EDICIONES SUBSUELO - ASISTENCIA OBLIGADA
Asistencia obligada
B. Yampolski e I. Konstanínovski

No sabríamos en qué categoría bibliográfica clasificar exactamente el libro Asistencia Obligada*, de Boris Yampolski e Ilya Konstantinovski, cuya primera edición española lleva por subtítulo “Un testimonio de las reuniones de la Unión de Escritores de la URSS” y que va acompañado de unas (breves) páginas en las que se describe el “Ultimo encuentro con Vasili Grosman” de Yampolski.

La obra es literatura, sin duda, y buena literatura, a lo que ayuda la muy cuidada traducción española a cargo de Enrique Fernández Vernet (afirmación de la que estamos seguros aun no sabiendo ruso para contrastarla). Pero también es historia, historia reciente, que nos ayuda a conocer –y a comprender- cómo era la vida “real” en la Unión Soviética durante la época implacablemente descrita por Yampolski.

En el esclarecedor prólogo del libro, a cargo también de Fernández Vernet (quien en 2011 recibió el premio “Literatura Rusa en España” por su traducción de Un día en la vida de Iván Denísovich de Solzhenitsyn), se narra la historia, vital y literaria, de Yampolski así como las vicisitudes del texto ahora publicado, que su autor mantuvo oculto por obvias razones y entregó antes de morir a Ilya Konstantinovski, viejo amigo y también escritor cuyas notas acompañan, explican y complementan la narración de Yampolski.

El prólogo contiene, como de paso, una afirmación que estremece pero que, tras la lectura del libro, inevitablemente se afianza: “[…] el Gulag no sólo estaba en los campos penitenciarios, sino que habitaba en el alma de las personas“. Muchas páginas después, y ya entre las notas de Konstantinovski, hay una brevísima semblanza de los padres de otro escritor (Arkadi Bélinkov, nacido en 1921) igualmente reveladora: “Sus padres, intelectuales judíos, habían recibido la Revolución con júbilo, sin por ello perder el sentido común ni cerrar los ojos ante la realidad: no necesitaron treinta años, como Louis Aragon, para llamar a las cosas por su nombre“.

MUERTE COMISIARIO retocadoLa obra de Yampolski y las notas de Konstantinovski sobre el libro cuya edición póstuma se le confió “llaman a las cosas por su nombre”. Yampolski toma pie de una de las reuniones –de asistencia obligada“- convocadas por la Unión de Escritores de la URSS, sobre muchos de cuyos asistentes hace unas descripciones aceradas y unos análisis tan profundos como inmisericordes. Se proponía de este modo, en palabras de su amigo Ilya, “describir algo que nunca antes nadie había descrito, mostrar qué ocurre cuando la creación deja de ser producto de la inspiración, de un carácter creador, y debe supeditarse a –lo que ahora se ha dado en llamar- un sistema administrativo unificado, al igual que ocurre con la economía y todo lo demás“.

Ese fenómeno “nunca antes descrito” era paralelo a la fuerza y a la intensidad –literalmente totalitarias, en la acepción más neutra del calificativo- del sistema político que lo propiciaba y para el que todas las actividades humanas, también las culturales y artísticas, no podían tener sino un sentido, el que sus dirigentes marcaban de modo inexorable. Yampolski y Konstantinovski sabían que “el escritor obsequiado por el poder o, al contrario, perseguido o hasta exterminado por el Estado“, no era una novedad en la historia. Lo que acababan de descubrir, sin embargo, y reflejan en este libro, iba más allá: “pero un poder que se arroga la función de organizar todo el proceso literario y penetrar en él, un poder que modela o, como dicen hoy, que programa la literatura, eso nunca había existido“.

El resultado era irrespirable, El grupo, ya que no “clase”, de escritores mimado por la nomenklatura soviética y a cuyos privilegios se referirán los dos autores (que también formaron parte de él y gozaron de éstos, como narra Konstantinovski en sus anotaciones tomadas desde una de las casas de recreo exclusivas para ellos en la costa báltica) aparece como un conjunto de seres que han perdido su alma, o más bien que la han vendido al poder. Pérdida o enajenación onerosa que, para Yampolski, degeneraba en el “empobrecimiento psíquico y moral entre la gente de letras […] el sofocamiento en ellos de toda inquietud […]“.

Las relaciones entre los escritores soviéticos y el “poder” (“qué misterio el ser humano y el poder, qué poderosa e irrefutable fuerza, capaz de quebrar, destazar, corromper y partir en dos hasta el carácter más fuerte y orgulloso“) son, en efecto, el núcleo central del libro. Pero Yampolski no se detiene ahí, ni trata describir un ensayo o un tratado sobre aquellas relaciones, antes al contrario va más allá: como dirá Konstantinovski a propósito de las “escuetas y gráficas líneas” de su amigo, en ellas “hay más verdad sobre los usos, la ética y el ambiente de aquel mundo que en decenas de gruesas novelas y volúmenes de investigación científica sobre el tema“.

VALERI GROSSMANPrecisamente por esa característica de su obra, decíamos que este es también un libro de Historia. Yampolski era “esencialmente ajeno al pensamiento político, no le atraen la sociología ni la economía de esta sociedad“, nos dice de él Konstantinovski. Lo que describe en pocas pinceladas, pero afiladas como estiletes, es el ambiente opresivo de aquellos largos años en la Unión Soviética, presididos por la sensación de miedo que “ya no es individual, ahora es común, colectiva, como si todos hubieran quedado ceñidos, apresados en una telaraña y en ella todos se sofocaran, todos se batieran […] y acabaran inmovilizados“.

La segunda parte del libro (“Último encuentro con Vasili Grossman“) es un breve relato de la visita que Yampolski hizo al autor de Vida y destino poco antes de morir éste en 1964. Recoge la conversación con Grossman (cuya obra después sería considerada como una de las más relevantes del siglo XX), quien estaba por entonces casi recluido en su apartamento, después de haber sufrido los inconvenientes añadidos al rechazo y confiscación de su famosa novela, de la que el mariscal Suslov había dicho que no se podría publicar “como muy pronto hasta doscientos o trescientos años”.

Boris Yampolski (1912-1972) fue un destacado escritor soviético, miembro del PCUS, en su día corresponsal de guerra para Estrella Roja e Izvestia. Su inicial producción literaria, de temas bélicos, derivó después hasta enfrentarse con las autoridades soviéticas, lo que tuvo como resultado que sus mejores trabajos no pudieran ser publicados en Rusia. Entre ellos destaca “Arbat, calle restringida“, también publicada como “Una calle de Moscú“.

Ilya Konstantinovski (1913-1995) nacido en una aldea de Besarabia, actualmente en Ucrania, fue escritor, dramaturgo y traductor. Perteneció a la Unión de Escritores Rusos desde 1955.

*Publicado por Ediciones del Subsuelo, 2013.