la historia de la humanidad. En unos pocos años imperios centenarios sucumbieron ante el envite de unos cuantos hombres y a la aplastante superioridad militar occidental que, junto con la propagación de enfermedades, diezmaron a poblaciones enteras. A medida que se consolidaba la presencia española empezaron a fraguarse nuevos conflictos en torno a la propiedad de las tierras conquistadas, la situación jurídica de los indios, la autoridad de la monarquía o la misión evangelizadora de la colonización. Será entonces cuando la actividad del fraile dominico cobre relevancia y sus planteamientos sobre la conquista pasen al centro del debate.

BARTOLOME DE LAS CASASEl profesor Bernat Hernández recupera la figura de Bartolomé de las Casas* en un excelente trabajo biográfico, muy recomendable tanto a especialistas como a profanos. El objetivo del autor no es tanto rebatir o confirmar las afirmaciones que ya desde el siglo XVI se han vertido sobre el fraile dominico, sino intentar descubrir al verdadero Bartolomé de las Casas, con todas sus aristas, a través de un minucioso estudio de su obra, de su vida y de lo que sus contemporáneos dijeron de él. Como explica el propio Bernat Hernández, “Firmar una biografía de Bartolomé de las Casas está, por tanto, fuera de todo propósito de reivindicación innecesaria de una figura o de su tiempo. Nuestro trabajo debe encaminarse a restituir la realidad de las vicisitudes del individuo y el contexto en que se gestó su conciencia y pensamiento”.

No es posible separar la figura de Bartolomé de las Casas de su tiempo. Aunque el protagonista indiscutible de la obra es el padre dominico, el mundo americano y las consecuencias del descubrimiento de América también ocupan un espacio muy destacado en el trabajo de Bernat Hernández. La nueva realidad que trajo consigo la conquista del continente americano y el impacto (en todas sus vertientes posibles) que supuso para la sociedad española condicionaron enormemente el pensamiento de Bartolomé de las Casas. Es imposible comprender las feroces diatribas que el dominico lanzó contra los encomenderos sin conocer qué sucedía en el Nuevo Mundo. Ahora bien, tampoco se trata de pronunciarse sobre la polémica que envolvió a los conquistadores españoles en su periplo americano. El autor no se posiciona, no hace un alegato en favor o en contra de las acciones tomadas por figuras como Cortés, Pizarro o Diego de Velázquez, y tan sólo expone, con una encomiable objetividad, la realidad que el fraile dominico conoció personalmente.

Muchas veces se presenta a Bartolomé de las Casas como un Quijote luchando contra los molinos de la indiferencia castellana. Nada más lejos de la realidad. Bernat Hernández pone de manifiesto a lo largo de su biografía cómo el fraile dominico nunca estuvo solo, pues contó en todo momento con un gran número de seguidores y con el apoyo incondicional de su Orden y de otros reputados intelectuales (“Situado en su época, Bartolomé de las Casas no fue excepcional” o “Con todo, el padre Las Casas no fue ninguna rara avis, sino que su pensamiento y líneas de acción se incardinaron en el clima intelectual y político de la escolástica del momento” explica el autor). Siendo cierto que en ocasiones se le prestaba más o menos atención en la Corte, su capacidad de influencia siempre fue considerable.

DESCUBRIMIENTO DE AMERICAEn los años en que el obispo de Chiapas empezaba a difundir sus planteamientos acerca de los indios y la legitimación de la conquista, en España la Escuela de Salamanca -con Francisco de Vitoria a la cabeza- discutía sobre la guerra justa, los derechos naturales y las relaciones internacionales. Bartolomé de las Casas no era ajeno a estos debates y en sus escritos entró de lleno en la polémica. Aunque no se le considera un miembro de dicha Escuela, participó activamente en la construcción del pensamiento español del siglo XVI, protagonizando episodios tan conocidos como su enfrentamiento con Juan Ginés de Sepúlveda en la Junta de Valladolid (1550-1551).

Detrás de la obra de Bartolomé de las Casas aparecen las grandes preguntas sobre la dignidad y la libertad que ha venido arrastrando la humanidad desde hace milenios. Entre los numerosos escritos que dejó el fraile dominico hay algunos que tienen un gran calado intelectual. Bernat Hernández recupera estas obras, eclipsadas por la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, y pone de relieve cómo Las Casas “se enfrentó con el problema trascendental de la relación de los seres humanos entre sí, en espacios y tiempos insólitos, sometidos a una constante transformación”. Además no lo hizo sólo desde el plano teórico, sino que promovió medidas prácticas que buscaban restituir el daño producido por los conquistadores. Estas propuestas, más radicales cuanto más anciano se hacía, tuvieron un impacto limitado pero no desdeñable y debemos a la presión ejercida por el dominico la promulgación de leyes que pusieron coto a la impunidad de los encomenderos.

La obra de Bernart Hernández, que sigue un esquema cronológico, comienza con un primer capítulo dedicado a contextualizar el descubrimiento del continente americano. Las expediciones de Cristóbal Colón, Hernán Cortés, Francisco de Pizarro y otros ocupan las páginas iniciales del libro, en las que ya se observan algunas de las cuestiones que más adelante serán desarrolladas, por ejemplo, las luchas intestinas surgidas una vez perdido el ímpetu de la expansión española, el rápido deterioro de la imagen del conquistador o la llegada de misioneros que empezaron a criticar el trato dado a los indios y a defender una conquista más espiritual que militar.

A este mundo llegará Bartolomé de las Casas el 15 de abril de 1502, tras haberse criado en su Sevilla natal. En el capítulo “Un indiano de fortuna. Arbitrismo y evangelización (1502-1520)” se abordan las primeras experiencias del fraile dominico en América, donde conoció de primera mano (y participó) en varias expediciones contra los indios, recibiendo por ello encomiendas. Tras regresar a España tomó los hábitos aunque pronto retornará al Nuevo Mundo. Una de las constantes de la biografía del padre Las Casas fue su extraordinaria movilidad: su vida estuvo marcada por continuas idas y vueltas entre ambos continentes. Destaca durante este período el impacto que causó el sermón pronunciado por el fraile Antonio de Montesinos en 1511 en defensa de los indios y que supondrá, en cierto modo, el inicio de una nueva forma de entender la colonización americana y la evangelización de los indígenas. También analiza Bernat Hernández “[…] sus actividades en la corte y sus primeros proyectos de colonización, hasta el fracaso de la misiones de Cumaná en 1520”.

EVANGELIZACION INDIOSEl tercer capítulo (“De fraile dominico a obispo rigorista de Chiapas (1521-1547)”) abarca los años más activos de Bartolomé de las Casas, tanto en su labor evangelizadora en América como en su incasable faceta de “lobysta” en la Corte española. Gracias a su tenaz voluntad logró que se promulgasen las conocidas como Leyes Nuevas de 1542 que limitaban la autonomía de los conquistadores y prohibían la esclavitud de los indios. A pesar de los denodados esfuerzos del padre dominico, sus proyectos rara vez lograban resultados prácticos visibles y duraderos pues las misiones sufrieron varios reveses y la aplicación de la legislación indiana estuvo plagada de dificultades y obstáculos.

Tras abandonar su obispado y regresar a la Península en 1547 se abre una nueva etapa en la vida de Bartolomé de las Casas (recogida en el capítulo “Bartolomé de Casas, polemista (1547-1552)”). Su pensamiento madura y crece intelectualmente a pasos agigantados, mientras que el número de sus escritos –que había comenzado a publicar en el período anterior– se incrementa notablemente. En estos años su reputación en la Corte se ve afectada y muchos de los avances alcanzados en los años previos se detienen o retroceden (como sucede con la revisión de las Leyes Nuevas). A pesar de los reveses, participó en la Junta de Valladolid como uno de los principales adalides de la causa de los indios y en ella expuso su concepción de la guerra justa y de la colonización. La fama, intelectual y personal, del fraile dominico llegó a su cénit a mitad de siglo XVI, convertido en uno de los grandes pensadores españoles de la centuria.

Los últimos años de la vida de Bartolomé de las Casas son descritos en el capítulo “Un nuevo Elías y el fin de los tiempos (1553-1566)”. La “radicalización” del fraile dominico aumentó a medida que su muerte se aproximaba y sus postulados estuvieron dirigidos a una completa restitución de los bienes sustraídos a los indios. En estos años terminó dos de sus obras más conocidas, “Historia de las Indias” y “Apologética historia sumaria”. También se observa un marcado tono providencialista en sus últimos escritos (algo habitual en la literatura de la época). Morirá el 18 de julio de 1566 en el convento de Nuestra Señora de Atocha.

BREVISIMA DESTRUCCION INDIAS DE LAS CASASLa controversia en torno a la figura de Bartolomé de las Casas nació incluso antes de que éste falleciese. El último capítulo de la obra analiza cómo se creó la imagen que hoy tenemos del fraile dominico y lo hace a partir de las semblanzas que sus contemporáneos y quienes escribieron sobre él nos han legado. Se estudian especialmente los juicios hechos por sus hermanos dominicos y por los franciscanos (muy críticos con el pensamiento de Las Casas, aunque no todos tuvieron una opinión negativa) hasta aproximadamente principios del siglo XIX. Muchas de las invectivas vertidas durante estos siglos contra el obispo de Chiapas han llegado hasta nosotros y han modelado la polémica sobre el papel que jugó en la creación de la Leyenda Negra española.

La biografía de Bartolomé de las Casas elaborada por Bernat Hernández es una buena muestra de cómo han de construirse los relatos biográficos. Trabajada, minuciosa y, en todo momento, interesante. La obra merece ser leída con calma para no perder ninguno de los matices que envuelven a uno de los personajes más vilipendiados de nuestra historia y para conocer de primera mano un mundo en constante cambio. La conquista de América, la mayor hazaña de la historia española, está llena de claroscuros y no encontraremos aquí la respuesta a lo sucedido en el Nuevo Mundo pero sí hallaremos los entresijos que la rodearon, la lucha intelectual que se fraguó en torno a ella y la defensa por la dignidad acaudillada por Bartolomé de las Casas.

Bernat Hernández es profesor titular de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del CEAC (Centro de Estudios de la América Colonial). Como investigador en los equipos de “Estudio d’Història Cultural” y “Transición y Edición de Textos del Siglo de Oro” se ha interesado por temáticas de los siglos XVI-XVII. Es autor, entre otras obras, de Fiscalidad de reinos y deudas públicas en la Monarquía hispánica del siglo XVI (2002), Fiscalismo y finanzas en la Cataluña moderna (2003) y Cristóbal Colón, Bartolomé de las Casas. Vidas cruzadas (2007).

*Publicado por la editorial Taurus, marzo 2015.