GRANDE - HRM - AGUILAS EN GERMANIA
Águilas en Germania. Las campañas de Varo y Germánico en el Rhin
Alberto Raúl Esteban Ribas

La victoria de Octavio frente a las tropas de Antonio y Cleopatra en la batalla naval de Actium y su definitiva consolidación en la púrpura imperial romana constituyeron el fin de una etapa marcada por las constantes guerras civiles que habían azotado los últimos vestigios de la República. Con Augusto la estabilidad llegó a la península italiana y el enemigo dejó de estar en Roma para trasladarse allende las fronteras. No hay que olvidar que durante estos años, y a pesar de las luchas fratricidas, Roma había ampliado enormemente sus territorios hasta hacerse con el control de Europa Occidental y las regiones bañadas por las aguas del Mediterráneo. Los ejércitos romanos habían adquirido una fuerza y experiencia difícilmente igualables por sus posibles adversarios y la organización y estructura administrativa se habían desarrollado lo suficiente como para sostener un sólido y extenso Imperio.

Con la llegada de la paz interior se puso el punto de mira en las regiones limítrofes del Imperio. De entre todas ellas destaca Germania; no tanto por el impacto que tuvo en los primeros siglos del Imperio, sino por el efecto devastador que las incursiones bárbaras causaron en las postrimerías de aquél. Las tribus o pueblos germanos se pueden considerar, junto con los partos, como la principal amenaza romana durante esta época y gran parte de las legiones estuvieron destinadas a controlar esta región y a asegurar la frontera. Prueba del peligro y de la fuerza de estos pueblos la encontramos en la propia delimitación fronteriza: el Imperio nunca fue capaz de controlar sostenidamente ninguna posesión o plaza fuerte más allá del Rhin. Desde el primer siglo de nuestra era hasta la desmembración y desarticulación del Imperio, todos los intentos del ejército romano por ocupar estas tierras fueron infructuosos.

La obra de Alberto Raúl Esteban Ribas, Águilas en Germania. Las campañas de Varo y Germánico en el Rhin*, aborda los primeros intentos de las legiones romanas por adentrarse en las tierras germanas y describe cómo todas estas acometidas acabaron en fracaso (alguno más sonado que otro). El libro, breve, conciso y de fácil lectura (siguiendo la línea de HRM Ediciones), no sólo nos detalla las campañas militares dirigidas por Varo, Druso, Tiberio o Germánico, sino que también nos explica las características de la región y de sus moradores, así como los principales rasgos del ejército romano.

ESTATUA TIBERIOLa Germania de la Antigüedad no estaba reducida a lo que hoy consideramos Alemania, antes bien abarcaba una extensión mucho mayor de territorios y se componía de una heterogeneidad de pueblos que no siempre convivían en armonía. Como explica Alberto Raúl Esteban, “Los romanos dieron el nombre de germanos al conjunto de tribus que vivían a ambas orillas del Rhin y cuyo país se extendía hacia el este, a regiones inexploradas por ellos ni por los griegos; en algún lugar lejano, los germanos se confundían con las tribus de las estepas; Germania abarcaba, pues, desde la conocida Galia hasta la ignota Sarmantia”. El segundo capítulo del libro está dedicado precisamente a describir los rasgos de las tribus germanas más importantes (Angrivarii, Batavi, Chatti, Chauci, Cherusci y Marsi).

El autor analiza, por un lado, el reclutamiento, el entrenamiento, el armamento y las principales tácticas del ejército romano durante el Principado; y, por otro lado, las características del ejército bárbaro. Resulta evidente la aplastante superioridad (al menos en el plano teórico) de las tropas romanas. Curtidas y disciplinadas, representaban la mayor fuerza de ataque del mundo Antiguo. A campo abierto poco podían hacer los desorganizados ejércitos germanos, quienes conscientes de sus debilidades supieron sacar ventaja de sus virtudes y lograron, en ocasiones con rotundo éxito, vencer a un adversario mucho más poderoso.

Los últimos capítulos del libro están dedicados a narrar el desarrollo de las campañas militares. En concreto se analizan las dirigidas por Druso, Tiberio, Varo y Germánico, prestando mayor atención a estos dos últimos personajes. Su importancia en la política expansiva romana vuelve a estar presente porque, como señala Alberto Raúl Esteban, “[…] en el período 34 a.C. y 16 d.C. no menos de diecisiete campañas fueron llevadas a cabo por los romanos, a las órdenes de miembros de la familia imperial o de sus allegados. Y es que el frente germano era un objetivo de primer orden; controlar el Rhin era una necesidad para garantizar la estabilidad interna en la Galia, porque las tribus germánicas de ambos lados del Rhin habían invadido repetidamente la Galia, bien por motivos de saqueo o bien para ayudar a las tribus galas frente a la expansión”.

Augusto designó a Druso como comandante en jefe de las fuerzas de maniobra en el año 13 a.C. A lo largo de las cinco campañas que llevó a cabo consiguió imponer, al menos en apariencia, la autoridad de Roma a orillas del Rhin. El autor, no obstante, matiza los logros de Druso y, a pesar de las referencias laudatorias de los autores clásicos, niega que el general romano lograse éxitos concluyentes, es más, explica cómo en varias ocasiones puso en grave peligro a sus hombres. La muerte de Druso, tras gangrenársele una herida a raíz de una caída de caballo, obligó a Augusto a nombrar a Tiberio como sustituto. El futuro emperador modificó la estrategia que había adoptado su predecesor, basada en expediciones de invasión, y buscó un acercamiento con las tribus germanas. Se intentó negociar con ellos, utilizando como instrumento intimidatorio el poderío de las legiones romanas. Salvo pequeños conatos de rebelión, el plan seguido por Tiberio funcionó bien y durante un breve período de tiempo se consiguió pacificar Germania.

ARMINIO - BATALLA TEOTEBURGOEl desastre de la batalla del bosque de Teotoburgo determinó la futura relación entre Germania y Roma. Si hasta entonces los romanos habían mantenido la esperanza de sojuzgar a las tribus germanas, esta derrota, junto a las fallidas campañas de Germánico, hicieron comprender a Roma que aquella era una vana esperanza. Alberto Raúl Esteban analiza la figura de Varo, hace un pequeño recorrido biográfico, y a continuación relata la trágica expedición con todo detalle: los motivos que llevaron a los romanos a adentrarse en estos territorios desconocidos para ellos, las tácticas seguidas por los germanos para tender la emboscada a sus adversarios, la figura del líder rebelde bárbaro Arminio, el desarrollo de la batalla y sus resultados.

La victoria germana no fue definitiva gracias a la enconada defensa que el comandante romano, Asprenas, lideró en la fortaleza de Aliso, lo que permitió detener y desbaratar la ofensiva bárbara. Una vez superada la amenaza germana, Tiberio volvió a “reequilibrar la frontera”.

En el año 13 d.C. la figura en auge en Roma era Germánico a quien se encomendó la dirección de las legiones en el norte de Europa. El penúltimo capítulo de la obra aborda las campañas que este distinguido personaje llevó a cabo entre los años 13 a 16 d.C. Aunque sólo se analicen tres años, este capítulo es el más extenso y detallado. Junto con las cuestiones militares en él son tratadas otras con las que tuvo que lidiar Germánico: el amotinamiento de las tropas y la desconfianza de Tiberio frente a la creciente popularidad de su sobrino. De las campañas que condujo sobresale la del año 16, en la que, tras desembarcar cerca del río Ems, venció contundentemente a las tribus germanas en las proximidades del río Weser.

Finalizamos con una de las conclusiones que vierte Alberto Raúl Esteban: “Aquella campaña del año 16 d.C. había reportado la subyugación nominal de todas las tribus del oeste del río Elba, alcanzado los límites de la penetración más avanzada que había logrado su padre [Druso] en el año 9 a.C.; había aplastado a queruscos, catos y marsios y logrado la sumisión de los angrivarios. Pero las victorias campales de los romanos y su control nominal de los germanos no ocultaban que no era una conquista territorial permanente: Germánico no había erigido ninguna base permanente en aquellas tierras, tan solo había reforzado los puestos avanzados en el Lippe”.

Alberto Raúl Esteban Ribas es economista e historiador. Ha publicado artículos de historia militar para varias revistas españolas e internacionales y ha escrito diversos libros sobre la corona de Aragón y los tercios de Flandes.

*Publicado por HRM Ediciones, septiembre de 2014.